6.- Hiéreme

31 07 2009

Siguiendo con la histoire publicada aqui en Le Blogué, llega ya nuestro sexto capítulo del fan-fic 24 Horas. La manía de Harry Potter sigue latente en las salas de cine, y simplemente podrá seguir latente un mes más cuando mucho. Os dejo disfrutando este capítulo y alejen sus manos de las braguetas.

Granger

Hermione le respondió con una fulminante mirada, que expresaba un profundo deseo de matarlo en ese instante… sentía rencor, odio, asco por ese chico, que estaba enfrente de ella, con sus manos en su cintura y con una cara triunfante.

                Draco muy lejos de sentir asco, estaba complacido, sabía que esa chica no demoraría en estar en sus brazos nuevamente, aunque a veces se recriminaba por sentir ese “algo” por alguien como Hermione. Deseaba que ella volviera a volar tomada por su mano, deseaba que fuera él quien le enseñara el verdadero significado de “amor”, aunque su padre decía que eso era cosa de débiles.

                -¡Eres un asqueroso! ¡Un maldito e insensible asqueroso!-gritó la chica corriendo para ponerse más cerca de él mientras sacaba la varita que llevaba en el bolsillo amplio de la túnica -¡Petrificus Totalus!

                -¡Impedimenta! -respondió Draco, que fue más rápido que ella, evitando con facilidad el hechizo -¿Quieres pelear, Granger? -preguntó Draco sarcástico.

                -¡¿Qué crees tú?! ¡Deseo acabar contigo! -gritó Hermione, poniéndose en posición de duelo.

                -Como quieras… ¡¡Expelliarmus!! -gritó Draco y muy rápidamente la varita de Hermione se encontraba en sus manos -debes moderar tu ímpetu, Granger.

                La chica no le dijo nada, en cambio se abalanzó sobre él con las manos hechas puños y con lágrimas de odio que salían de sus hinchados ojos. Se sentía estremecida, loca, por Draco Malfoy, el chico que la hizo volar muy lejos, muy alto, pero por el que ahora ella estaba pagando las consecuencias. Perder a Harry, a Harry Potter…

                Las varitas de ambos llegaron muy lejos, fuera del alcance de ambos. Hermione golpeaba el duro vientre de Draco, pero este no se afligía, para nada, al contrario, cada vez que Hermione lo golpeaba, soltaba una estruendosa carcajada.

                -Así no podrás conmigo Granger –dijo él evitando un golpe que se dirigía a su rostro.

                -¡No sabes cómo te odio Draco Malfoy! ¡Te odio!

                Draco, con un ágil movimiento, la cambió de posición, siendo él quien estaba sobre ella. La chica gritó despavorida. Sentir el cuerpo de Draco pegado al suyo, (aunque fuera con ropa), no era para menos. Su pelvis le apretaba y a la vez emitía un éxtasis delicioso… pero peligroso de probar.

                Draco la miraba con unos ojos grises extrañamente desquiciados, libidinosos y llenos de pasión, que hacía que de alguna forma, lograba, que se vieran más oscuros, sin perder el tono gris cautivador.

                La despojó rápidamente de sus ropas, sacando la capa, el chaleco y la blusa, quedando enfrente de él, el desnudo pecho de Hermione, acompañado solo con una pequeña prenda interior. Hermione sintió que una gota de sudor caía por su escote desnudo, y como su corazón adquiría un veloz palpitar, su mente estaba nublada, paralizada ante el miedo y la ira. Observó con detenimiento los movimientos bruscos de Draco. Él también se despojó de su capa y camisa, mostrando un cuerpo sudado y totalmente conocido para ella. Se acercó lentamente, sus fríos labios hacia los tibios de la chica, rozándolos en un suave contacto. Posó su nariz sobre la de Hermione y a paso seguido cerró los ojos.

                -¿Qué intentas hacer? -preguntó Hermione en un tenue susurro, casi inaudible.

                -Un beso, sólo un beso, ese fue mi objetivo desde un principio. -respondió Draco, y la besó.

                Fue un beso lleno de luz y cautivación. Rápidamente se sintieron sumergidos en un mar furioso, en plena tormenta. Hermione respiraba agitada, al igual que draco. Sentir la pelvis del chico apretándola, la hacía volar en un éxtasis, de manera  deliciosa, maliciosa y duradera.

                Draco sumergió una de sus manos en el pelo de la chica, mientras que con la otra se deslizaba por el suave y delicado muslo de Hermione, levantándole la faldita. Ella jugaba con su cinturón, sin atreverse a desabrochar nada, el temor le había invadido las manos, pero no así sus labios. Su mente la había abandonado al igual que en aquellas veinticuatro horas donde probablemente no habría hecho otra cosa más que estorbar.

                Draco Malfoy, ese chico petulante y agresivo, con cara de asco la mayoría de las veces, ahora disfrutaba aquella sensación, con una leve sonrisa en su rostro. Sus mejillas ya no eran pálidas, sino ruborizadas ante el cambio de temperatura que había sufrido. La tomó firmemente por las caderas, adhiriéndola a su cuerpo sudado aún más.

                Hermione lanzó un bufido y él también. Sus almas jugueteaban, sonreían junto a ellos, tal vez era amor, o tal vez no.

                Draco se separó de ese beso pecaminoso, lleno de infortunios y malos presagios. Había estado a punto de sobrepasar su objetivo. Ella continuó con los ojos cerrados, dejando que lagrimas fueran nuevamente derramadas.

                -¿Qué quieres hacer conmigo? ¡Qué diablos quieres de mí! -preguntó Hermione con una voz entrecortada con suspiros de por medio.

                -Lo mismo que quieres tú de mí: jugar Granger, jugar -respondió Draco, de la misma forma.

                De improviso, Hermione sintió como algo filudo, frío, se situaba sobre su mejilla. Lentamente miró hacia un lado y se encontró con una navaja brillante, plateada y con una serpiente entrelazada en el mango. Lanzó un grito de espasmo.

                -¿¡Vas a matarme, vas a matarme!?

                -¡Silencio! –pidió Draco, logrando que Hermione se callara de inmediato.

                Deslizó suavemente la navaja por la mejilla de Hermione hasta llegar a sus labios, donde apretó con un poco más de fuerza.

                -¿Vas a matarme? -preguntó ella de nuevo, buscando la pérdida mirada gris de Draco.

                -No… eso no -respondió él, en tono monótono.

                Hermione se estremeció. De pronto Draco le propició un pequeño corte en el labio inferior. Sin entender, en cuanto la fría hoja atravesó sus labios, Hermione sintió como una extraña sensación que le producía cierta electricidad, una exquisita emoción que la envolvió por completo, sintió como si volara, volara sin destino y sin prisa alguna, regalándole libertad y locura. Abrió los ojos y Draco le miraba pensativo, serio y con una mueca serena. Hermione percibió como la sangre se salía de la herida. No comprendía nada… nada. Quiso secarse la sangre pasando su lengua, pero Draco la interrumpió.

                -¡¡No!! Eso lo hago yo -acercó nuevamente sus labios y con un pequeño roce, sacó la sangre -sabrosa… para ser sucia.

                Hermione, desconcertada, se tocó la herida, para controlar la sangre que seguramente seguiría, pero no se encontró nada, solo la suavidad habitual. Se quedó con el dedo en su labio, mirando como Draco se paraba de encima de ella y comenzaba a acomodar su camisa. Ella se puso de pie, acomodando su blusa,  dispuesta a comenzar con el castigo de Snape con movimientos torpes y lentos.

                -¿Aún me odias? -preguntó Draco poniendo una mano sobre el hombro de Hermione.

                Ella no respondió. No se sentía completamente segura ni para decir: “No sé”. Algo le apretó la garganta, impidiéndole hablar.

                -Te pido que te decidas pronto, no le seguiré mintiendo a tu noviecito -dijo murmuró él, dándole la espalda nuevamente y quitando la mano de su hombro.

                -¿Te ha preguntado algo? -formuló ella, con una voz trémula.

                -¿Qué crees tú? Cómo se nota que ese idiota ya te perdió la confianza… –contestó Draco.

                -Gracias por tu comentario tan alentador –respondió ella en tono irónico.

                -Bien. Creo que no hay nada más que decir, adiós -dijo Malfoy, dándose vuelta, rumbo a la puerta.

                -¡Espera! -gritó Hermione. Deseaba detenerlo, dejarlo junto a ella un instante más.

                -¿Qué?-preguntó él, en tono amargado.

                -Hay que terminar con el castigo -dijo Hermione lanzando un bufido mudo recriminándose a sí misma: <<¿Qué ibas a decir idiota?>>

                -Eh… lo olvidaba -respondió Draco, agarrando una esponja y comenzando a lavar en silencio caldero por caldero.

                Ninguno de los dos pronunció palabra alguna durante el castigo, aunque sus miradas se chocaron en algunos momentos. No había nada que decir. Les fue difícil apagar ese fuego, esa llama que había estado a punto de consumirlos nuevamente.

                Hermione se sentía turbada y repugnante. Lo había hecho de nuevo, infiel una vez más. ¡¡¡Pero quién la comprendería!!! Nadie entendería que cada vez que veía esos ojos grises, acompañados de un pelo rubio platinado, se sentía feliz, se sentía libre, deseada con pasión, dejando de lado la cordura y los principios… la moral.

                Su boca estaba seca. Había un jarro de agua en el escritorio de Snape. Hermione vació un poco de su contenido en uno de los vasos y bebió con desesperación, pero la sed no se iba. Bebió más, más, hasta que el jarro se quedó vacío. Draco sonrió gustoso, y la miró.

                -Ya se te pasará Granger –murmuró –eso espero –agregó, ya sin sonreír.

                -¿A qué te refieres? -preguntó Hermione, enjuagándose las manos en un caldero con agua. Ya habían terminado el castigo.

                -El efecto tendrá que durarte poco, poco.

                -¿Y si no es así qué?

                -No quieras saberlo todo tan pronto, Granger. Todo a su tiempo, todo a su tiempo  -Draco recogió sus cosas y abrió la puerta del aula para darle paso a Hermione, quien no entendía ninguno de sus misteriosos comentarios.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.

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5.- Nuevo Castigo

29 07 2009

Bueno Bloguérs, un  poco ocupado esta semana para postear, con la entrada a la Uni, la chica, ya saben haha. Pero una vez más les traigo el ya 5to capítulo, episodio, como quieran llamarlo, de “24 Horas”, fan-fic que simplemente parece drama de T.V. aunque está entretenido el leerlo. Fui el lunes a ver Harry Potter, por cierto, y admito que salí bastante satifecho, peor a la vez también muy decepcionado. El review vendrá en mi siguiente entrada. Ando ocupadón trabajando en otra cosa, por cierto, que espero poder ir sacando a la luz dentro de poco, y simplemente, los dejo disfrutando el post, que no sé si ya lo notaron, pero cada vez los capítulos son menos largos, jajaja.

Hermione and Ginny

-¿Tú crees que no? -respondió Draco a modo de pregunta, mientras se perdía por entre la oscuridad de la sala de trofeos.

                -Mierda -gruñó por lo bajo Hermione sentándose nuevamente en el suelo y con las lágrimas acompañando su rostro pálido – ¿Por qué a mí, por qué a mí?

 

-*-

 

                -No tengo nada que hablar contigo Potter  -respondió Draco mirándolo con asco -al menos por ahora.

                -¿A qué te refieres con “por ahora”? -preguntó Harry furioso, y un tanto desconcertado.

                -Todo a su tiempo Potter, todo a su tiempo -se apresuró a decir Malfoy dirigiéndose a las mazmorras –Ahora, ¡quítate de mi camino!

                -¡¡¡No estoy para tus juegos Malfoy!!! -gritó Harry antes de que se perdiera Malfoy de vista.

                -No lo parece Potter, te juro que no lo parece. -murmuró Draco a lo lejos, esbozando una sonrisa malévola.

                -Estúpido… –bramó Harry.

                -Harry… -llamó de repente una voz femenina.

                -¿Quién es? -preguntó Harry mirando a su alrededor.

                -Soy yo, Harry… yo… Ginny –dijo ella, saliendo de un pasillo.

                -Hola… ¿qué quieres? –preguntó Harry sorprendiéndose de la forma en que la pelirroja llevaba su túnica demasiado corta.

                -Tengo que hablar contigo… -pidió ella acercándose.

                -¿De qué?

                -Acompáñame… esto tienes que saberlo -dijo arrastrándolo de la mano.

                -¿De qué estás hablando?

                -¿De qué más? De tu novia, de Hermione.

 

-*-

 

                -Siéntense rápido y abran sus libros en la página 389 -comenzó a decir el profesor Snape mirando con odio al salón.

                Los chicos obedecieron con movimientos lánguidos. Hermione trató de ignorar la mirada

de Harry que era intrigante, como el de un detective que espera encontrar una pista. Ron en cambio, estaba concentrado en comer unos panecillos por debajo del pupitre.

                -Señorita Granger y señor Malfoy… vaya, vaya… por fin aparecen –comentó Snape fulminando con la mirada a los dos chicos -Supongo que me trajeron lo que les pedí ¿no?

                Hermione sintió que un balde de agua fría le tiraban por la espalda. No quiso mirar a su lado, pues se encontraría con unos ojos verdes amenazadores, y mejor buscó a Draco. Éste la miraba sorprendido, realmente inquieto e incómodo ante la mirada extraña de todo el salón.

                -Profesor… lo que pasa es… -intentó explicar pero Draco la interrumpió con una voz firme y segura.

                -… no encontramos nada debido a la lluvia señor -explicó poniéndose de pie.

                -¿De cuándo acá la lluvia es un impedimento para cumplir con sus obligaciones señor Malfoy? ¿Me está diciendo que en unas extensas veinticuatro horas, un día entero, no pudo con mi encargo? -Snape estaba furioso, y golpeó con ambas manos el pupitre de Draco quien ni pestañeó ante el feroz ruido.

                -Lo lamento señor -dijo Draco en un tono monótono.

                -¿Lo lamenta? ¿Eso es todo? -el profesor se mordió el labio tan fuerte, que logró que un hilo de sangre se resbalara por su comisura. Parecía explotar de la rabia y se sentía defraudado por su favorito.

                -Sí señor… eso es todo… -contestó Draco, con el entrecejo fruncido mirando directamente a los ojos, sin presentar temor alguno.

                -¿Algo que decir, señorita Granger? –preguntó Snape volcando su odio en la chica.

                Hermione quería correr en ese preciso instante. SU cuerpo temblaba, su mente quería derretirse y no pensar en lo que sucedería. Sus manos sudaban exagerada y deliberadamente. Volvió sus ojos miel hacia un lado. Ron la miraba perplejo, con el panecillo a medio camino, su mirada azul dejaba traslucir su preocupación, y quién sabe, tal vez… odio.

                Luego volteó hacia Harry. Éste la miraba desconcertado, sin comprender aún lo que estaba ocurriendo, lo que acababa de oir. Sus ojos verdes esmeraldas parecían llorar, hablar, rabiar… Harry movió los labios y por lo que pudo leer y deducir Hermione decían: ¿Por qué, qué pasa?

                De pronto su respiración se volvió agitada. Las lágrimas querían derramarse por sus mejillas grotescamente, pero no, no lloraría… por lo menos por ahora. Deseaba pararse y gritar todo lo que había acaecido en esas odiadas y malditas veinticuatro horas, para sacarse el remordimiento y la gran culpa que la invadían en ese momento. Todo esto pasaba por su cabeza en una fracción de segundo, y aunque ella no lo notara, no había pasado mucho tiempo.

                Se puso de pie, delante de la mirada gris impactada de Draco, abrió la boca, y estaba

dispuesta a decirlo todo, todo sin omitir ningún detalle, sin embargo, esto salió de sus labios:

                -La lluvia nos dificultó la vista y el paso y yo… yo me caí, me lastimé una rodilla. –se mordió el labio inferior, cerró los ojos unos breves segundos y volvió a sentarse.

                -Ya veo… ¿qué más pasó en todo ese tiempo señorita Granger? Por favor, le suplico que

sea creativa para mentir.

                -Me estuve recuperando de mi pierna, Madame Pomfrey puede confirmarlo. –respondió Hermione, mintiendo a la vez.

                -Sí, claro –dijo Snape, poniendo cara de incrédulo, mezclada con ironía -pero entonces como no ha cumplido mi castigo, deberá quedarse después de clase y obviamente el señor Malfoy tendrá que acompañarla… de nuevo –finalizó, rodeando a Hermione.

                Esto no podía estar realmente pasando… ¿no era suficiente castigo ya todo lo que estaba ocurriendo?

                Draco, lejos de sentirse enfadado, sonrío. Se notaba que había degustado totalmente de

la decisión, y no presentaría objeción alguna.

                -Maldito -murmuró Harry a su lado, por lo bajo.

                -Como veo que no dirá nada más… dejo para todos ustedes, lo que pasó… lo lamento

por usted señor Malfoy, y para qué decir de Potter. -dijo sentándose a revisar exámenes.

                La clase continuó en un ensordecedor silencio, y nadie se atrevió a mencionar ni

una sola palabra. Harry y Ron se cambiaron de puesto, dejándola sola con Parvati y Lavender, que le dirigían miradas envidiosas.

                -¡¡PUEDEN RETIRARSE TODOS!! ¡¡TODOS MENOS GRANGER Y MALFOY!! -vociferó el profesor cuando sonó la campana -¿Ya saben lo que tienen que hacer no? -finalmente se marchó de las mazmorras avanzando a zancadas.

                -Hablamos después, nos espera una larga conversación -dijo Harry a Hermione, antes de marcharse.

                -Harry… espera. -pidió ella con lágrimas que le impedían la vista.

                -Después Hermione, sólo te digo que no soy tu diversión. -respondió éste golpeando la puerta detrás de él y Ron.

                -Mierda -dijo Hermione votando unos calderos al suelo por producto de la ira que le invadía la mente.

                -Por fin solos Granger, por fin… solos. -dijo Draco Malfoy, acercándose peligrosamente hacia la chica, sonriendo con ironía. Sus ojos grises iluminaban su pálido rostro.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.

Y una imagen de regalo…Slughorn's dinner party





4.- ¿Serías Capaz?

26 07 2009

Bien Bloguérs, he aquí el cuarto episodio del dramático fan-fic que está posteando Le Blogué, sobre el famoso maguito Harry Potter. El drama simplemente crece y crece. Cabe mencionar que Harry Potter & The Half-Blood Prince ha tendio muy buenas críticas, y prácticamente acaparado las taquillas de todo el mundo. No imagino que sucederá cuando llegue la siguiente parte jaja. Los dejo como siempre con una imagen, y con el pequeño capítulo. DIsfrútenlo y no se pierdan!

Harry and Hermione

Hermione siguió sonriendo durante un largo momento, con los pensamientos perdidos, con la mente totalmente en blanco. Fue como si pararan el tiempo, para ella, solo para ella. Llegó a tirarse en la cama de espaldas, con los brazos abiertos y los ojos cerrados, sosteniendo con fuerza el papel que acababa de leer. Su respiración se volvió lenta, pero no así menos sonora, producía un sonido fuerte y pausado.

                -¿Qué te pasa querida Hermione? -preguntó una voz que hizo sobresaltar a la chica, permitiéndole soltar un grito despavorido –cálmate, soy yo niña, Ginevra Weasley.

                -¡Ah! ¡Estaba durmiendo! ¿Qué quieres? -preguntó arreglándose el pelo -no creo que quieras darme una visita cordial ¿verdad?

                -¿Durmiendo? Jajaja, sí cómo no, ¿qué tienes en la mano? ¿Lo puedo ver? –dijo Ginny  acercándose sigilosamente, de manera peligrosa hacia la cama, estirando la mano.

                -Es mío… y por lo tanto, no lo puedes ver. -respondió Hermione, mordaz, observando con detenimiento por primera vez a la chica colorina que llevaba unos jeans azules y una blusa rosa con un escote insinuador. Su cabello lo llevaba despeinado, no por eso menos bella, y con una mano sujetada a sus caderas.

                -Vamos, quiero verlo ¿es de tu amante? -dijo Ginny esbozando una sonrisa.

                -¡Estás totalmente desquiciada! ¡No tengo ningún amante!

                -¿Segura? -preguntó la pelirroja, arqueando las cejas aún con la mano estirada.

                -¡Por supuesto! El hecho de que me haya quedado con Malfoy veinticuatro horas, no significa que me haya acostado con él… ¡NO!, NO, olvida que dije eso, fue algo estúpido -dijo enseguida Hermione, recapacitando y sujetándose la cabeza a la vez que se mordía los labios.

                -¡WOW! Nadie ha mencionado eso, lo dijiste solita. ¡Revelaciones con Hermione Granger! ¿Te acostaste con Malfoy?

                -¡Cómo se te ocurre estúpida niña! –reclamó Hermione, dándole un empujón a la chica.

                -¡Vamos, cálmate! Espera a que se entere mi Harry, nadie me conoce cuando me enojo.

                -No seguiré perdiendo el tiempo contigo niña –zanjó Hermione, dándole un último empujón y dispuesta a marcharse.

                -¿Un Malfoy le pregunta a una sangre sucia si se resfrió? ¡Vaya, eso no se ve todos los días! –dijo Ginny de repente, mientras se reía con ganas.

                -¡Devuélvemelo ya! -gritó Hermione, dándose vuelta y apuntándola con la varita. Su mano parecía segura, pero temblaba. Los nervios querían apoderarse de ella y salir corriendo, pero tuvo que quedarse contra su pavor, contra su inseguridad, contra su voluntad.

                -OK, toma, pero no te salvarás de que mi Harry se entere -dijo Ginny, ofreciéndole el pedazo pergamino.

                -Haz lo que quieras Ginevra, no te tengo miedo. –Hermione, tomó el pergamino y se lo arrancó de los dedos con brutalidad.

                -Ya no soy la niña chica de antes Hermione.-vociferó Ginny, antes de que Hermione se perdiera de vista.

                -Ya me había dado cuenta, lástima que sea así.-finalizó Hermione, alejándose a la sala común.

 

-*-

 

                -Pero, ¿le crees todo lo que te dijo? -preguntó Ron, caminando con Harry por el campo de quidditch. Habían decidido ir a darse una vuelta después de la cena, para calmarse un poco.

                -Eso creo, eso creo -respondió Harry soltando un leve suspiro, mientras observaba con embelesamiento el paisaje que se podía ver desde la cancha de quidditch.

                -¿Cómo es eso de que crees? -preguntó Ron, mirándolo incrédulo, y arqueando las cejas.

                -Sí, creo… y no me mires así. -pidió Harry alejándose de su amigo que lo observaba con detenimiento.

                -¡Deberías asegurarte de que no te miente! -gritó Ron tratando de acercarse a su amigo, entre las gradas, sin mostrar interés en su conversación con él.

                -¿Y a quién quieres que le pregunte? -respondió Harry sin ánimos.

                -A quién más… ¡a Malfoy! -dijo Ron, alcanzándolo y poniéndose enfrente de Harry, obligándolo a detenerse.

                -¡Estás loco Ron!

                -¿Por qué lo dices? –preguntó éste, cruzando los brazos, esforzándose en no perder el equilibrio.

                -¿Cómo que por qué? ¡A ese idiota no se le debe creer ni lo que reza!

                -Bueno, pero nada se pierde con intentar -opinó Ron arqueando las cejas de nuevo.

                -No me convences -dijo mirando al suelo Harry, que sentía que su corazón palpitaba con mayor fuerza y gotas de sudor se resbalaban por su espalda.

                -¿A qué le temes Harry? ¿A lo que te pueda decir ese idiota? ¿A que Hermione te haya mentido?

                -¡POR SUPUESTO QUE NO! ¡CONFIÓ CIEGAMENTE EN HERMIONE! –se apresuró a decir Harry, con voz potente, y empezando a caminar de nuevo.

                -¡Entonces ve a hablar con Malfoy! ¡NO PIERDES NADA! Así podrías confirmar que Hermione te dice la verdad.

                -¡Está bien Ron lo hare! Pero solo para que te convenzas de que Hermione es sincera conmigo –terminó Harry, tomando el camino de vuelta al castillo.

                -El que debe convencerse eres tu Harry -murmuró Ron entre dientes, siguiendo a su amigo en silencio por detrás.

 

-*-

 

Hermione corría, corría veloz sin tener un lugar preciso en donde llegar. No se había dado cuenta, pero mientras corría las lágrimas habían aparecido por su rostro y respiraba agitada. Hasta que su corazón no pudo más, paró de correr, sentándose en el suelo, y amarrándose las rodillas con los brazos. La humedad de su llanto había empapado su pelo, su ropa… sentía un profundo dolor, rabia consigo misma, por estar haciendo sufrir al chico que ella amaba, por el que había luchado tanto y que seguía amando con verdadera pasión.

                -¡¿Qué diablos te estoy haciendo Harry?!  ¡Se supone que no se debe hacer sufrir al que se ama! Ah… qué diablos te estoy haciendo… qué diablos me estoy haciendo a mí misma. ¡Por qué! ¡Malditas veinticuatro horas! -Hermione dijo todo esto en voz alta, entre llantos desesperados, que retumbaban en la sala de trofeos, a la que había llegado sin darse cuenta -¡Maldito Draco Malfoy! Tú tienes la culpa, ¡te odio! Y me odio a mí también…

                -¿Por qué me odias Granger? ¿Me puedes decir que te hecho yo que no me hayas hecho tu también a mí? –la voz de Malfoy llegó de la entrada de la habitación. Hermione alzó la mirada, incapaz de controlar la rabia que sentía por ese muchacho rubio y por todo lo que estaba causando.

                -¡COMO PUEDES DECIR ESO IDIOTA! -gritó Hermione poniéndose de pie. No sabía que hacía Malfoy en esa sala, pero no le importaba. Sabía que de seguro él la había estado siguiendo.

                -¡Te recuerdo que esto lo hicimos juntos! ¡Con tu consentimiento y con el mío! -afirmó Draco acercándose sigiloso hacia la chica que empezó a temblar en cuanto él llegó a donde estaba ella.

                -¡NOOOO! Yo solo… lo hice, yo solo quería molestarte -explicó ella, llena de rabia tirándose de los cabellos.

                -¿Ah? -preguntó Draco obligándola a levantar la vista con la mano en forma brusca -¿Qué quieres decir con que “lo hice solo para molestarte”?

                -¡No pensé que esto llegara tan lejos!

                -¡Eres asquerosa Granger! ¿Eres capaz de entregarte a cualquiera solo para molestar?

Qué mal vas a terminar, bueno, que más se puede pedir de una sangre sucia…

                -¡Puedes dejar de insultarme maldito asqueroso! Déjame de una vez en paz -esta vez  Hermione gritó tan fuerte que sus brazos se volvieron lánguidos y pesados, por lo que cayeron de improviso en los de Draco, mientras ella continuaba llorando. Draco pudo sentir en su camisa las lágrimas de aquella chica, que lo conmovieron de una forma especial, casi loca. Su corazón no le permitió soltarla, al contrario, lo obligo a acobijarla.

                Mientras oía sus sollozos, su respiración se volvió tan agitada como la de ella, respiraban al mismo ritmo y esta vez no pudo responder con ironías, solo salieron de sus labios rosados y húmedos, palabras en un tono suave, que abundaba en exageración, por lo menos para él.

                -Si quieres que no te insulte, inténtalo tú también. Haz el esfuerzo -dijo en un leve susurro que se cobijó en los oídos de la chica.

                -Es algo difícil… imposible -contestó ella de la misma forma, pero besándole la oreja, al mismo tiempo en que ambos temblaban por la electricidad que les propinó aquella caricia.

                -Si sigues con esas lágrimas, de verdad te vas a resfriar -Draco la sujetó en sus brazos tiernamente y le acarició esos cabellos que algún día atrás había querido arrancar uno por uno.

Sentía el sufrimiento de ella, lo sentía parte de él… al fin y al cabo, él también contribuyó a que esa pesadilla que lo había perturbado durante tanto tiempo, se volvieran un sueño en aquellas malditas y amadas veinticuatro horas.

                -¿Aún lo amas? -preguntó de repente, incluso sorprendiéndose y besándole la cabeza, con una delicadeza totalmente extraña en sí mismo.

                -Eh… a estas alturas… ya no sé nada… -respondió Hermione, revolviéndole el cabello.

                -Entonces, ya no lo amas –afirmó Draco.

                -Ya te dije que no sé Draco… no sé… qué pensar.

                -Tarde o temprano deberás decir la verdad -dijo Draco separándose de ella, y mirándola algo severo. De alguna forma, deseaba escuchar que ella lo dejaría, pero no sabía si sería capaz de atenerse a las consecuencias.

                -Lo sé… lo sé.

                -No tengas miedo Granger, demuestra que eres una Gryffindor.

                -¡NO TENGO MIEDO, NO TENO MIEDO! -replicó Hermione golpeándole con los puños cerrados el pecho.

                -¡Entonces di la verdad! -le pidió Draco, esta vez sujetándole con fuerza los hombros, pegando su cuerpo al suyo.

                Hermione lo miró profundamente. Se sorprendió, pues Draco la miraba conmovido, el pelo desarmado, por sus propias manos. Su capa negra se veía hermosa, y la insignia de Slytherin brillaba exageradamente. Los ojos grises de Draco, estaban más claros que de costumbre, como si hubiera querido llorar pero de igual forma se veía petulante y agresivo… Hermione dudaba si algún día esa expresión cambiaría.

                -No, no se lo diré -dijo finalmente la chica esquivando su penetrante mirada. – Lo amo Draco. Lo pienso, y de verdad… lo amo.

                -Como quieras… entonces se lo diré yo… -se apresuró a decir Malfoy, soltándola de repente, y dándole la espalda.

                -¿Serías capaz? -preguntó Hermione, en un susurro, acercándose a Draco con el alma perdida y temblando. Se sentía nerviosa y adivinaba que de un momento a otro se podría desmayar. Finalmente llegó hasta la silueta oscura que se dejaba ver en la sala de trofeos y le tocó la espalda con una mano, temiendo por la respuesta que se acercaba. Draco sin embargo, se demoró en contestar.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.





3.- ¿Te Resfriaste?

21 07 2009

Bueno Bloguérs, Ryder ha regresado de su tal vez merecido descanso, la verdad ni idea… pero este pequeño viaje a la Villa Rica me ha dado bastantes temas de los qué escribir, aprovechando que uno sale un poco de la rutina citadina (no, Heich???) y espero compartir la mayoría de ellos con ustedes. Veo que las entradas no han estado muy activas, salvo las siempre interesantes del Amigo Gay. Así que después de camarones, costa, selva, carretera, simplicidades, pescado, excursiones, camarones, playa, hotel, caminatas, y… camarones, Ryder les traeya el 3er capítulo del fan-fic “24 Horas”, que la verdad, se pone más dramático, y pues claro, Harry Potter está ahorita en su momento, el filme tiene 97% en Rotten, por cierto… y ha superado records en taquilla, y espero que realmente esté tan bueno como dicen, aunque claro, no deja de ser hitazo de verano, que ya se acaba en lo que respecta al cine. Así que los dejo con el drama, el drama y ah… sí, más drama.

Gryffindor table

Hermione sintió que una gota de sudor frío caía por su espalda, lo que logró que ella cerrara los ojos… y con eso, unas lágrimas se escaparon, deslizándose por sus mejillas de manera diáfana y casi instantánea. Cuando por fin reunió las fuerzas suficientes para hablar, dijo:

                -Harry, yo… te amo, como nunca he amado a nadie -al terminar la frase, abrió los ojos, y para su sorpresa, Harry ya estaba dirigiéndose a la pieza de los chicos.

                -Hermione, no sabes como quisiera creerte. -diciendo esto, se fue, dejando a la chica acongojada, odiando con todas sus fuerzas al rubio chico de Slytherin ojos grises. Sin pensar más, se subió a su dormitorio a tratar de dormir lo que quedaba de la noche.

 

-*-

 

                -¡Harry! ¡Hay wafles con manjar para desayunar! Apresúrate -dijo Ron, a la mañana siguiente, pegándole con una almohada en la cabeza a Harry.

                -No iré a desayunar -dijo Harry, buscando las gafas en su mesita de noche y sentándose en su cama.

                -¿Qué te dijo? –preguntó Ron con una cara preocupada, arqueando las cejas sin tomar en cuenta la respuesta de su amigo.

                -Nada. –respondió Harry, a secas.

                -¿Nada?

                -Sí, nada.

                -Pero… ¿por qué?

                -Yo no la dejé hablar -explicó Harry sacándose la parte de arriba del pijama y aceptando la camisa que Ron le traía desde que lo despertó.

                -Eso está mal, debes ir y pedirle una explicación. Te la mereces, ¿no?

                -Lo sé, pero será después.-dijo Harry, poniéndose de pie los pantalones, -si lo hacía en ese momento, se me podría haber olvidado que era mujer, y… tú sabes.

                -Comprendo.

                -Gracias.

 

-*-

 

                -¡Lavender! ¿Dónde dejaste mi lápiz labial? -gritaba a viva voz Parvati Patil, en el dormitorio de las chicas.

                -Lo estoy usando, aquí en el baño -respondió otra voz, la de Lavender.

                -¿No te dije que me lo devolvieras ayer? Nunca más te presto el sabor a sandía…

                Con todos estos gritos, el resto de las mujeres de la habitación se despertaron, enojadas. Hermione sentía su cuerpo pesado, y sin ganas, se fue a bañar arrastrando la ropa que se pondría, sin saludar a nadie. Al entrar al baño, se encontró con una chica pelirroja que le dirigió una mirada furiosa.

                -¡Vaya! Hasta que apareció… ¿puedo saber que estuviste haciendo estas últimas veinticuatro horas? –preguntó Ginny Weasley, con una voz irónica que desde que había empezado su noviazgo con Harry, guardaba sólo para Hermione.

                -Eso no te importa. –respondió Hermione.

                -Eso deja que lo decida yo.

                -¿Estás lista? Prefiero bañarme sin tu presencia. -dijo Hermione, tomando una toalla.

                -Sí sigues así, lograrás que Harry se arrepienta de haberme dejado por ti.

                Hermione no le respondió nada, sólo la fulminó con sus ojos miel, lo que intimidó a Ginny, chica de tan solo 16 años. Ginny cerró la puerta de golpe al salir.

                -Tengo que hablar con Draco Malfoy. -se dijo Hermione a sí misma, con disgusto.

 

                Salió ya vestida del baño para encontrar a Parvati y Lavender que corrían de un lado a otro.

                -¡Devuélvemelo!-gritaba Parvati a voz en cuello.

                -¡Jura que me lo prestarás de nuevo! -respondió lavender poniéndose detrás de un baúl.

                -Está bien lo juro, ahora ¡dámelo!

                -Paren de gritar, ¡ya! -pidió enfurecida Hermione, logrando que las chicas se detuvieran y la miraran sorprendidas.

                -Hermione… ¿cuándo llegaste? -preguntó Parvati con curiosidad.

                -Hace tiempo. -respondió algo avergonzada la chica.

                -¿Tuviste tiempo de encontrar las cosas que les pidió el profesor Snape? -preguntó Lavender, devolviendo el lápiz labial y mirándola pícaramente.

                -Eh… ¿qué hay de desayuno? -preguntó Hermione, cambiando de tema.

 

-*-

 

Ya en el Gran Comedor, nadie pronunció palabra. Se dedicaron a comer y a comer para tener sus bocas llenas. Finalmente, Ron irrumpió con unas palabras:

                -¿Qué nos toca? -poniendo cara inocente.

                -Historia de la Magia, con Hufflepuff. -respondió Hermione en tono lento.

                -Ajá… ¿y luego?

                -Transformaciones con Ravenclaw y después, otra hora de Transformaciones con… Slytherin -pronunciando esa última palabra cuidadosamente. Los tres abrieron los ojos. Harry se puso de pie y se encaminó a la puerta del Gran Comedor. Hermione se echó para atrás.

                -Lo siento… -dijo Ron.

                -No es tu culpa. –respondió Hermione, fijándose en la mesa de Slytherin. Draco la estaba mirando y al ver que Harry se había marchado repentinamente botando su plato al suelo, esbozó una sonrisa, que Hermione respondió con una cara imparcial, neutral y de enojo.

 

-*-

 

Las horas siguientes, pasaron desapercibidas para el trío, que con ansias esperó la última clase, que aparte de que era su favorita por la casa con la que la compartían, deseaban saber que pasaría, principalmente Hermione.

                -Buenas tardes, alumnos. Tomen asiento y saquen sus libros por favor -pidió la profesora McGonagall, un tanto seria.

                Hermione se sentó en las primeras filas, mientras que Ron y Harry prefirieron el fondo. Faltaban solo que entrara un trío más: Crabbe, Goyle y Malfoy.

                -¡Qué pasa con estos jovencitos! Si creen que por que ya van en séptimo, les permitiré esta clase de conductas  de retraso, están… –la profesora fue interrumpida por el sonido de la puerta, y los tres chicos de Slytherin que llegaban sonriendo.

-Perdón profesora por el atraso -comenzó a decir Draco, -se extravió mi reloj…

                Hermione ocultó su cabeza con las manos, de golpe, combatiendo contra las tremendas ganas que tenía de pararse y apuntarlo con la varita, y hacerles tantos hechizos como le fuera posible para que ni siquiera recordara quién era.

                Luego desechó la idea. La ira y la rabia, solo la habían llevado a cometer locuras, de las cuales se estaba arrepintiendo ya.

                Lo que sintió Harry en ese momento,  fue algo parecido. Ron no entendía nada, ese comentario había sido sólo fue para molestar a dos personas.

                -Bien comenzaremos con… -empezó la profesora.

                Hermione estaba tan distraída, que no se dio cuenta de que Malfoy se había sentado justo a su lado, y que detrás estaban sus dos gorilas, riendo desconcertados. Ellos sin duda tampoco entendían por qué Malfoy prefería sentarse con la sangre sucia.

                -¿Te castigaron? -preguntó Draco en un susurro.

                -Cállate. –le espetó Hermione.

                -Es en serio… quiero saber.

                -Cállate.

                -Como quieras pero… ¿te resfriaste?

                -¡Silencio, señor Malfoy! ¡Señorita Granger, contrólese! –bramó la profesora.

                Eso era lo único que faltaba. Ahora Harry no iba a querer ni siquiera hablar con ella. Malfoy pidió perdón en tono sarcástico y luego miró a Hermione, a quien le dirigió una mirada lujuriosa, parecida a la que le había echado en esas veinticuatro horas. Ella esquivó esos profundos ojos grises, contra su voluntad. Al acabar la clase, todos salieron entre murmullos. Cuando Hermione cruzaba la puerta, Harry la abordó.

                -Es hora de que hablemos. -pidió Harry, tomándola de la mano y dirigiéndola a la sala de trofeos sin dejar que la chica respondiera.

                -Harry, tengo que explicarte que…

                -Dime todo lo que sucedió en esas malditas veinticuatro horas en que estuviste totalmente ausente. –se volteó Harry hacia ella, cuando llegaron a la sala.

                -Nada. –respondió ella tajante.

                -¿Nada? ¿Me estás diciendo que no pasó nada?

                -sí.

                -¡Hermione, por favor! –estalló Harry -llegas totalmente mojada, llorando, con tu ropa rota, ¿y me dices que no pasó nada? Por favor, no me trates como un idiota, no nací ayer.

                -Bueno… sólo… peleamos mucho, de hecho, peleamos todo el maldito recorrido. Luego me caí, me lastimé una rodilla, y nos perdimos. Comenzó a llover y no, no pudimos regresar esa noche, al otro día me lanzó al lago y… eso es todo.

                -¿Eso es todo? -preguntó Harry sorprendido ante la naturalidad con la que hablaba Hermione.

                -Sí. Eso es todo.

                -¿Y las lágrimas?

                -¿Pretendes que llegue sonriendo con todas las maldades y porquerías que me hizo ese idiota?

                -Me las va a pagar. Ya lo verá. Iré hoy mismo a hablar con él.

                -¡NO! -gritó enfática Hermione, sosteniendo de los hombros a Harry que la miraba extrañado.

                -Pero… no puede quedarse así, después de todo lo que te hizo. –respondió él,  sacándole un mechón castaño que caía por sus mejillas.

                -No, no quiero que te metas en problemas Harry, tú sabes cómo es Malfoy -replicó ella, tomándolo de la cintura.

                -Como quieras.

                -Harry… –empezó ella.

                -¿Me amas? -preguntó él mirándola sinceramente.

                -Ya te lo dije anoche. Te amo como nunca he amado a nadie.

                -No me queda otra opción… supongo que debo creerte.

                -Eso parece.

                Y en ese momento, Harry  acercó sus labios rosados y cálidos a los de la chica, que empezó a temblar y a rogar para sus adentros, que Harry no recordara el reloj en su bolsillo trasero. Se rozaron tímidos, como cuando se habían dado el primer beso. Fue lento y pausado para poder atarse con sus propios brazos. Ella terminó con sus brazos cubriéndole el cuello y él atrapando las caderas de la chica.

                Los lentes terminaron en el suelo, y ellos hincados en el suelo, explorando de una forma tierna su piel, que se erizaba al sentir ese contacto que los volvía locos. Hermione acariciaba entre la camisa, el cuerpo de Harry, y él hacía lo mismo con ella. Pero justo en ese momento…

                -¿No te han enseñado a devolver las cosas Granger? No pensé que la educación de los sangre sucia fuera tan inferior. -dijo una voz irónica, arrastrando las palabras.

                -¿Qué pasa aquí? -preguntó Harry, abrochándose la camisa, y poniéndose de pie, ayudando a levantarse a Hermione.

                -Mi reloj… -pidió tajantemente Malfoy, al parecer encantado de haberlos sorprendido en el acto.

                -Toma. -Hermione buscó en su mochila y se lo ofreció extendiéndole la mano, sin mirarlo a los ojos.

                -Gracias señorita. -Draco tomó su mano tan firme que la obligó a que lo mirara.

                -No es nada -respondió Hermione, nerviosa pero a la vez furiosa.

                -Mil gracias. –finalmente, Draco le besó la mano mirándola fijamente, mientras que al recibir el reloj le dejaba un papel entre las manos, que ella se apresuró a ocultar en su pesada mochila.

                -¡Suéltala idiota!-gritó Harry por fin reaccionando.

                -No te preocupes, Potter, ya me voy. –dijo Draco, alejándose.

                -No sabes cómo odio a ese estúpido.-refutó Harry mirando por donde se había ido Draco.

                -Sí, yo… yo también, no sabes cuánto -respondió Hermione soltando un suspiro- mejor vamos a cenar… Ron, nos debe estar esperando.

                -De acuerdo.

                La  pareja caminó en silencio, agarrada de la mano hasta que llegaron al Gran Comedor. Se sentaron dándole la espalda al resto de las mesas, entre ellas Slytherin, y Ron los miraba sorprendidos mientras llenaba su boca con jugo de calabaza.

                -¿No vas a comer?-preguntó Harry a Hermione, al ver que ella no probaba bocado.

                -No tengo hambre.

                -Pero, si tú querías venir al Comedor.

                -Lo sé, pero… perdí el apetito. Mejor iré a la sala común. Necesito un poco de paz.

                -De acuerdo –murmuró Harry. Ambos se despidieron con un beso, mientras Ron miraba a Hermione con los ojos como platos. Luego ella se marchó dejando a los dos chicos acabando su cena.

 

-*-

 

Hermione llegó corriendo al dormitorio, y se sentó en su cama para leer el mensaje que le había dado Draco. Se sentía extrañamente nerviosa, cuando no debería estarlo. Finalmente abrió el pedazo de pergamino que con letra imprenta y dorada decía, o más bien preguntaba: “¿Te resfriaste?”

Hermione simplemente sonrió.





2.- 24 Horas

14 07 2009

BRITAIN HARRY POTTER

-No te preocupes, nadie notará nuestra ausencia. -dijo Draco destapándose de las sabanas blancas.

-¿Por qué piensas eso? –preguntó Hermione, mientras buscaba su ropa con desesperación y apuro debajo de la cama.

                -Por que hoy es sábado, ya todos deben estar en Hogsmeade, incluso tu novio debe andar comprando esas bombas fétidas… parece que no crece, en séptimo y haciendo esas estupideces.

                -No sé en que estaba pensando anoche, no sabes cómo me arrepiento. -refutó la chica poniéndose su pantalón ultrajado negro y buscando su camisa por entre las sabanas de la cama, con desesperación.
                -Qué lástima… anoche no decías lo mismo. Pero eso te pasa por no saber besar.
                Ahí estaba de nuevo: el dedo en la llaga. Hermione parecía lanzar fuego por sus ojos pero se contuvo ante la idea de volver a intentar algo para molestar. Con la experiencia de la noche anterior no volvería hacer algo así jamás.
                -Te voy a pedir un favor –le dijo ella -no me vuelvas a hablar a menos que sea algo estrictamente necesario, ¿de acuerdo? No estoy de ánimo para tus petulancias, ni ahora ni nunca más, ¿oíste?
                -Cómo quieras. Se debe sentir mal ser… infiel ¿me equivoco?
                Draco Malfoy no recibió nada como respuesta. Con una sola mirada de la chica comprendió que esta vez había llegado demasiado lejos. Como su orgullo no le permitía disculparse, en forma de arrepentimiento, comenzó a vestirse en silencio.

                Eran ya como las 4:00 de la tarde cuando habían salido de la casona, y dejado todo ordenado. Después de caminar un poco bajo un presionante sol caluroso, Malfoy susurró:
                -¿Tienes hambre?
                -Sí… mucha, ¿alguna idea? –preguntó ella con una leve sonrisa.
                -Conozco un lugar, donde hay unos frutos comestibles.
                -Has pasado mucho tiempo en este bosque, lo conoces todo… -se apresuró a decir Hermione  temerosa.
                -Sí, creo conocerlo todo, todo -dijo él soltando un suspiro, y poniéndose algo triste.

                Caminaron un poco. Draco estaba hundido en sus recuerdos y Hermione en Harry. No concebía la idea de que hubiera engañado a su novio y menos con Malfoy. Ella había luchado contra sus inseguridades y obtenido su amor después de varios problemas con Cho (hacia un año) y con Ginny Weasley. Era algo tan crudamente real que ya no estaba completamente segura de si seguía amando a Harry Potter.
                – Bien Granger, ¿cuántas quieres? -preguntó Draco en un tono que prescindía de amabilidad.
                -¿Te refieres a las manzanas? -preguntó ella, con mirada misteriosa.
                -¿A qué más? -respondió él con una sexy sonrisa.
                -Bueno… quiero  cinco.
                -¿Cinco? Qué golosa. No me sorprendería si ya tienes en tu lista el pecado de la gula.
                Después de reír un momento, volvió la seriedad al lugar acompañada de malas caras y entrecejos fruncidos. No se fijaron en el tiempo que pasó. Dejaron de comer manzanas rojas y jugosas cuando comenzó a anochecer.
                -Debemos irnos. -opinó Hermione poniéndose de pie con dificultad por su pierna aún adolorida.
                -¿Por qué? -preguntó Draco, tomando de los hombros a la chica para que no cayera y mirándola severamente y profundamente, introduciendo esa pasión desbocada que sentía hasta lo más hondo del alma de la chica.
                -¿Y por qué no? -preguntó ella tragando saliva.
                -Es mejor que te montes en mi espalda. No quiero que nos retrasemos por una de tus caídas estúpidas -dijo él hincándose, esperando a que la chica se subiera.
                -Me parece buena idea. –respondió ella –pero, ¿podrías agacharte un poco más?
                -Si serás especial… bueno.
                Siguieron caminando, más bien, siguió caminando por un sendero lleno de piedras y muchas ramas, por lo que nuevamente el tiempo no estaba a su favor.
                -Ya son las 10:40, no sé que voy a inventar. –temió Hermione, pensando en Harry.
                -Ah, por suerte yo no tengo que rendirle cuentas a nadie.
                -Si sigues así, te volverás un viejo amargado.
                -O el soltero más codiciado del mundo y sin problemas de impotencia –respondió Draco, con toda la arrogancia posible.
                -Eres realmente un asqueroso ególatra -dijo Hermione, jalándole con fuerza el cabello.
                – ¡¡¡Auch!! ¡Cuidado estúpida! Aunque, puede que tengas razón, pero eso me hace ser aún más encantador.
                -¡¡¡Eso es lo crees tú!!!
                -Pregúntale a las chicas de Hogwarts.
                -Con tu reputación nadie te tomará en cuenta, jamás.
                -¿Y quién dijo que yo si las tomo en serio? -preguntó él, volteando el rostro.
                -Tú no tienes remedio.
                -Tú tampoco.
                -¿Por qué lo dices?
                -Ya lo comprenderás.
                -¡¡¡¡¡¡Dímelo!!!!! –exigió ella.
                -¡¡¡¡No!!!!
                -¡¡¡¡Sí!!!!
                -¿¡Por qué abres tu bocota sangre sucia!?
                -¡Porque por eso la tengo!
                -¡Prefiero que la uses para otra cosa!
                -¡No te atrevas! -gritó atemorizada Hermione.

                Sin darse cuenta, habían llegado a los pies del lago y Draco había volteado inclinándose, dispuesto a lanzarla.
                -¡No lo hagas!
                -Sólo tienes que decir: “Por favor hermoso Draco Malfoy de la poderosa casa de Slytherin” y no te mojas.
                -¡Ni lo sueñes!
                -Bien, tú te lo buscaste –y dicho y hecho, Malfoy la lanzó al lago, haciendo un tremendo ruido que ahogó el grito de Hermione.
                -¿Cómo está el agua? –preguntó Draco, atacado de risa. -Vamos nada, se te va acabar el aire, ¿dónde estás Granger? -comenzó a decir algo preocupado, al notar que Hermione no se veía. – ¿Sangre sucia? No me digas que no sabes nadar. ¿Sabes, no es cierto? Ah… ¡ya voy a ayudarte! -Draco se sacó la camisa y se lanzó donde se veían unas manos agitándose con desesperación y solo la cabeza de la asfixiada chica de Gryffindor.
                El agua estaba muy oscura, lo que dificultaba la vista para encontrarla. Finalmente la vio flotando como un papel, con los ojos cerrados y su pelo enmarañado castaño que le daban un toque especial, como el de una sirena. Dejando de observarla, la tomó en sus brazos y la subió hasta la superficie. La llevó hasta suelo firme donde le propició los primeros auxilios. En realidad eso iba hacer cuando de repente Hermione comenzó a lanzar agua por la boca tratando de abrir los ojos.
                -¿Estás bien? -preguntó él, decepcionado -¿Cómo estás?
                -Estoy… bien… -respondió ella mientras intentaba respirar.
                -¿Segura? ¿Te llevo a enfermería?
                -Sí segura…  ¡¡¡¡¡¡Por qué lo hiciste!!!! –reclamó, sentándose y volviendo en sí.
                -Era una broma, sólo una broma, jajaja, -se mofó sentándose a su lado.
                -¡Pues por tu estúpida broma casi muero! ¡No puedo nadar con una pierna rota! Además tengo frío.
                -Toma mi camisa, está seca.
                Draco se sacó la camisa blanca ajustada y se la puso a la chica en los hombros -Esto te ayudará a no resfriarte.
                -Gracias, señor Malfoy -dijo mirando de reojo  el cuerpo del chico.
                -No fue nada.
                -Ni se te ocurra volver hacer algo así. –amenazó ella, empujando a Draco de espaldas y montándose encima de él, cubriéndolo con su pelo y mirándolo con unos ojos iluminados y extremadamente claros.
                -Uh, qué miedo, no me asustas sabelotodo.
                -Pues deberías asustarte -dijo ella, acercando sus labios húmedos por el agua y morados por el frío a los rozados y tibios del chico de pelo platinado y ojos grises.
                -No te sigas acercando, o sino…
                -¿O sino qué?
                -…o si no, no respondo.
                -¿A qué te refieres?
                – A esto.
                Empujó a la chica hacia su cuerpo, apretándola contra su cintura. La obligó a acercarse y la besó, tiernamente, lentamente, haciéndola olvidar el frío y envolviéndola en una llama lujuriosa que no daba paso a las dudas o a las lamentaciones. Esta vez, no llegaron tan lejos. De un inesperado salto, Hermione se separó de él, lo miró enojada y se quedó recostada a su lado mirando las estrellas mientras acomodaba su camisa.

                Draco, con el ánimo aún arriba, atinó a lo mismo, solo que escuchando las lágrimas provenientes de la chica. Hermione le lanzó la camisa al pecho desnudo, y con un poco de conflictos se puso de pie encaminándose al castillo. Draco la siguió detrás, cuidándola a distancia, de que no cayera.
                Cuando llegaron al vestíbulo, debían tomar caminos diferentes hacia sus respectivas salas comunes, y Hermione ya había subido algunos escalones dirigidos a su casa, cuando volteó para tratar de decir algo, pero Draco, adivinando, intervino:
                -No hay problema. No lo diré a nadie. -finalmente, él se marchó, con la cabeza en alto, como un gran Slytherin.
                No recibió respuesta de la chica, que cojeando, subió con la mente en blanco hasta encontrarse con la Dama Gorda, que vigilaba el retrato para entrar a la torre de Gryffindor.
                -¿Contraseña? -preguntó la mujer, soltando un bostezo.
                -Raíces de tentácula.
                -Entra chiquilla, y busca una toalla.
                Entró desanimada en la sala común, y al alzar la vista se derrumbó, encontrándose para su mala suerte a un chico de pelo negro azabache, ojos verde esmeralda, con anteojos caminando en círculo alrededor de un sillón. Ron miró a Hermione antes que el propio Harry.
                -Los dejo solos -dijo Ron, alejándose a dormir, con una cara apenada y lanzándole una mirada nerviosa a la chica -Que duerman bien. -con esto último, se fue, subiendo a la torre del dormitorio de los chicos.

                Hermione miró a Harry.

                -Harry… –empezó.
                -Quiero que empieces por explicarme que hace un reloj de hombre en el bolsillo trasero de tu pantalón -objetó enojado, sacándose los lentes, y sentándose en el sillón con los brazos cruzados y arrugando el entrecejo.
                -Amor, yo… -iba a continuar cuando el sonido del reloj irrumpió en la sala, anunciando que ya eran las 12:00 a.m. exactamente, haciéndola estremecer.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.





24 Horas

12 07 2009

Bueno, como ya todos sabrán, la sexta parte de las aventuras del joven mago creado por Rowling, “Harry Potter & The Half-Blood Prince” llega la próxima semana a las salas de cine. Aquí en nuestro país, la premiere fue el jueves pasado (mi hermano asistió, y me mencionó que es la mejor hasta ahorita, pero tiene algunas fallas; descuiden el review vendrá después). Es común que cuando estos filmes se acercan, surjan de nuevo un sinfín de cosas relacionadas al fenómeno potteriano. Esta vez, no es la excepción.

Hace ya 5 años, una amiga me presentó a FanFiction.Net, una página donde millones de fans creans sus fan-fics de lo que sea, desde Lord Of The Rings, hasta la pegajosa Twilight. Y es ahí donde encontré uno de los más controversiales fan-fics de Harry Potter que he leído hasta la fecha. (Así como este, hay un montón). Fue escrito por una chava chilena, cuyo pseudónimo es Mapache. Estaré publicando algunos de los fragmentos de los 22 capitulos a lo largo de mucho tiempo, aunque ya haya pasado la magia Potteriana, pues lo considero un fan-fic entretenido y abrumador que de seguro os dejará a varios con la boca abierta, jajaja. (y recuerden que todavía viene “The Deathly Hallows” así que aún hay Potter para rato). Por cierto, no es apto para menores de edad eh jajaja… y quien no pueda esperarse, dejaré el link siempre para que lo sigan leyendo en la página.

BRITAIN HARRY POTTER

1.- ¿CASTIGO O REGALO?

-Les advertí que en mi clase no se permiten los murmullos señorita Granger…

-Profesor Snape… –murmuró Hermione.

-Aquí no se aceptan las lamentaciones… ¡10 puntos menos para Gryffindor!

-Pero profesor… le estaba explicando a Neville que…

La chica estaba dispuesta a no soportar un reto más injusto por parte del abominable profesor de Pociones. Sus compañeros le dirigían miradas inquietas y Harry y Ron le hacían gestos para que se callara.

-¿¡Qué no entiende!? Por insolente tendrá un castigo…

                -Pero…

-¿Va a seguir señorita? ¿O quiere que le reste más puntos a su casa? –Hermione comprendiendo, finalmente calló y nuevamente, se dispuso a recibir un reto injusto.

-No, profesor… ¿cuál será mi castigo? –dijo en tono apenado.

-Veamos… –murmuró el profesor -Tendrá que acompañar al señor Malfoy a buscar unos elementos que necesito del bosque prohibido y…

-¿¡¡QUÉ!!? –dijeron Draco y Hermione al mismo tiempo. Ambos se odiaban y para ninguno de los dos, le era grato estar juntos un rato extra, con el de las clases les era suficiente.

-¿Algún problema señor Malfoy? No lo creo… es usted mi ayudante… –Snape lo miró amenazador haciendo que Draco se pusiera nervioso.

-No señor… como se le ocurre… –dijo ruborizado.

-Qué bien. Irán hoy a las 12:00 a.m. exactamente, usted ya sabe las instrucciones.

A Snape le brillaron sus ojos negros y con una sonrisa de satisfacción en su rostro que hizo enfurecer a Hermione dio por terminadas las recomendaciones. La clase terminó de manera normal, con varios puntos menos para Gryffindor. Parecía que Snape no se había levantado con el pie derecho, en realidad parecía que nunca lo hacía.

-Tienes mala suerte Hermione… soportar a ese apestoso de Malfoy… –dijo el pelirrojo Ron con cara de asco, una vez que salieron él, Harry y la chica al vestíbulo.

-No sé como podré soportarlo. –dijo Hermione amarrándose su pelo enmarañado, y mirando a Harry de reojo.

-Solo espero mi amor, que éste no intente pasarse de listo contigo. –dijo Harry tomándola de la cintura y dándole un pequeño beso en los labios de la chica de ojos miel, -No te preocupes, y si te hace algo, le daremos su merecido.

-Jajaja, bueno dejen de contar monedas delante de los pobres y vamos a comer que tengo hambre. –alegó Ron llevándose a sus amigos de tirones, quienes no querían separarse.

-Ron… deja de tironearme. –dijo Hermione, mientras los tres entraban en el Gran Comedor.

La comida estuvo exquisita. Los chicos rieron alegremente durante todo el rato. Pero Hermione, ella, no dejaba de pensar en el chico de Slytherin, de pelo platinado y ojos grises, con quien tendría que pasar un buen rato dentro de unas horas. Tendría que arreglárselas para aguantarlo esta vez.

En cuanto a Draco, pensaba lo mismo. Aunque ya sabía que ella era novia de Harry Potter, él estaba dispuesto a cualquier cosa por obtener un beso, solo un beso de aquella jovencita de perfecta cintura y ojos miel que volvían loco a casi todo Hogwarts. ¿Y cómo Draco Malfoy no iba a poder ligársela?

 Llegó la hora en que tenían que juntarse en las mazmorras. Hermione estaba nerviosa, transpiraba más de lo normal. A pesar de no ser la ocasión adecuada, se esmeró en vestirse lo mejor que pudo con la ropa de su baúl sin saber de verdad el motivo. Se puso unos pantalones negros y una camisa de color rosa, a medio abotonar con medio cuello descubierto.

Draco hizo algo parecido. Se dio una ducha rápida, y no se secó el cuerpo, por lo que la playera blanca, se le pegó trasluciendo su figura. Tampoco se peinó, más bien se desordenó el pelo lo más que pudo y sus pantalones azules, ayudaban para que se viera realmente desenfadado.

-Pensé que no vendrías Granger… –dijo con su tono petulante habitual, observando a la chica, recorriendo con sus ojos grises cada centímetro del cuerpo de Hermione.

-Pues te equivocaste, sí vine. –Hermione revisó la sensual postura de Malfoy, quien se había puesto una mano en la cintura y con la otra se rascaba la cabeza. -Bien… vamos.

-Sí, vamos… no quiero llegar tan tarde.

 

-*-

 

Los jóvenes salieron a paso lento, aunque cada uno se decía que quería volver lo más rápido posible. Hermione llevaba cargando un gran farol con luz naranja y Draco llevaba otro. Después de un muy buen rato de caminata silenciosa, Hermione irrumpió con unas palabras.

-Parece que va a llover –dijo con voz tímida.

-Es lo único que me falta, voy a pescar un resfriado –se quejó Malfoy.

-Es que para que andas tan… tan… descubierto, es de noche.

-Ah, por favor, tú andas parecida, así que no hables.

-¿Podrías callarte?

-¿Y tú podrías recoger esa hierba morada que está en tus pies?

-¡¡Ah!! Que asqueroso…

-Verdaderamente todas las mujeres son exageradas. –dijo Malfoy mientras se agachaba a buscar lo que quería. Hermione bajó también y sus miradas se chocaron por un momento, uno de los pocos segundos en que ninguno habló para insultarse.

-Ah… sácala tu… ¿no ves que tiene espinas y me puedo pinchar? -dijo la chica poniéndose de pie y esquivando sus ojos grises.

-Ah, claro… que eres una sensible “señorita”, ¿verdad? ¿Qué hora es?

-Sí, soy una señorita y, es la 1:00 de la madrugada.

-Parece que contigo la hora no avanza, apesta estar a tu lado. –dijo Draco con un tono que exageraba en su arrogancia, lo que enfureció a Hermione.

-¡¡Deja de ser tan desagradable!!

-¡¡Y tú deja de ser tan niña chica!!

Los dos se miraron con odio. Se callaron y siguieron su camino, nuevamente en silencio. Después de otro buen rato, Draco volvió a hablar:

-Hermione, ten cuidado con este tramo, porque hay… –intentó advertir Draco.

-¡Ah! ¡Mi rodilla! –chilló Hermione. Estaba tumbada en el suelo, con el farol roto al lado.

-…piedras. Eso té pasa por adelantarte tanto. –dijo Draco parándose y cruzando los brazos.

-¿Puedes callarte y venir a ayudarme?

-¿Sí?… Porque después le dices a tu famoso noviecito que soy un patán.

-Tienes razón, lo eres.

El chico le tomó su pierna y la examinó cuidadosamente. Enseguida, rasgó el pantalón para vendarla, para detener la sangre.

-¡¡Oye, es mi pantalón!!

-¿¡Quieres desangrarte!?

-No, pero… ¡ah! no me aprietes tanto.

-Lo siento, pero así se debe hacer.

En cuanto Draco terminó con la pierna de Hermione y la tomó de la mano para ayudarla a pararse, comenzó una estruendosa lluvia que hizo que los chicos quisieran estallar de la furia.

-¡¡Ahhh!! ¿Por qué a mí? –gritó la chica, mirando el cielo oscuro y lleno de nubes esponjosas. -Esto sí que es mala suerte… todo esto es tu culpa.

-Ah, ahora resulta que ¿yo soy el culpable? –dijo Draco, mientras Hermione se apoyaba en el brazo del chico para no caerse, ya que no podía caminar muy bien.

-Sí, tú eres el culpable de que yo me haya caído.

-Sí, y debo suponer que yo soy el culpable de que hayas quebrado tu farol ¿no?

-Ah… te voy a matar. -respondió ella, percatándose de no tener farol y de que no había llevado varita.

-Mejor sigue caminando, volvamos al castillo.

-Sí, es lo único que quiero, no soporto estar más junto a ti.

Después de avanzar por un camino que no era igual al de partida, Draco se detuvo mirando hacia todos lados. Se notaba nervioso. Estaba perdido, no por que quisiera.

-¿Qué pasa Malfoy?

-Estamos perdidos.

-¿¡¡¡QUÉ!!!?

-Estamos perdidos, ¿Que estás sorda?

-No, no, no puede ser tanta mi mala suerte… ¡no lo puedo creer!

-¡¡Yo tampoco!! Diablos… esto no podía ser peor. –dijo Draco mirando a su alrededor tratando de orientarse -Esto es imposible.

-Está lloviendo y estoy perdida en el bosque con el chico que más odio en este mundo –zanjó Hermione.

-Mejor deja de gritar y acompáñame… sé donde podemos pasar la noche… -Draco volteó.

-¡¡Ni creas que pasaré la noche contigo!!

-¡¡Entonces quédate aquí sola, en medio de esta porquería, con animales peligrosos, sin luz y con una pierna rota!! –alegó Draco con los ojos llenos de furia, acercándose a Hermione.

-Pues entonces me quedaré aquí… –dijo Hermione cruzando los brazos y sentándose en un tronco.

-Aprende a ser más humilde.

-Mira quien me lo dice.

-Bien, como quieras… adiós.

-Adiós… piérdete Malfoy.

Draco estaba que estallaba de furia, y eso pudo más que su sentimiento hacia la chica. Hermione al sentirse sola, se asustó. No podía evitar escuchar ruidos extraños y la lluvia le provocaba frío, y para peor, su pierna le ardía. Draco casi se había perdido de vista cuando el pánico de Hermione pudo más.

-¡¡¡Malfoy!!! ¡¡Espérame!! ¡¡No me dejes sola!!

Draco corrió a su encuentro con una sonrisa maquiavélica. -Sabía que llamarías.

-Si no fuera por mi pierna, no te habría llamado.

-Sí Granger, eso está claro… –comentó irónico.

-Eso espero, porque ni creas que es porque quiero estar contigo.

-Sí, no te preocupes… –volvió a decir él.

Draco la cubrió en sus brazos. La lluvia era ensordecedora Él estaba conmovido ante la forma en que Hermione se estaba aferrando a él.

Después de recorrer un camino no muy largo, llegaron a una casona fea y andrajosa con un color verde entre sus maderos. Una silla mecedora estaba afuera con arañas que caminaban descuidadas. Draco alumbró con su farol la entrada, abrió la puerta sin ninguna complicación y dejó ver una habitación algo tenebrosa, con una mesa a la que le faltaba la mitad de su pata, unas sillas con telarañas y una cama con una sábana perfectamente blanca, que parecía de recién casados. La cama era lo único que daba luz a la oscura “cueva”, que era lo que pensaba Hermione.

-Parece que a ti sólo te interesan las camas Malfoy.

-Son lo más cómodo que se puede encontrar en una habitación.

-Debes ocuparla seguido.

-Depende.

-Se me olvidaba que estoy con “un Don Juan”.

-¿Un qué?

-Olvídalo.

-Te aviso que yo dormiré en la cama. –dijo Draco acostándose de un salto, con los pies cruzados y las manos detrás de su cabeza, mostrando su típica sonrisa de triunfador.

-Ni lo pienses, yo dormiré ahí, porque soy mujer, y tú… –dijo Hermione recorriendo la habitación con los ojos -…en el suelo.

-Estás loca que por darte el gusto, amaneceré todo doblado.

-Pues como caballero, deberás hacerlo. -dijo Hermione tratando de levantarlo con la mano, pero el chico se reía y no se dejaba.

-¿Quién te dijo que soy un caballero? Yo dormiré en esta cómoda cama… y si quieres acompañarme por mí no hay problema.

-¡¡Ni sueñes que me acostaré contigo!!

-¡¡Y tú ni sueñes que dormiré en el suelo!!

La chica de pelo enmarañado lo siguió tironeando, y esta vez, con óptimos resultados, levantó al chico y se quedaron mirando con odio, fijamente. Ambos estaban enfadados, y ninguno estaba dispuesto a ceder.

-Me tienes harto “sangre sucia”.

-¡¡¡¡No tanto como tú a mí!!!!

-¿Podrías mantener tu boca cerrada aunque sea por un momento?

-No quiero.

-¡¡Te advierto que si no te callas tú, te callaré yo!! –amenazó Draco.

-¡Eso tendría que verlo!

Draco estaba con la sangre en la cabeza, y una vena se notaba que sobresalía de su cuello. A él le atraía aquella chica, pero le colmaba la paciencia, posiblemente eso le gustaba de ella.

Hermione no quería permanecer un momento más con aquel chico de pelo rubio platinado y ojos grises, atractivo; ella deseaba estar en su torre o con su novio Harry Potter. Draco, con toda su ira y a la vez con todo ese sentimiento que tenía hacia esa chica; la tomó por la cintura. Hermione estaba muda y paralizada, se acercó con una mirada severa a sus labios y le dijo: -Pues esto no lo verás, lo sentirás.

La besó apasionadamente, afirmándola con fuerza para evitar que la chica escapara, pues ella luchaba para desprenderse de los brazos fuertes de Draco. Eso solo le duró unos momentos. Después no pudo seguir ignorando la electricidad que le removía el alma al sentir ese beso.

Draco estaba enormemente conforme con aquel beso, aunque había que reconocer que había sido un beso torpe. No lograron ponerse de acuerdo con sus lenguas, sus dientes chocaron al primer contacto. Ninguno de los dos estaba acostumbrado a su forma de besar, así que tuvieron que pasar unos cuantos segundos para que el beso fuera de un agrado mutuo. A pesar de los inconvenientes, Draco estaba agradecido de la forma que Hermione no se despreocupó de recorrer su cuerpo con unas manos heladas pero suaves, pues eso logró borrar el infortunio inicial.

A la larga fue tan placentero que deseó hacerla suya en ese preciso instante. Hermione pensaba casi igual, a menos por una pequeña diferencia: HARRY POTTER. Finalmente reaccionó soltándose de sus brazos y mirándolo con recelo, pero feliz; eso lo advertía Draco también por sus ojos miel iluminados.

– ¿Qué intentabas hacer? Se te olvida que tengo novio. –dijo mientras se cubría los labios con las manos, y sujetaba su cuerpo afirmada a una silla mirando el suelo.

-No parezco ser el único al que se le ha olvidado ¿no? –dijo él levantando una ceja.

Hermione lo miró extrañada, pues tenía razón, ella también lo había olvidado.

-Es… mejor que vuelva al castillo, ya no llueve tan fuerte, no me quedaré un segundo más. -Hermione recibió como respuesta un estruendoso relámpago que de inmediato la hizo desistir de su idea.

Draco se sintió un tanto incomodo. Sabía que Hermione había degustado tanto como él aquel beso, pero que no pensaría cambiarlo por “ese Potter de famosa mierda”, por lo menos por ahora.

-No te preocupes, no intentaré nada… pero tú también debes prometerlo.

-¿Ah? Yo no fui la quiso el beso, tú te acercaste primero. –se apresuró a decir Hermione amenazándolo con su dedo índice. Draco lo tomó con su mano firme y le dijo:

-Pero tú me correspondiste. – mirándola con risa en sus labios sin soltar su dedo.

-¡¡Eso no es cierto!!

-¡¡No te hagas la santa!!

-¡¡Eso debería ir para ti!!

-¿Sabes? Estoy harto de pelear contigo.

-¡¡Por fin dices algo coherente!!

-¡¡Quieres callarte!! Porque si no…

-¿Si no qué? ¿Me besarás de nuevo?

Se hizo un silencio ensordecedor. Draco le soltó el dedo de forma brusca. La miró con indiferencia y se acostó en la cama dándole la espalda a Hermione. Draco pensaba en como contestarle de la manera que solo él sabe hacerlo, petulante y agresivo, y cuando encontró algo adecuado, dijo:

-Cómo si quisiera besarte… lo haces horrible.

Esto fue suficiente para hacer explotar de ira a Hermione. ¿Cómo se atrevía a decir eso? Se sentía desafiada.

Se sacó la camisa quedando en ropa interior, se amarró el cabello, se sentó al lado del chico, (quien no advertía ningún movimiento de estos, y que estaba resignado a que lo que deseaba hacer, nunca resultaría). Con rabia aún en sus ojos, la chica dijo:

-¿Podrías darme otra oportunidad para demostrarte que lo hago bien? –la pregunta salió de sus labios en un tono tan suciamente seductora, que hasta ella misma se sorprendió de lo que estaba diciendo.

Draco sonrío, aunque adivinaba que ella lo hacía solo por rabia, pero no iba a desaprovechar aquella oportunidad que solo el destino sabe dar.

-Conste que lo hago para averiguar… no es que me gustes.

-No hay que preocuparse de eso ahora, “muñeco” –dijo Hermione, mordiéndose el labio.

Lo que sucedió después, era de imaginarse. Draco la besó lentamente hasta llegar a su cuello. Hermione estaba asustada, no estaba segura de lo que estaba haciendo, tal vez se arrepentiría después, pero Draco mordiendo su ombligo, la hizo  no pensar, y sintió que un ardor le invadía las piernas, obligándola a separarlas. Recorrió con su mano todo el duro… cuerpo del chico, debido al ejercicio que este hacía con el quidditch. Las manos de Malfoy de frías se volvieron tibias, haciendo estremecer todo el cuerpo de la chica. Rápidamente se despojaron de las ropas. Se miraron detenidamente un momento, pero la pasión los dominó por completo, consumiéndolos en una llama de lujuria que les duró para toda la noche.

-¡¡¡Ya amaneció!!! ¿Qué hora es? –preguntó la chica saltando de un brinco del pecho de Draco, quien la miraba somnoliento.

-Para qué tanto apuro… es temprano.

-No opino lo mismo. –Hermione se agachó y encontró el reloj del chico que indicaba claramente las 2:30 p.m.

-¡¡Esto es terrible!!

-¿Por qué? –Draco estiraba los brazos y un fuerte bostezo salía de sus cansados labios.

-¡¡Son las 2:30!! ¡¡¡Tenemos que irnos!!! –gritó Hermione, tapándose con una sabana.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE