13.- Amor En Tus Ojos

9 10 2009

Después de los “medio alocados” capítulos anteriores (respectivamente hablando, del 9-11), llega el ya #13. Un poco más calmadito, no tan provocador pero igual de interesante para quienes han seguido el pequeño fan-fic. No se pierdan, y pues el tiempo de cambio le anda llegando a nuestro querido Le Blogué, en cuanto a formato, ahí vayan checando los nuevos cambios…

Weasley

Se acercó cauteloso, tierno en su andar. Sabía que debía tener calma y mostrarse sereno ante ella, si es que quería recuperarla. Cómo explicarle ese erizamiento en la piel con solo sentirla, con solo observar esos cabellos Moviéndose al compás del viento y siguiendo el sonido de las hojas. Pero como decirlo, si ya era tema antiguo, si el destino ya estaba trazado y sentenciado para ambos y ella no querría saber de segundas oportunidades, ¿por qué intentarlo, por que llorarle y sostenerse de sus rodillas pidiendo perdón, suplicarle piedad para un corazón herido… para un corazón herido, para una mente desquiciada?

                Hermione por su parte se sintió algo nerviosa. Observó esa mirada verde apacible, que le dedicaban el recuerdo de una historia de amor, de una querida historia de amor.

                Y quizá eso le obligaba a sentirse incómoda. Recordar esos infinitos abrazos, esos interminables susurros en que se prometía amor, en que se prometía sinceridad y consuelo del bueno… recordaba con solo mirar ese brillo infantil, ese carisma excepcional que solo Harry sabía transmitir, una enseñanza completa, una primera vez de entrega.

                Con solo detener, detener un instante la mirada en esas manos blancas, en esas manos que ella estaba segura que seguían igual de tersas, igual de cálidas y finas… en esas manos de minucioso recorrer, de detallado andar, que cumplieron su labor con dulzura y estremecimientos por doquier.

                Era amor… o quizá no, tal vez era solo un instinto que se siente por el amor pasado, nadie lo sabía; solo se percibía un ambiente de paz mezclada con impaciencia, de locura mezclada con razón… de amor mezclado con recelo. Sólo en esos ojos estaba la respuesta.

                -¿El profesor Snape? -preguntó volviendo en sí Hermione, pensando recién en ese momento para que la querría.

                -Sí… el profesor Snape… -contestó rápidamente Harry mientras se secaba la transpiración de la frente.

                -Bien, voy en seguida… -dijo secándose las lágrimas anteriores y limpiándose la falda del pasto impregnado- …me pregunto qué querrá…

                -Si te dice algo, -dijo Harry, dándole la espalda- te está esperando con Malfoy…

                Hermione no se atrevió a mencionar palabra alguna, ningún sonido diferente a su respiración abrumada salió de sus labios.

                Harry comenzó a avanzar a pasos apresurados delante de Hermione. Se había metido las manos en los bolsillos y la cabeza la había agachado para esconder su melancolía… esa melancolía, esa tristeza que sentía al saber que con sólo nombrar a Draco Malfoy, un efecto pendenciero en la chica de ojos miel se producía de inmediato.

                Hermione seguía los pasos de Harry en silencio, mientras su cabeza no dejaba de tratar de adivinar que querría decirle.

                Finalmente entraron al castillo, ambos con el corazón apretado y la garganta árida. Se dirigieron a la mazmorra del abominable profesor de Pociones, con un dolor que traslucían sus ojos, que traslucían lo esmeralda y lo miel de un amor olvidado. Hermione se disponía a golpear la puerta, cuando Harry le detuvo la mano poniendo la de él encima; apretando con fuerza.

                -Hermione… -dijo en una voz trémula.

                -¿Sí? -preguntó Hermione nerviosa.

                -Te amo -confesó Harry mordiéndose los labios con ternura.

                Hermione se soltó de la mano de Harry y golpeó la puerta con resolución. Una voz agresiva se escuchó desde adentro.

                -Entre señorita Granger, el señor Malfoy y yo la estamos esperando…

                La chica entró de prisa, sin decirle nada más a Harry… a Harry, que después de observarla perderse a través de la puerta, se agarró los cabellos negros desordenados y los tironeó… y lo siguió haciendo, hasta entrar a su sala común y encontrarse con Ginny.

                Ginny lo miró con una sombra en sus ojos… con preocupación. Era sin duda pavor, terror.

                -Quiero hablar contigo Harry… es grave… -dijo la chica poniéndose de pie y soltando los pergaminos que sostenían antes sus manos.

                Harry asintió levemente con la cabeza.

                -Estoy embarazada Harry… vamos a ser padres.

                Harry se sentó en el suelo… rogando que no fuera cierto lo que acababa de escuchar.

 

-*-

 

                -Pensé que se demoraría más en llegar señorita Granger… -comentó el profesor en tono acusador- como envié a buscarla con el señor Potter.

                -¿Qué quiere profesor? -preguntó con voz algo violenta.

                Hermione miró de inmediato a Draco. Éste estaba sentado frente al profesor, con una mano que sostenía una pluma y con la otra hacía varios movimientos, que indicaban claramente un estado de nerviosismo. Su mirada gris estaba concentrada en la pluma y sólo cuando Hermione habló, soltó su distracción y se preparó para ver la reacción en Hermione que el profesor tenía que decir… y que él ya la conocía en todo su esplendor.

                -Es muy simple señorita, -comenzó a decir Snape mirándola con severidad y en un tono perfectamente petulante y despectivo-. Tendrá que cumplir un castigo… un castigo muy parecido a la vez anterior.

                -¿Con Malfoy? -interrumpió la chica mirándolo con sorpresa en sus ojos.

                -Obviamente señorita… -contestó poniéndose de pie y acercándose levemente hacia la puerta.

                Draco no hablaba, si su respiración no irrumpiera en el silencio incómodo de la habitación, se creería perfectamente que ya se hubiera marchado.

                -Pueden retirarse… -dijo el profesor abriendo la puerta- luego les diré en qué consiste específicamente, tiene que ser un buen castigo, pues la barbaridad que vi cometiendo… en fin, para que repetir algo de tan mal gusto.

                Draco esbozó una sonrisa coqueta en cuanto escuchó “barbaridad”, y dirigió levemente la mirada a la pluma para dejarla en su puesto original. Hermione fue la primera en salir huyendo de la mirada lujuriosa que le dirigían ciertos ojos grises… que lograban nuevamente su objetivo de ponerla nerviosa y de comenzar a delirar.

                -No podrás escapar de mi Hermione… por mucho que huyas, yo estoy trazado en tu destino como un virus.

                -N o Draco, -dijo volteando en forma desafiante- no es así… yo me encargaré de encontrar una solución… -objetó con seguridad.

                -¿Piensas buscar en la biblioteca? -preguntó Draco en tono burlesco.

                -Supongo, no es mala idea… -contestó Hermione digiriendo sus pasos a las escaleras.

                -Vamos ahora… de inmediato… yo te acompaño.

                -Como quieras, así haremos lo que sea para que todo este maldito hechizo se acabe de una vez por todas.

                Hermione tomo la batuta del camino hacia la biblioteca, segura de que debería existir alguna posibilidad de solución, de que tal vez no había leído por completo ese libro aquella noche… aquella noche, aquella noche, aquella noche.

                -Aquella noche… -dijo finalmente la chica sin darse cuenta que sus pensamientos habían salido de sus labios.

                -¿Aquella noche qué? ¿Cuál de todas?

                -Cierra la boca -contestó la chica.

                -Pues no pienso hacerlo.

                -Si no quieres callarte lo haré yo… ¡¡¡TE ODIO, SIEMPRE ME HACES CAER EN LO MISMO!!!

                Las carcajadas de Draco fueron interrumpidas por el gesto de Hermione de abrir la puerta. Había entrado en la biblioteca, y se sorprendió al ver cenizas regadas por la mesa de la bibliotecaria.

                -¿Qué pasó aquí? -preguntó Hermione con los ojos totalmente dilatados.

                -Se quemó un libro de la Sección Prohibida… -le contestó algo furiosa la señora Prince.

                Hermione volteó para mirar a Draco, quién reía sin preocuparse de disimularlo; con los ojos pidió una explicación.

                -Si… y fue nuestra culpa -afirmó Draco con seguridad.

                -Imposible, imposible, imposible, imposible… -repetía mientras caía al suelo paulatinamente con su espalda afirmada a la muralla.

                -Es mejor que hagas tus espectáculos de llanto en otra parte… –opinó Draco algo divertido.

                Hermione se levantó del suelo en forma que rayaba en lo violento. Se arregló el cabello y salió ante la mirada sorprendida y curiosa de la bibliotecaria. Draco salió detrás de ella en pasos agigantados, para poder alcanzarla. Todo estaba perdido, pensaba Hermione. La única opción de librarse del hechizo de Draco, podría estar en ese libro, en ese libro que extrañamente había desaparecido.

                Sus pasos la dirigieron por pasillos misteriosos, donde ella no tenía plena conciencia del lugar exacto ni de como regresar. Además ahí estaban esos pasos ligeros que le seguían, esa respiración que ya sentía que le estremecían todo su ser, toda su alma… y ella escapaba, escapaba de ese sentir, que ella no quería reconocer como amor; pero que sin embargo lo era… muy en el fondo lo era.

                Draco le seguía, sin tener intenciones de detenerse o desistir de su propósito… del propósito de escuchar una confesión, una resignación por parte de Hermione… quería sentirse triunfador, triunfador de que ella, de que aquella chica testaruda le dijera “TE AMO”, un “Te amo” sincero.

                Finalmente Hermione, se detuvo ante una puerta… que abrió lentamente para tratar de ocultarse de Draco. Pero éste fue más hábil y se interpuso a ese gesto cobarde.

                -¿Por qué me trajiste aquí? -preguntó el chico de ojos sagazmente grises mientras se aseguraba de cerrar bien la puerta a sus espaldas.

                Hermione no entendiendo la pregunta, levantó la vista, donde se pudo ver con claridad unos ojos color miel, hinchados y rojos por el llanto.

                -¿Aquí dónde?

                -Aquí… en la sala de trofeos… -dijo Draco mirando a su alrededor- donde antes… donde antes te dije que le dijeras todo a Potter y que demostraras que eres una Griffindor… ¿lo recuerdas?

                Hermione buscó una esquina, donde con su propio cuerpo se cubrió de un frío que le vino de repente.

                -Sí, lo recuerdo… como no hacerlo.

                Malfoy se acercó sacándose la capa negra y cubriendo a Hermione con ella. Era una situación realmente incómoda.

 

FLASH BACK DE “GINNY Y HARRY”

 

                -No puede ser cierto… ¡¡¡¡¡dime que no es cierto!!!! -gritó poniéndose de pie y mirando a Ginny con severidad en sus ojos verdes, no propios de ellos.

                -¡¡¡Qué más quisiera yo!!! ¿Tú crees que esto es lo que quiero para mí? -preguntó de la misma forma- le escribiré a mi madre, ella nos dirá que hacer.

                -¿¿¡¡¡A tu madre!!!?? ¿Acaso estás loca?

                -¿Y qué quieres que haga?, de todos modos se enterara… es mejor que le diga desde antes.

                -Pero, pero… pero, ¿y tus estudios?-dijo Harry tratando de calmarse.

                -No lo sé… supongo que trataremos de hablar con Dumbledore.

                -Ginny… ¿qué esperas de todo esto?, ¿qué me case contigo y vivamos juntos toda la vida?

                -Pues deberías -dijo una voz seca y furiosa.

                Ginny lo miró con perplejidad en sus ojos claros. Su cara estaba totalmente encendida y unas lágrimas comenzaron a asomarse por un rostro antes pecoso y ahora con un poco de acné.

                -RON… RON, LO SIENTO… -dijo Harry aturdido.

 

“FIN DE FLASH BACK”

 

                Incomoda por que los recuerdos se venían a la mente sin querer hacerlo, venían sólo porque querían hacerlo… o porque una extraña voz les decía que vinieran a perturbar aún más a dos jóvenes amantes.

                -No entiendo todo esto que está pasando… -dijo Hermione con voz grave- no entiendo al profesor Snape y su castigo, porque no nos dijo qué diablos quiere que hagamos ahora… no te entiendo a ti; y lo peor de todo, es que ya no me entiendo ni a mi misma…

                -Eso es normal -contestó Draco en forma diáfana- todo esto empezó por algo inexplicable.

                -¡Pero es que yo no concibo que tú seas mi verdadero amor! Es imposible, simplemente imposible.

                -Suena lógico.

                Se mantuvieron en silencio durante algunos minutos. Y quizá eso le permitió a Draco a recorrer la sala en un buscar minucioso. Buscaba algo que ni siquiera él sabía lo que era, simplemente un palpitar en el pecho le decía que buscara.

                Finalmente encontró algo… era una tapa y una contratapa de un libro, con solo las hojas primeras y finales.

                -Hermione… ¡¡¡Granger!!! -gritó desesperado al ver a la chica que no se movía- mira lo que encontré.

                -¿Qué encontraste? ¿A Bin Laden?

                -¿A quién? Bueno, sea lo que sea, encontré el libro…

                -¡¡¡De qué libro me estás hablando!!! -gritó algo enojada Hermione y poniéndose de pie con algo de dificultad.

                -El de “hechizos amorosos”… -le respondió Draco extendiendo el brazo para enseñarle mejor el libro.

                -Pero… pero… pero, es imposible, ¿cómo llegó aquí?

                Hermione tomó el libro entre sus manos temblorosas, con lo que pudo constatar de que no estaba completo pero, le faltan hojas.

                -Ya entiendo -susurró Draco débilmente.

                -¿Entiendes qué?

                -Piensa Hermione, piensa…

                -¿SABES? Es mejor que te vayas, y que me dejes pensar en paz… -se excusó la chica indicándole la puerta.

                -¿Por qué? ¿Te pongo nervioso? -dijo volteando y mirándole con locura. -¡¡¡¡Nooooo!!!!

                -¡¡Entonces mírame!! Deja de evadir mi mirada… ¿qué no te das cuenta que solo así puedo decirte… lo que siento, ¿qué no te has dado cuenta?

                Hermione se quedó en silencio… en ese silencio pendenciero y devastador. si, ella se había dado cuenta hace mucho… desde esas veinticuatro horas en el bosque, pero nunca se había atrevido a decir lo que veía en esos ojos grises arrolladores, libidinosos y desenfrenados; por miedo a una burla o a un rechazo.

                -¿Y qué se supone que me están diciendo ahora?-preguntó La chica algo amenazadora.

                -¿Qué no lo adivinas?

                Sí, sí lo adivinaba… y mientras tanto, las manos de Draco comenzaron a pasar sigilosamente por detrás del cuello suave de la chica.

                -¿PERO SERÍA LO QUE ELLA PENSABA?, ¿SERÍA AMOR?





12.- Sorpresas Pendencieras

28 09 2009

He aquí el doceavo capítulo de nuestro querido fan.fic, de Harry Potter, señoras y señores. Lamento profundamente la tardanza que me llevó componerlo ortográficamente, pero al fin llega para que lo sigan disfrutando, pues los otros dos capítulos se pusieron bastante buenos. Este está un poco más tranquilo… o así lo considero yo. El que viene si está de nuevo sobre el carril, hahaha. No se pierdan!!!

Pink Ginny

-Buenas, queridos alumnos… ¿se divierten? -preguntó Snape cruzando los brazos.

                Hermione soltó a Draco con un fuerte golpe. Sus ojos se desorbitaron y comenzó a sudar exageradamente; estaba asustada por lo que podría hacer el profesor en su contra… si avisaba al director… ¡¡o a sus padres!! Se enteraría todo el colegio y no estaba dispuesta a cargar con una mala fama.

                Lo que pensaba Draco no era diferente. Ya veía la reacción de su padre cuando se enterara de que se había relacionado con una Gryffindor, ¡¡¡con una sangre sucia!!! Debía convencer al profesor de que guardara silencio… debía hacerlo, sino, su imagen de “rey Slytherin” quedaría por los suelos.

                -Profesor Snape… esto tiene una explicación… -dijo Draco levantándose del suelo y dirigiéndole una mirada de recelo a Hermione.

                -¿Una explicación? Pues me gustaría escucharla… si no es convincente, me temo que tendré que hacérselo saber al director y a sus respectivas familias… me daría mucha pena hacerlo… lo digo por usted señor Malfoy, claro…

                -Sí profesor Snape… esto tiene una explicación… -se atrevió a decir Hermione en voz suave. Se bajó la falda.

                -Yo le explicaré profesor… -comenzó a decir Draco -lo que pasa es que… es que Hermione, perdón, Granger, me ha estado seduciendo… y bueno, yo soy un hombre… y no puedo mantenerme indiferente cuando alguna chica se te ofrece de la forma en que lo hizo Granger…

                Hermione abrió la boca. Estaba enojadísima. Draco la estaba haciendo quedar como una “ofrecida”. ¿Pero que más podían inventar? Maldita sea, no se le ocurría que otra cosa podía hacer para salvarse… pues posiblemente si Hermione hubiera dicho lo mismo de Draco el profesor no le habría creído y no estaría sonriendo como lo estaba haciendo ahora. Se puso a las espaldas de Draco y le pellizcó el brazo murmurando: -Me las vas a pagar Draco, juro que me las vas a pagar -Hermione agachó la cabeza.

                -Bien… eso me convence… ¡¡¡no pudo decir algo mejor para creerle!!! ¿Quién no creería algo tan obvio? -dijo Snape riendo y dando media vuelta.

                -Sí profesor… es obvio… -contestó Draco mirando a Hermione que estaba con la cara encendida.

                -Ah… pero esto no va a quedarse así… -dijo el profesor volteando para mirar con un repentino odio en sus ojos negros -no van a librarse de un castigo… mi silencio no les saldrá gratis… ¡ah!, Granger, abróchese la blusa y acomode su ropa interior, no quiero más espectáculos -el profesor Snape se marchó riendo a carcajadas, mientras Hermione obedecía.

                -Estoy seguro de que mi mentira funcionará a la perfección… no creo que el castigo sea muy severo, además vienen los exámenes finales…

                -¡¡¡Quieres callarte!!! ¡¡¡¡Cómo pudiste ser capaz de hacerme algo así!!!! -gritó Hermione encolerizada. Pero Draco Malfoy pareció no escucharla.

                -… y no creo que le guste que me vaya mal, soy su alumno preferido y eso no le conviene, aunque no estoy seguro si contigo hará lo mismo…

                -¡¡¡¡No te hagas el que no escucha Draco!!! Te conozco muy bien y sé perfectamente que pretendes, ¡¡¡pretendes que me enoje contigo!!! Pues bien, te felicito ¡¡¡lo lograste!!!

                -… pero si hablaras con la profesora McGonagall, podrá ayudarte a que te libres de limpiar el salón dos semanas completamente… -Draco sonreía para sí. Sabía perfectamente que su voz irónica molestaba a Hermione… pero su propósito era ese. Disimulaba muy bien la mirada que le dirigía, con la que notaba sus manos enroscadas, su cabello erizado y el fuego de ira que disparaban sus ojos.

                -¡¡¡¡Si no te callas tú, lo haré yo misma!!!! –“BINGO”, pensó Draco…

                -Eso me gustaría verlo -dijo Draco sonriendo malicioso, pues había logrado su propósito. Hermione no entendió la relación que tenía esa frase consigo misma… al menos en los primeros segundos.

                -Pues eso será muy fácil… -dijo Hermione enojada.

                -Muy bien, te espero… -dijo Draco extendiendo los brazos, como entregándose.

                Hermione se acercó segura de lo que iba a hacer. Lo tomó firmemente de la cara y le plantó un beso tremendamente agresivo. Draco disfrutó esa faceta de beso que hasta ese momento no le había descubierto. Pero Hermione reaccionó a lo que estaba haciendo y lo soltó de desprovisto.

                -Esto era lo que querías… ¡¡¡me hiciste reaccionar como una idiota, como tú en esa noche en el bosque!!! Pues te daré una nueva forma para hacer callar a una persona… -le gritó la chica furiosa. Aunque de todos modos, saboreó el beso, gustosa por su sabor especial… más especial que otros.

                -Calma Hermione… lo hice solo para que entendieras mi reacción… para que así supieras…

                Hermione tomó aire, y le propició una cachetada a Draco que lo dejó mirando para atrás.

                -¿Ves como si funciona? -le dijo antes de marcharse para almorzar.

                -Maldita ramera… -murmuró por lo bajo, Draco sobándose por el dolor.

 

-*-

 

                -¿Qué te pasa Hermione? Tienes una cara como si fueras a hacer castigada por Snape…  -comentó Ron, mirando a la chica que llevaba el entrecejo fruncido y que lo miró con asombro por su comentario- ¿Qué? ¿Es eso?

                -Si… es eso… -respondió mientras miraba con languidez su plato intacto.

                -¡¡Un nuevo castigo!! Tienes una suerte para ser castigada. Mmm… déjame adivinar,-dijo poniendo su mano en la barbilla, serio- ¿Malfoy también?

                Hermione asintió tristemente.

                -¡¡¡Lo sabía, lo sabía!!! ¿puedo saber por qué? -preguntó Ron interesado, pues dejó el tenedor a un lado y alejó el plato con decisión.

                -Bueno… -empezó a decir Hermione mientras se le encendían las mejillas-. Hace un rato, Draco y yo… estábamos afuera, conversando… y el profesor Snape llegó de desprovisto y nos castigó…

                -¡¡Por dios Hermione!! Jajaja… nadie castiga a nadie por estar “conversando”, no quieras engañarme… no soy como Harry…

                Hermione lo miró entristecida y a la vez con furia. Ron, dándose cuenta de su indiscreción, prefirió callar y cambiar de tema.

                -¿Me podrías ayudar con transformaciones? -dijo poniendo cara infantil.

                Pero Hermione ya se había puesto de pie y se disponía a marcharse.

                -Vamos Hermione, no te enfades… lo siento, no me di cuenta… tú sabes que no lo hago con la intención de hacerte sentir mal…

                -No Ron, tú no eres el culpable… solamente yo tengo la culpa… y ya llegará el día en que puedas nombrar a Harry en mi presencia… por ahora, es mejor que me vaya…

                -Sí… es mejor que te vayas… -dijo finalmente Ron.

                Hermione se dirigió nuevamente a las afueras del castillo. Necesitaba tomar aire y pensar las cosas que debía hacer más adelante. Hermione debía pensar que haría con el recuerdo vivo de Harry Potter, y el amor que decía sentir Draco Malfoy.

               

-*-

 

                -Harry… ¿qué quieres ahora? -preguntó Ron mientras se aseguraba que Hermione ya se hubiera perdido de vista.

                -Ron por favor, no me hagas sentir peor de lo que me siento… estoy tan mal Ron, necesito tu ayuda, no me evadas nuevamente… -le dijo Harry a modo de suplica mientras se sacaba los lentes.

                -Eso debiste haberlo pensado antes… antes de engañar a Hermione, antes de engañarla con mi hermana, y antes de que, antes de que… de que perdieras mi confianza…

                A Harry, una lágrima se le deslizó por la mejilla lentamente, hasta llegar a la comisura de sus labios. Todos se habían dado cuenta de la escena tan dramática, y las mujeres ya comenzaban a mirar con odio a Ron. Así que no tuvo más remedio que aceptar.

                -Está bien Harry… hablaré contigo… -le dijo tratando de parecer amable dándole unos golpecitos en el hombro.

                -¡¡Gracias ron, tú sí que eres un verdadero amigo!! -le dijo tomándole del brazo y obligándolo a un abrazo.

                -¡¡Bravo, bravo, bravo ron, así es un amigo!! -gritaron varios de la mesa y aplaudían todos sin excepción alguna.

                -¡¡¡Siempre haces lo mismo!! -reclamó Ron enojado mientras buscaba a Errol con la vista.

                -Algo tenía que hacer para que me tomaras en cuenta, y si debía hacerlo usando mi fama y unas cuantas lágrimas, perfecto… -contestó Harry, mientras Hedwig le daba algunos picotazos en la mano.

                -Pues bien, te escucho… ¿qué quieres decirme?

                -Bueno… no sé si todavía amo a Hermione… creo que sí, pero de todas formas sé que siento algo por Ginny… aunque no es amor, y por Hermione sí es amor, aunque tampoco estoy seguro de eso, porque…

                -¡¡¡Alto, alto, ALTO!!! -gritó Ron algo irritado-. Mi opinión mi querido “fiel”, es que escuches tu corazón. Eso es todo, él te dirá a quién extrañas más… -le dijo dejando volar a Errol, y levantándose de la mesa. Pero Harry lo detuvo.

                -Pero… tengo la sensación de que no estás siendo completamente sincero… mírame a los ojos Ron.

                Ron se detuvo a medio levantarse, pero terminó por hacerlo y dio media vuelta.

                -¿Sabes algo Harry? ¡¡No, no estoy siendo sincero!! Me llena de cólera escucharte dudar ahora, ahora, y no cuando me pedías de rodillas que no me enfadara contigo por amar a Hermione y abandonar a mi hermana, ¡¡¡cuando me pedías de rodillas de que no me enojara cuando me quitaste la oportunidad de amar a Hermione!!! Me das una rabia, ¡¡¡debí decirte que no te acercaras a Hermione!!! ¡¡¡Debía de haberme atrevido a conquistarla!!! Pero tú me convenciste de que ella no me amaba, y de que nunca lo haría, ¡¡tú cuando me contabas como te miraba, cuando me mostrabas las cartas de amor que ella te enviaba!!! ¡¡¡Te has llevado todo Harry Potter!!! ¡¡¡Y yo te dejado hacerlo!!!  Todo, ¡¡¡absolutamente todo!!!

                Ron se había puesto colorado y luchaba por controlar su respiración agitada. Harry lo miró con los ojos abiertos y continuó mudo durante un largo momento… mientras pensaba como habían pasado las cosas y se daba cuenta del daño inconsciente que le había hecho a su mejor amigo, a Ron.

 

-*-

 

Hermione miraba el cielo ya bastante oscuro con melancolía, pero aún así, con recelo. No entendía que le estaba pasando. Hace solo unos meses se sentía la mujer más feliz del mundo por tener a Harry Potter como novio… y ahora, se sentía igual de feliz, pero por no tenerlo. Miró su reloj… la fecha marcaba claramente 17… ¡¡¡17!!!, si todo hubiera salido perfectamente, ella hoy, habría estado cumpliendo exactamente 6 meses con Harry Potter, medio año…

                Pero se debía resignar a que su futuro, su destino ya estaba trazado, y lo estaba junto a Draco Malfoy. Era algo realmente increíble que Draco hubiera resultado su verdadera pasión, su verdadero amor, y que más encima, como si no fuera suficiente, le debía la vida…

                Comenzó a llorar profundamente. Con ese dolor que es inconsolable, ese dolor que nadie entiende y a nadie parece importarle. Recordó a Ginny, a su mejor amiga… cuando aún lo era. Tenía en su mente aún ese momento en que ella llegó tan contenta diciendo que Harry le había pedido ser su novia… y recordaba también como ella le deseó la muerte en ese preciso instante… en que se propuso separarlos para siempre… pues Harry Potter debía ser para ella, solo para ella.

                -Hermione… el profesor Snape te llama a su oficina… -dijo una voz trémula.

                La chica no pudo reconocerla de inmediato. Pero en cuanto volteó, pudo ver una cabellera negra desordenada, mirando hacia abajo. Se secó las lágrimas para no estar siendo engañada… justo en ese momento el chico levantó la mirada y avanzó unos pasos, provocando que la luz de la luna le iluminara el rostro; le clavó una mirada verde esmeralda, haciendo que Hermione se sobresaltara y que su corazón se le detuviera un instante.

                -Harry… eres tu Harry… Harry Potter… que sorpresa… que sorpresa más pendenciera…

                Harry se limitó a asentir levemente, antes de acercarse.

AUTHOR: Mapache

POSTED BY: Charles Ryder on Le Blogué





11.- Extendiendo Las Alas

10 09 2009

Bloguérs!!! Un gusto saludarlos de nuevo. Me disculpo sinceramente debido a la falta de agregue que he tenido últimamente, pero la cosa se ha puesto pesada en el college. Tengo ya algunos posts preparados por ahí, así que esperen tener buenos renglones que leer pronto, y de mientras, lo que ya faltaba y que por las vista me imagino que ya andaban esperando, el onceavo capítulo del fan-fic de Harry Potter, que los dejó a todos ardiendo en su entrega anterior, y que advierto que en esta, no es la excepción. Me disculpo una vez más por tardarme en subirlo, y simplemente, les digo… no se pierdan!!! Por cierto, tengo que ir a ver todo lo de abajo, al cine…

Ginny and Harry kiss

Ginny no se atrevió a decir ni una palabra. Más bien, solo hizo un gesto de culpa tapándose la cara, aunque Hermione suponía que lo hacía para ocultar la risa. Y tenía razón. Harry, levantó la mirada, se sacó los lentes y se acercó a Hermione con paso cauteloso. Draco reía estruendosamente; se sentía feliz.

                -Hermione… déjame explicarte… -dijo Harry en un tenue susurro.

                -¿Qué tienes que explicarme? La situación habla por sí sola, señor Harry Potter -dijo la chica castaña, con tono mordaz, y dejando salir algunas lágrimas mientras cruzaba los brazos y se apoyaba en una pierna.

                -Pero no es como tú piensas… -dijo Harry poniéndose enfrente de ella.

                -Ah, vamos Potter… no te avergüences, una canita al aire, se la da cualquiera -comentó Draco riendo divertido.

                -¡¡¡TÚ CÁLLATE!!! -dijeron Hermione y Harry al unísono.

                -Está bien. Está bien… yo sólo decía… -Draco levantó las manos en señal de inocencia.

                -Hermione… -dijo Harry -debemos hablar, ahora.

                -¿Ahora? No gracias, no me siento bien como para hablar contigo… -respondió Hermione tocándose la cabeza. Además sintió un fuerte dolor de estómago.

                -Pero… por favor… -suplicó Harry.

                -Está bien… pero solo te daré un adelanto -Hermione lo miró furiosa, levantó la mano y le propició una fuerte cachetada a Harry en la mejilla derecha.

                Harry se sostuvo la mejilla con aspecto deplorable. Ginny, reaccionando por el fuerte ruido, se acercó y comenzó a consolarle.

                -¡¡¡¡Harry, Harry!!! ¡¡¡Mi amor!!! ¿Estás bien?

                -Vámonos de aquí Draco… no quiero pegarle a alguien más -dijo Hermione volteando y haciendo ademán de que Draco le sujetara el brazo.

                -Sí, vamos… tú necesitas dormir y yo… reír en mi habitación

                Draco le sujetó el brazo y la encaminó a sentarse en una banca, mientras esperaban que los profesores dieran la señal de que debían irse. Debería ser pronto, pues ya había comenzado a oscurecer.

                -¿Qué te parece? -preguntó Draco echándose para atrás y poniendo sus brazos detrás de su rubia cabeza.

                -¿Qué me parece qué? -dijo Hermione sin mirarlo.

                -Que te haya engañado, y que haya tenido el descaro de reclamarte de la forma en que lo hizo.

                -Que es un maldito gusano como todos los hombres… -dijo ella, mirándolo. Sus ojos se volvieron tristes y comenzó a llorar con ganas.

                -¡¡No generalices!! Yo no soy igual que ese Potter… -Draco esbozó una mueca de molestia.

                -No, claro que no son iguales… ¡hip! Tú eres peor… ¡¡¡de nuevo ese maldito hipo!! ¡Hip!

                Draco sonrío al notar que el hipo no se le iba a Hermione.

                -Deja de reírte… esto no es gracioso… ¡hip!… -Hermione no pudo aguantar la risa que le provocaba sentirse ebria.

                -Creo que mañana, nadie sabrá de ti… -comentó Draco mientras intentaba disimular su mano que pasaba por detrás de su cabeza.

                -Tienes razón… ¡hip! -Hermione se acercó tímidamente a la boca rosa del chico que ya le había abrazado.

                -¿Qué intentas hacerme Granger? -preguntó Draco buscando sus labios. Ya había cerrado los ojos.

                -¿Que no parece obvio? Besarte, claro… -puso una mano en su rostro helado y acercó el suyo.

                Draco se preparó para recibir un beso… hasta colocó sus manos en la cintura de la chica. Pero solo recibió un cuerpo inerte en sus brazos. Hermione se había quedado dormida.

                -¡Bien! ¡Lo único que me faltaba! Que una mujer me deje con las ganas… -se separó de ella y la recostó en el asiento -¡¡Y ahora que hago con ella!! No me la puedo llevar yo… tendré que ir por sus amigas… ¡¡vaya que suerte!!

                Parvati y Lavender se acercaban hacia él con pasos inseguros.

                -Llévense a esta ebria por favor… no lo quiero hacer yo…

                -¡¡¡¡JAJAJA!!!! -recibió como respuesta por parte de una Lavender que se esmeraba por sostenerse en Parvati -¡¡¡Hermione está ebria!!! ¡¡¡Jajaja!!!

                -¡¡¡Esto es algo que no se ve todos los días!!! Jajaja… -dijo Parvati sentando a Lavender, y sentándose también ella en el mismo asiento en donde Hermione ya estaba roncando.

                -Iré por alguien que las lleve –dijo Draco, asqueado -¡¡Qué problema son los ebrios!!

                Draco se encaminó apresurado hacia Las Tres Escobas. No era muy conveniente pedir ayuda a un Slytherin, no se vería bien en él. La única opción era pedirlo con alguno de su casa. Para su sorpresa y también su asco, se encontró en la mesa donde un pelirrojo se tiraba los cabellos.

                -¡Hola Weasley! -saludó Draco, irónico, logrando la atención del chico que lo miró con odio.

                -¡¡Vete de aquí Malfoy!! –respondió Ron, fúrico. Draco se fijó que había estado llorando.

                -Ah, no llores más… a no ser que quieras las lágrimas para un poco de sal… bueno, no he venido a molestarte…

                -¿Ah? ¿Entonces qué demonios quieres? -preguntó Ron, indignado.

                -Escucha, si es que te lavaste los oídos, allá afuera, están Lavender y Parvati sentadas totalmente ebrias…

                -¿Y qué tengo que ver yo con ellas? -dijo Ron con cara de indignación. Se puso de pie y ostentó su gran pecho.

                -Ah, es cierto lo olvidaba nombrar a alguien más… las acompaña, (y te aseguro que es la peor de todas), Hermione…

                -¿Hermione? Diablos… nunca lo pensé de ella…

                -Si quieres impedir que expulsen a tu mejor amiga Weasley, es mejor que vayas por ellas… las otras dos, si quieres las dejas ahí… bien, no me queda nada más que hablar contigo Weasley, hasta nunca -Draco volteó, así que no vio la cara de incertidumbre de Ron, quien no hallaba qué hacer, si dejar a Hermione ahí o ayudarla. Su cabeza no le daba ninguna orden. Solo su corazón acelerado le decía que fuera corriendo a buscarla.

                -Todos los alumnos de Hogwarts, vengan conmigo… ¡¡nos vamos ya!! -se escuchó la voz de la profesora McGonagall.

                -Bien, después de todo –se dijo Ron en voz alta -me porté muy mal con ella… y resulta que mi “amigo defendido”, también lo hizo. Sí, es mi amiga… mi mejor amiga y no debo dejarla sola.

                Tomando finalmente la decisión, Ron salió corriendo de Las Tres Escobas para buscar a su amiga. Su pelo rojo saltaba nervioso por encima de su cabeza. Comenzó a transpirar a medida que se acercaba a unos asientos.

                A esas alturas, Parvati estaba apoyada en el hombro de Lavender, y Hermione sobre el estómago de Parvati. Lavender, que era la más lúcida, habló:

                -Ron… ¡¡¡si… es el guapo Ron Weasley!!! -soltó una risa estruendosa.

                -Calla Lavender… tenemos que irnos de aquí… los alumnos ya van a partir… -dijo Ron preocupado, acercándose a la chica, pero sin evitar ponerse colorado por el piropo de Lavender, aunque fuera de alguien ebria.

                -¡¡Oh, demonios!! No te preocupes… -se puso de pie sin tanto problema -yo me llevo a Parvati… estoy acostumbrada a cargarla.

                -Perfecto… yo me llevo a Hermione -Ron hizo que la chica se apoyara en su hombro. La cubrió con una capa para que no se viera que iba profundamente dormida.

 

-*-

 

                Hermione despertó con la luz del sol encima de sus ojos. Se sentó en la cama y pudo corroborar que un fuerte dolor de cabeza le hacía retumbar por dentro. Su pelo estaba desordenado, más de lo normal… miró su ropa y pudo fijarse en que llevaba su pijama al revés. Alguien debió habérselo puesto, pues no recordaba que ella lo hubiera hecho. Miró a su alrededor, aún con los ojos un poco pegados por las lagañas matutinas y pudo observar como Parvati resoplaba en su cama, llevaba la misma ropa que el día anterior, y ni siquiera había sido tapada con alguna cobija. Lavender, estaba con su pijama y no tenía tan mal aspecto como Parvati.

                Quiso hablar, pero la boca le detuvo… no podía… un sabor amargo, agrio le impedía mover la lengua. Corrió al baño a lavarse los dientes.

 

-*-

 

Ron despertó con el crepúsculo. No había podido dormir mucho, por lo que prefirió levantarse. Miró a su lado. Harry Potter, ya no estaba. Rápidamente el dolor del engaño le envolvió los pensamientos. Era absurda la actitud que había tenido ante la infidelidad de Hermione… no, no era absurda, era descarada. Se sentía doblemente mal, en haber tratado tan mal a Hermione, en no haberla escuchado y no dejarla explicar sus razones. Se sentó en la cama y comenzó a vestirse lánguidamente. Estaba en eso, cuando un chico de pelo negro azabache y ojos verdes se tiró de un salto en una cama que estaba enfrente de él. Ron no quiso hablarle a Harry, pero él sí a Ron.

                -Ron, necesito que me escuches… quiero un consejo… -dijo una voz quebrantada que no se oía bien, pues una almohada le dificultaba su audición.

                Ron continuó poniéndose los calcetines y no le dirigió ni siquiera una mirada. Harry al no recibir respuesta, volteó para mirar a su amigo.

                -Ron, por favor… no sé qué hacer… he estado todo este tiempo sin saber qué hacer… no había querido decírtelo, temía a tu enojo… Ron… Ron, mírame, solo mírame… -dijo Harry en tono suplicante.

                -Harry… mi amigo Harry, no soy el indicado para darte ningún consejo -dijo Ron atando los cordones de su último zapato -a no ser, que matarte sea una solución para ti… -diciendo esto ron abrió la puerta y se marchó a paso seguro.

 

Flashback de conversación de Harry y Ginny

 

                -Harry… no te permitiré que me trates como un objeto… soy un ser humano… ¡¡¡un ser humano que te ama!!! -gritó Ginny llorando.

                -Ginny, por favor… solo te estoy diciendo que no quiero precipitarme a tomar ninguna decisión… no quiero equivocarme.

                -¿La amas aún? -le preguntó Ginny interrumpiéndolo.

                -¿Qué? ¿Qué si la amo aún?… ¡¡Estás loca!! ¿Amarla después de su traición?

                -¿La amas? ¡¡¡Responde con la verdad!!! -dijo Ginny furiosa mirando directamente los ojos de Harry.

                Harry guardó silencio durante un gran momento. Miró al suelo, como si la respuesta estuviera grabada en el piso. Titubeaba en su respuesta. Era obvio que debía decir que “No” sin duda alguna… pero no podía olvidar la sensación que había sentido al hacerla su novia… en hacerla suya por primera vez… era una historia muy hermosa, y no concebía que ambos la hubieran traicionado de esa forma.

                -Ginny… -dijo al fin mirándola con ojos vidriosos – Sí… creo que aún la amo…

                Ginny no se sorprendió. Más bien esbozó una sonrisa débil. Una tímida lágrima rodó por sus mejillas antes de dar la vuelta y marcharse. Harry se dirigió de inmediato a su cuarto, para intentar hablar con Ron.

 

-*-

 

                Pero Ron no había querido escucharlo. Sabía que estaba cometiendo el mismo error que con Hermione, pero una sensación, le impedía acercársele. Después intentaría hablar con él. Llegó a la sala común. Obviamente no había nadie, era muy temprano como para ver a alguien. Miró a la mesa y se encontró con algunos libros. Eran de Hermione. Tomó uno sin mucha energía y leyó el título: “Lo Que el Viento se Llevó”. Se sentó en el sillón y comenzó a leerlo… parecía interesante.

                -Hola Ron… ¿cómo estás? -preguntó Hermione intentando ordenarse el cabello.

                -Hermione… hola… bien, yo estoy bien… ¿y tú? -dijo Ron dejando el libro a un lado.

                -Perfecta… aunque no tengo idea de cómo llegué aquí, lo último que recuerdo es… es a Harry y a Ginny… -dijo Hermione ruborizándose al comentar a Ginny, evadió la mirada de vergüenza de Ron mirando el suelo.

                -Bueno, yo te traje… Malfoy me dijo dónde estabas… ¡¡no sabes cómo lamento todo lo que te hice!! Nunca lo habría imaginado de Ginny… -gritó Ron cubriéndose su rostro, mojando sus manos con unas lágrimas.

                -No es tu culpa Ron… y no pienses que voy a reclamarte lo que me dijiste, estabas en todo tu derecho… Harry es tu mejor amigo y es obvio que te pongas así cuando alguien lo traiciona… no Ron, no llores más -dijo acariciándole su cabellera roja -me duele verte así… mejor dame un abrazo y todo olvidado.

                -Gracias Hermione… y perdóname por no haberte escuchado… -Ron se le echó encima.

                Hermione le contestó el abrazo con fuerza, mientras que tiernamente le acariciaba su cabello y su mejilla. De pronto recordó las últimas palabras de Ron… ¿Qué Draco le dijo qué?

                -¿Qué te dijo Draco, Ron? -preguntó Hermione separándose delicadamente de él.

                -Bueno -comenzó a decir Ron un tanto confundido -él me dijo dónde estabas y como estabas… lamentablemente sino hubiera sido por él, no te habría salvado de la expulsión… ¿por qué esa cara?

                -¡¡¡Esto es horrible!!! Ahora le deberé un favor a ese idiota… ¡¡¡¡Qué rabia!!!

                -Cálmate… ah, entonces, ¿debo suponer que entre ustedes existe algo, no?

                -¡¡¡¡Claro que no!!! Entre ese insensible y yo, no existe absolutamente nada… ¡¡¡¡nada!!!

                -¿Sabes, Hermione? No trates de engañarte a ti misma, me da pena decirlo, pero estoy seguro de que tú lo amas y que él, por una desconocida razón, te corresponde… ¡¡¡Libérate Hermione!!! Es hora de te permitas volar… de que extiendas tus alas y que te des otra oportunidad, aunque sea con Malfoy… extiende tus alas definitivamente, pero supongo que ya las has estado extendiendo, ¿o me equivoco?

                Hermione abrió la boca para hablar pero no pudo.

                -Es un buen libro Ron, te lo recomiendo totalmente… -dijo antes de dirigirse al baño.

                Ron esbozó una sonrisa divertida.

 

-*-

 

Hermione miró a Ginny por el espejo. Su mano asía todavía su cepillo dental. La miró con odio y repulsión. Ginny se secó las lágrimas rápidamente y le devolvió la mirada.

                -Hola querida Hermione… ¿cómo va la resaca? -preguntó la chica abriendo la llave a un lavador continuo al de Hermione.

                -¿Cuál resaca? Me siento muy bien… ¿cómo está tu novio? -preguntó tomando su toalla.

                -¿Te refieres a Harry?

                -¿Hay alguien más en tu lista? -volvió a preguntar Hermione poniéndose a sus espaldas.

                -Harry… Harry aún ama a cierta jovencita propensa a las infidelidades y con cierta estupidez… -respondió Ginny hundiéndose en el agua fría.

                -¡No me creas idiota, Ginny! Él no me ama… ya no me ama… -dijo Hermione volteando para irse, no sin antes soltar una carcajada sarcástica.

                -Aunque no lo creas, Harry está siendo lo suficientemente estúpido como para seguir amándote.

                -Pamplinas… -fue lo último que dijo Hermione antes de irse al comedor.

 

-*-

 

-Draco… ahora no… necesito estar sola… -dijo Hermione evadiendo sus ojos grises mirando hacia la casa de Hagrid.

                -¡¡Pero no es posible!! Ahora estás libre, ¡¡¡completamente libre querida infiel!!! –dijo Draco, tomándola por el brazo.

                -¡¡¡Suéltame ya!!! -le gritó totalmente irritada empujándolo.

                -¡¡¡¡Ya me colmaste mi paciencia muñeca!!! -Draco la tiró al suelo y se puso encima de ella. Le dirigió una mirada severa, no dispuesta a ceder ante nada ni nadie.           

                -Draco… por favor… déjame ir… -le suplicó Hermione tratando de soltarse de los brazos fornidos del chico. Le miraba de tal forma, que Hermione se sintió asustada.

                -No es posible… ¡¡eres la primera chica que me lo dice, que creo que me lo dice de verdad… no es justo que me estés evadiendo… conmigo no se juega Granger… no se juega!!

                -¿Qué estás diciendo? ¿Qué te dije qué? -preguntó Hermione sorprendida, sin comprender lo que estaba escuchando.

                -¡¡No te hagas la desentendida!! No lo hagas, porque no pienso repetirlo… rayos, ¡¡¡y yo también te lo dije!!! -dijo Draco soltándola de los brazos.

                -Draco… ¿me dijiste algo? ¿Cuándo? –preguntó Hermione sin moverse de debajo de Draco, a pesar de que este ya la había soltado.

                -Pero… pero tú también me lo dijiste… ayer, después de ver a Potter y a la chica Weasley… en la banca… ¡¡¡tú me lo dijiste!!!!

                Hermione guardó silencio para tratar de recordar. Pudo acordarse cuando se sentó con él en aquella banca… y cuando le dijo…

 

                -¿Te dije que te amaba no es verdad? ¿Eso dije? -dijo Hermione anhelando que no fuera cierto.

                -Sí… eso me dijiste… -dijo Draco sonriendo ante su triunfo.

                -Y… y tú también me lo dijiste… tu también… ¿no? -dijo en un tenue susurro por el miedo de que se estuviera equivocando.

                Draco se levantó de encima de ella. Le dio la espalda y cruzó los brazos. Hermione se puso de pie y le puso una mano en el hombro. Draco con una mirada tajante la hizo retirarla de inmediato.

                -¿Tú también me lo dijiste? ¿Me amas?

                Draco volteó hacia ella y le miró con cierta rabia. Tenía rabia, porque era cierto… él le amaba, por primera vez en sus libres relaciones en que amaba a una chica… a una mujer.

                -Me llena de furia… me llena de cólera el admitirlo… Hermione… pero te amo.

                Hermione soltó una lágrima que rodó tiernamente por sus mejillas. Le tomó la cara con sus suaves manos para poder ver la cara de Draco.

                -Esto… esto es imposible… -dijo Hermione -pero amar… amar es una palabra tan grande.

                -¡¡¡Pero es lo que sentimos Granger!!! Tú eres mi destino… y yo soy el tuyo… lo demostró el hechizo… -dijo Draco indignado tomándola de los hombros y sacudiéndola con energía.

                -¿Yo tu destino? Eso es imposible… -dijo Hermione mirando hacia el suelo.

                -Es algo estúpido… pero es cierto… ¡¡nunca debí acercarme a ti!! -gruñó Draco apuntándola con su dedo índice entremedio de su pecho abultado.

                Hermione miró el dedo blanco de Draco con melancolía. Era extraño. Draco, Draco Malfoy le amaba… no se lo dijo de la forma en que habría soñado cualquier chica, ni tampoco le estaba prometiendo que en cinco años más se casarían… estaba siendo grosero, petulante y agresivo, como ella lo hubiera imaginado de un Malfoy.

                -¡¡¡Y yo tampoco debí permitirte que me pusieras un dedo encima!!! No sé en que estaba pensando cuando… cuando me entregué al peor hombre de este mundo… eres el peor animal, eres el ser más ruin y descarado que existe en la faz de la tierra… -decía Hermione levantando la vista y sacándole el dedo con asco -¡¡¡No sé que estaba pensando cuando engañé al mejor novio que alguien puede tener!!!

                -¿Podrías mantener tu bocota cerrada por un momento?

                -Pues no quiero, no quiero callarme…

                -¡¡¡Sí no te callas te…!!!

                -¿…acaso lo harás tú? ¡¡¡Eso me gustaría verlo!!! Porque nadie me va a impedir que te diga todo lo que te mereces… todo lo que me has hecho es…

                -Ahí vamos de nuevo… ¡¡no te das cuenta que así empezó todo!! -le dijo agarrándola por la cintura.

                -No te… no… no te entiendo… ¡¡¡yo solo te estoy diciendo lo que pienso!!! -alegó Hermione buscando los labios de Draco inconscientemente.

                -¿No recuerdas esa noche en el bosque? Pues… así fue como terminé besándote… como terminé haciéndote el amor.

                Hermione abrió los ojos sorprendida. No quería aceptarlo… no podía admitirlo. Draco tenía razón… ¡¡tenía la asquerosa razón!!

                -No Draco… eso… aquello no pasó así.

                -Draco se acercó a los labios de la chica peligrosamente. Posó sus rojos labios en los de ella. Sentía de nuevo su respiración cerca… los latidos de su corazón andaban de nuevo al ritmo de Hermione.

                -Es hora de que extiendas las alas amor mío… extiende tus alas… extiéndeme tus alas…

                Le susurró antes de besarla frenéticamente… antes de tirarla al suelo… antes de recorrerle el cuerpo con unas manos sedientas de pasión… antes de que Hermione le desordenara el pelo y le besara hasta el cuello… antes de que Draco se sacara la camisa… antes de que los viera Severus Snape.

AUTHOR: MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder on Le Blogué





10.- Infidelidades

24 08 2009

Qué onda de nuevo Bloguérs!!! Bueno, en vista de que el capítulo 9 tuvo excelente recepción y un buen número de vistas (de hecho, todos los capítulos han tenido un incremento últimamente), llega aquí el esperado número 10!!! Si les gustó el número nueve… haha, no podrán esperar a leer este, que revela muchas, muchas cosas. Pero se los advierto, está aún más largo que el anterior, eh… hahaha. Y sigue siendo muy curioso el modo en que llegan ustedes lectores a leer este humilde fan-fic. Así que… los dejo esta noche, con el décimo episodio de 24 Horas… no se pierdan!

Ginny cleaning Harry

-Harry, espera, ¿quién te dio eso? -preguntó Hermione sin lograr que Harry le prestara atención.

                -Ron… -llamó ella en tono suplicante, esperando encontrar alguna respuesta.

                -“Zorra” -fue lo único que consiguió por parte de un Ron Weasley furioso.

                -Este hechizo se usaba en la antigüedad, por los hombres más celosos. Esto sirve para saber si el hombre era la verdadera pasión de la mujer -Harry continuaba leyendo -este hechizo está prohibido por el Ministerio de Magia, ya que resulta muy peligroso para la mujer debido a que si ella besa, toca, o llega aún más lejos con su “no verdadera pasión”, puede provocarle la muerte.

                Hermione escuchaba en silencio. Se cubrió el rostro con las manos, ocultando sus lágrimas, que esta vez no eran de sangre, gracias a la ayuda de Draco. Harry seguía leyendo. Al llegar a la forma en que Hermione había sobrevivido, la voz se le quebró, se le iba quebrando cada vez más. Se escuchaban sollozos, con algunas interrupciones. Cuando Harry paró de leer, y Hermione de escuchar, se oyó un fuerte golpe:

                -Veo que te salvaron la vida -dijo Harry, fijándose en el labio de ella, que ya no llevaba la venda -¡Te felicito, no sabes cómo me alegro! -continuó irónico -¡Mírame cuando te estoy hablando!

                Hermione levantó la vista. Pudo ver como sus ojos verdes estaban rojos, Húmedos, claros por las lágrimas que deseaban salir.

                -Harry… escúchame… -dijo Hermione dolida, poniéndose de pie y estirando la mano para tocarle la mejilla. Harry se echó para atrás.

                -¿Qué me vas a decir ahora? ¿Qué te quedaste dormida y no sentiste como te cortó el labio? ¿Qué no sentiste cuando te besó? ¡¿Qué no sentiste cuando estaba sobre ti?! ¿Acaso te dio un somnífero en el jugo que te tomas por la mañana? ¡No quiero más de tus mentiras Hermione! ¡¡¡YA HE TENIDO SUFICIENTE!!! ¡¡SUFICIENTE!!

                Hermione guardó silencio un largo momento. Ya no había otra salida, todo se había descubierto. Aunque ahora se lamentaba por no haber llegado antes y contarle ella lo que había sucedido. Como tenía planeado.

                -Harry… ¿aún me amas? -preguntó la chica, cerrando los ojos con fuerza.

                -¡Qué pregunta tan descarada! -dijo Harry en tono agresivo. Luego, silencio.

                Cuando Hermione abrió los ojos, ya no había nadie delante de ella, salvo Parvati y Lavender.

                -Creo que la profesora falló un poco en su predicción… -dijo en tono decepcionado Lavender.

                -Debió ser por las energías que irradió la luna en la noche pasada -dijo Parvati en tono de excusa.

                Hermione tomó sus libros y se dirigió adelantada a su clase de Pociones. No estaba de ánimo para escuchar las idioteces de las cotorras más grandes de Hogwarts. Se dirigió con pasos estúpidos a las mazmorras. Sin dejar que las lágrimas le dificultaran la vista. Era el primer día de todos los años que llevaba en Hogwarts en que no deseaba ir a clases, en que deseaba inventar una enfermedad o desaparecer durante un buen tiempo.

                Hermione sentía una sensación extraña. Ella se había despertado con el fin de decirle todo a Harry de todas formas… no entendía por qué entonces ahora le dolía tanto. Era una de esas cosas en que tú no sabes si sucedieron para acabarte la vida o para construir tu futuro.

                Entró en el salón y en éste solo había una persona: Draco Malfoy.

                -Supongo que esta vez si te castigaron, ¿no? -dijo Draco sonriendo.

                -Cállate, no estoy de ánimo para soportar tus estupideces -respondió Hermione de mala gana sentándose en un asiento de adelante.

                -No vengas a quejarte Granger, esto te lo merecías… -dijo Draco con rudeza en sus ojos grises. Se acercó cauteloso al puesto de la chica, sentándose en la mesa de ésta.

                -¡Cállate ya! -dijo Hermione poniéndose de pie, percatándose recién que Draco estaba enfrente de ella. Sus miradas se encontraron de nuevo.

                -Agradéceme por lo que hice, tú nunca habrías sido capaz… -dijo Draco poniendo su nariz sobre de la de ella. Hermione tembló con exageración.

                -De todas formas, yo hoy se lo iba a decir… no tendrías que haberte entrometido -dijo Hermione furiosa, queriendo matarlo en ese instante.

                -De cualquier manera se habría enterado… ¿qué más da quién se lo haya dicho, tú o yo? No veo a diferencia -dijo Draco en un tenue susurro, mientras buscaba los labios de la chica con disimulo.

                -Cómo se nota que no sabes nada del amor Draco, no sabes tomar en cuenta los sentimientos de otra persona -dijo Hermione tratando de juntar sus labios con los del chico.

                -¿Y tú sí lo sabes? Ah, vamos, eso no habría cambiado en nada tu infidelidad… -dijo  él rozando levemente sus labios, mientras luchaba en no cerrar los ojos.

                -¿Cómo sabes eso? -dijo Hermione en palabras temblorosas y con un tono libidinoso.

                -“LA INFIDELIDAD, ES INFIDELIDAD SIEMPRE, SERÍA LO MISMO, TE HABRÍA MANDADO AL DIABLO DE TODAS FORMAS”-comentó Draco como quien está dando una clase de Filosofía.

                -Maldito seas -dijo Hermione separándose de él, y empujándolo con fuerza.

                Draco sonrió gustoso y se volvió a su puesto. De inmediato comenzaron a llegar todos a la clase. Entre ellos Harry Potter.

                Hermione evitó mirarlo y lo hizo muy bien. Casi enseguida llegó el profesor Snape más furioso que de costumbre.

                -¡Siéntense inútiles! En el día de hoy no habrá opción de ser un vago ¿está claro? -dijo mirando con recelo a toda la clase.

                Todos los alumnos asintieron con movimientos lánguidos. Hermione se preparó para soportar una de las clases más pesadas de toda su vida. Aunque estaba segura de que cualquier método, no la salvaría. Snape dio indicaciones de sacar los libros, y así lo hicieron. En cuanto vio a Hermione se le marcó una sonrisa en su rostro apagado.

                -Veo que su herida ya sanó Granger… ¡ha sido un milagro! ¿No lo cree?

                La chica levantó la vista, y lo miró nerviosa. No hallaba qué decir. A una distancia muy corta estaba Draco que había tragado saliva sonoramente.

                -Sí profesor, parece un milagro -contestó Hermione tratando de actuar con normalidad.

                -Espero que ya no se le presente ninguna dificultad Granger… cuídese de meterse en problemas… -dijo el profesor en tono sarcástico.

                -No veo por qué he de hacerlo -contestó Hermione con un poco de severidad en sus palabras.

                -Yo sólo le advierto señorita ¡y a usted también señor Malfoy! -dijo volviendo de repente su odio hacia el chico.

                La clase se sumergió en murmullos. Esta vez la indirecta del profesor había sido lo suficientemente clara. Todos ya estaban enterados de que “algo” había pasado entre Draco Malfoy y Hermione Granger, entre un Slytherin y una Gryffindor. No dos simples cualquiera, sino, los que se decía que eran los que más se odiaban… claro, antes de esas veinticuatro horas.

 

                En cuanto terminó la clase, Hermione salió corriendo desesperada hacia su dormitorio. Agradecía que fuera viernes y esas malditas horas hubieran pasado, pues no tenía ninguna clase más. Entró en su cuarto y se tiró como saco de papas a su cama. Tomó la almohada y con ella se cubrió la cabeza para no saber nada del mundo hasta el otro día. No tenía ganas de comer.

 

-*-

 

                -¿Irás a juntarte con Malfoy esta noche? -preguntó Ron a Harry mientras comía concentrado en su almuerzo.

                -No lo sé… no quiero convertirme en un masoquista -contestó Harry revolviendo el plato, sin introducir ningún bocado a su boca.

                -Ah, vamos, si en la nota te pidió que fueras, es mejor que vayas… así te enteras de todo de un solo viaje.

                -Pero me gustaría hablar con Hermione primero -dijo Harry alejando definitivamente el plato.

                -¡Pero Hermione te ha mentido todas estas veces! Draco, por ser más cruel, parece ser más sincero. Después hablas con Hermione y te das cuenta si te está mintiendo o no.

                -Tienes razón… iré a juntarme con Malfoy esta noche… en el lago, como me lo pidió.

                -Te deseo suerte amigo ¡¡y no vayas a estar llorando!! -dijo Ron riendo tratando de ser alegre.

                -¡¡Ni creas que lloraré!! -dijo Harry contento ofreciéndole la mano.

                -¡¡Así se habla Harry Potter!! ¡¡Ese es mi amigo!! -dijo Ron estrechándosela con fuerza.

 

-*-

 

                -Bien aquí estoy  -dijo Harry metiéndose las manos en los bolsillos algo nervioso.

                -Sabía que vendrías -respondió Draco sentándose en el pasto.

                -Bueno, te escucho -dijo Harry queriendo salir pronto de la conversación.

                -¡Quién lo diría! -empezó Draco ignorando el comentario de Harry -en este mismo lugar, estuvimos ambos con Hermione ¡la pasamos de lujo!

                -¡¡Empieza ya!! -dijo Harry furioso.

                -¡Veo que eres impaciente! –Malfoy lo miró entretenido -pasó cuando el profesor Snape la castigó y me mandó a que yo fuera una especie de “supervisor”.

                -Lo recuerdo muy bien, se perdieron exactamente veinticuatro horas y no llegaron con nada de lo que les pidió el profesor -dijo Harry sacando las manos de los bolsillos, poniéndolas cruzadas sobre su abdomen.

                -¡¡No tuvimos tiempo!! -A Draco, la imagen de esas horas le pasó rápidamente. De manera automática se le dibujó una sonrisa en su rostro.

                -¿Puedes continuar? -preguntó Harry mirando el reloj con apuro.

                -¡Está bien!… debo confesarte que siempre me atrajo esa Granger, hay que reconocer que tiene un buen cuerpo… sí, está bien… pero bueno, al comienzo solo peleábamos, jajaja… aún recuerdo cuando se calló por culpa de adelantarse, fue muy gracioso.

                -Continúa -dijo Harry en tono fastidiado.

                -Se nos quebró la lámpara, no llevábamos la varita y se puso a llover ¡¡¡qué sexy se veía con la lluvia mojándole el cabello!!! Cuando gotas de agua dulce caían por sus labios… -Draco tenía conciencia de que contando esos detalles, hacía sufrir aún más a Harry, y por eso lo hacía. Admirar su cara de fastidio, era un espectáculo digno de ver.

                Draco siguió contando, hasta que llegó a la parte de la cabaña. El beso lo describió brevemente, pero se dio el lujo de contar con detalles el acto sexual.

                -…puso una mano sobre mi pecho, la metió por debajo de mi playera hasta que me la quitó… recorrí con mis manos su muslo suave… y retiré sin dificultad su ropa interior, lo que logró que lanzara un gemido…

                -¡¡Puedes omitir los detalles!! -gritó Harry estallando de rabia.

                -Está bien Potter, no te alteres.

                Draco continuó con un poco más de tacto. Y terminó de contar hasta que le indicó que donde estaba sentado él, se había “revolcado” con Hermione… en su rostro se dibujó una sonrisa alegre.

                -¡¡¡Creo que ya he escuchado demasiado!!! -Harry volteó y se dispuso a alejarse, pero se detuvo-, espera, tengo una duda más… -dijo volteando de nuevo.

                -¿Sí? Dime -dijo Draco divertido.

                -¿La amas?-preguntó Harry en seriedad.

                Draco calló durante un gran momento. Se quedó pensando en qué debía decir… si es que lo sabía. Pero estaba seguro que una afirmación no era demasiado conveniente, así que respondió sin mirarlo, en tono tranquilo.

                -Lee de nuevo la copia del hechizo Potter… creo que no sabes nada de comprensión de lectura.

                Harry volvió a voltear para irse definitivamente. Harry Potter no deseaba estar ahí ni un segundo más… con la narración de lo ocurrido no tenía otras ganas que de dormir y estrangular a cierta jovencita de pelos castaños y ojos miel. Había sido grotescamente engañado… y él creyendo que ella lo amaba, que lo último que podría pasar era que le fuera infiel… después de todo lo que ella había luchado para conseguir su amor… después de todas las lágrimas que él vio derramadas por su culpa.

                -¡¡¡POTTER!!! -llamó Draco irónico.

                -¿Qué quieres?-contestó sin voltear.

                -¡¡Debes aprender a satisfacer a las mujeres, por eso Hermione te fue infiel!! ¡¡Si quieres te puedo dar clases!!

                Harry no le contestó y se dirigió a la sala común de Gryffindor, donde tenía una cosa más que hacer.

 

-*-

 

                -¿Qué no vas a ir Hermione? -preguntó Parvati extrañada.

                -No, no tengo ánimo para ir a Hogsmeade… no sería capaz de nada -contestó con voz lánguida, mientras sacaba un libro de Aritmancia.

                -Ah, vamos, una copa de whisky de fuego es capaz de revivir hasta un muerto… ¡¡¡no seas aburrida!!! -gritó tratando de convencer a una chica que ya había abierto un libro y leía la primera página.

                -¡Parvati tiene razón! Vamos ¡¡yo invito!! -gritó Lavender mientras se ponía sus jeans.

                -¿Toman? -preguntó Hermione dejando el libro a un lado, le interesaba el tema de saber si sus “amigas” bebían bebidas alcohólicas. Estaba obviamente prohibido hacerlo.

                -¡¡Claro que sí!! Bueno… -dijo Parvati mirando la cara de desaprobación de Hermione -… no siempre… además nunca terminamos ebrias.

                -¡¡En eso Parvati tiene razón!! Nunca hemos estado ebrias… en excepción cuando ella se quedó en mi casa y mis padres salieron…

                -¿Y? ¿¡¡Entonces vas a ir!!? -preguntó Parvati impidiendo continuar a la chica.

                -Bueno, está bien… iré… ¡¡pero tú invitas Lavender!! -gritó Hermione poniéndose de y buscando ropa para cambiarse. También necesitaba una ducha.

                -¡¡Perfecto!! -gritaron al unísono.

                Hermione se metió al baño, riendo por el comentario inoportuno de Parvati. Con un movimiento rápido abrió la ducha y comenzó a bañarse. Como un rayo el recuerdo de Draco Malfoy le inundó el cuerpo. Había comenzado a bañarse con agua caliente, pero al rato tuvo que cambiarla a fría… lo necesitaba.

                Salió del baño vestida y arreglada. Aunque no tanto, pues Hermione nunca fue muy amiga de los maquillajes.

                -¡¡Te ves muy bien!! -opinó Lavender observando con un poco de envidia los pescadores negros de la chica.

                -Gracias -dijo Hermione algo avergonzada.

                -¿Qué hechizo usas para taparte las ojeras? -preguntó interesada Lavender -¡¡Y qué colorete usas!!

                -No uso tapa ojeras y tampoco uso colorete -dijo Hermione extrañada.

                -¡¡Mentirosa!! No quieres dar tu secreto… te comprendo, yo todavía no le doy el mío a Parvati de como hago aumentar mi busto.

                -Pero yo…

                -Ah, paren de hablar… ¿vámonos? Ay que tomar desayuno, no es bueno ir con el estómago vacío -dijo Parvati algo fatigada.

                -Lavender, ¿tienes un espejo? -preguntó Hermione interesada en ver lo que las chicas decían respecto a su cara.

                -¡¡Es un objeto indispensable para una chica!! Aquí tienes… -Lavender le pasó el espejo mientras salían de los dormitorios para ir a la sala común.

                Hermione se extrañó en ver sus mejillas con un prendido rubor y sus ojos claros y luminosos. La sala común estaba atestada de gente de tercer año. Algunos de séptimo se preparaban para irse, aunque la mayoría había ido tantas veces que ya no resultaba divertido ir. Harry y Ron no estaban, pero Hermione esperaba encontrárselos en la mesa de Gryffindor. No se perderían un desayuno.

                -¿No bajaste a cenar tampoco ayer Hermione? -preguntó Lavender mientras comía su avena con energía.

                -No. No tenía hambre… y estaba cansada -contestó devolviéndole el espejo.

                -Entonces no sabes lo que pasó en la biblioteca… -dijo Parvati con cara de preocupación.

                -¿La biblioteca? ¿Qué le pasó a la biblioteca? -dijo Hermione interesada, la biblioteca realmente era uno de los temas que le preocupaban enormemente.

                -Dumbledore dijo que se había quemado cierta parte de la Sección Prohibida… Filch no vio nada, pero asegura que encontrará al culpable, o la culpable. -Hermione se quedó callada… estaba muy sorprendida.

                -¿Cuándo sucedió? -preguntó Hermione.

                -El jueves en la noche… según Filch… -contestó Parvati comiendo unos panecillos.

                -Mierda -masculló Hermione tomando una taza de café humeante y tragándolo con apuro, olvidándose de que estaba muy caliente. Había sido el mismo día en que ella se había encontrado con Draco Malfoy. Pero, ¿por qué se incendió?

                Hermione no comió nada más en excepción del café sin azúcar, a pesar de las insistencias de Parvati y Lavender.

                Llegaron a Hogsmeade. Se fueron a comprar algunos dulces y bromas. Aunque Hermione ya no tenía a quien hacérselas. Luego, se fueron a Las Tres Escobas, donde se sentaron en la mesa más alejada. Pusieron unas plantas para que nadie pudiera verlas.

                -¿Quién va por las copas? -preguntó Lavender.

                -Yo creo que debería ir Hermione, ella se ve mucho más grande que nosotras… además a Lavender y a mí ya nos conocen… -dijo Parvati.

                -Está bien, iré yo… ¿traigo tres? -dijo Hermione poniéndose de pie.

                -¡¿Tres?! Tienes que traer nueve, para empezar…

                -Como quieran… -dijo Hermione riendo, divertida, pues estaba convencida que ella no tomaría más de una.

                Hermione se acercó a la barra. Desde ese lugar pudo ver a Harry y Ron que reían contentos con… ¿Ginny? Diablos. Pidió las cervezas y nadie sospechó que iba en Hogwarts y que todavía cursaba el séptimo año.

                -¿Queriendo olvidarme Granger? -preguntó una voz petulante y agresiva.

                Hermione miró hacia un lado. Se encontró de frente con unos ojos grises y una cabellera rubia engominada.

                -¿Olvidar qué? -preguntó la chica tomando la bandeja. Le dirigió una mirada severa.

                -Pues, mi olor… mis caricias, mis besos… -dijo Draco Malfoy acariciando su mejilla ya encendida. Hermione cerró los ojos durante un momento, pero los abrió para responder.

                -Déjame en paz Malfoy… quiero divertirme con mis amigas… adiós -dijo finalmente evadiéndolo y caminando apresurada hacia la mesa en que la aguardaban Parvati y Lavender muy ansiosas.

                -¡Ya vengo con las copas! -dijo Hermione tratando de mostrarse alegre.

                -Bien, comencemos… -dijo Lavender, mirando de reojo a Parvati -Parvati, mejor dile tú…

                -¿Decirme qué? -dijo Hermione extrañada y sentándose junto a Parvati.

                -Si quieres unirte a nosotras, tienes que tomarte todo esto sola…

                -¿Sola? ¿Yo? ¡¡Ustedes están locas!! -gritó Hermione un tanto enojada.

                -Esas son las reglas… -dijo Lavender.

                -claro, si quieres ser nuestra amiga… -terminó de decir Parvati acercando el vaso a Hermione.

                Hermione miró el vaso con recelo. En otra ocasión se habría parado y seguramente se habría sentado con sus amigos… con Ron y Harry. Pero ellos ya no eran sus amigos, estaban enojados por que ella había engañado a su novio, a Harry Potter con el odioso Draco Malfoy. Al recordar su infidelidad, le dio rabia, pero la pena logró que hiciera ciertos pucheros.

                -Esto sirve para olvidar las penas Hermione… toma -dijo Parvati poniendo el vaso en las manos temblorosas de Hermione, pero que de todas formas lo tomaron.

                -Además nosotras te cuidaremos pase lo que pase -dijo en tono malicioso Lavender.

                Hermione acercó el vaso a sus labios, nerviosa.

                -¡¡Vamos Hermione!! -gritaron Lavender y Parvati tratando de dar ánimo a la chica.

                -Bien, lo haré… -dijo Hermione afirmando.

                Acercó aún más el vaso… e introdujo el liquido con lentitud… al principio puso una cara de asco, pero de inmediato fue reemplazada por una sonrisa.

                -Esto está increíble… es muy rica -dijo Hermione tomando el otro vaso.

                Y así lo hizo, hasta que llegó al último vaso. Sentía que su lengua se había vuelto un poco lánguida y que el piso se movía. También que le costaba enfocar bien a su par de amigas.

                -¡¡¡Por qué no hice esto antes!! ¡Hip! ¡Hip! -decía Hermione moviendo el vaso en todas direcciones, manchando a Parvati -¡¡Está muy rica!!

                -Hermione, habla más bajo… -pidió Lavender.

                -¡¡¡No quiero!!! ¡¡¡Que me escuche todo el mundo si quiere!!! ¡Hip, hip!

                -Bueno, pero té falta un vaso aún… -dijo Parvati acercando el último vaso que estaba muy lleno.

                -¡¡¡No hay problema!!! Jajaja… -Hermione se sentía bastante incentivada a reír… su lengua se movía con demasiada lentitud, además el hipo no paraba -¡¡Esto es muy fácil!!

                Hermione se tomó el otro vaso. De inmediato se sintió feliz, muy feliz… con unas inmensas ganas de bailar. Ella no había comido nada, además no estaba acostumbrada a beber. Era la primera vez que lo hacía. Y le había gustado. Mucho. Parvati y Lavender estaban riendo, festejando que Hermione se había reunido al grupo, cuando llegó Draco Malfoy.

                -Vaya, vaya Granger… -dijo observando a la chica que sostenía su cabeza con su codo rebelde que se esmeraba en descansar en la mesa. 

                -¿Draco? ¡¡¡Wow!!! Qué bien que estés aquí… ¿me traes una copa? -preguntó Hermione poniéndose de pie. Draco de inmediato tuvo que sostenerla para que no cayera -¡Te estaba extrañando! ¡Hip, hip!

                -Creo que ya has tomado suficiente… mejor te llevo afuera, necesitas aire -dijo Draco sujetándola.

                -Sí, llévatela… -dijeron Parvati y Lavender sonrojadas.

                -¡¡Yo no necesito aire, necesito una copa!! ¡Hip, hip! Aunque contigo, bombón, voy a cualquier parte.

                Draco la llevó hacia la parte trasera de Las Tres Escobas, donde la obligó a que se sentara un momento.

                -¿Estás bien Granger? -preguntó Draco agachándose para quedar a la altura de la chica.

                -¡¡Claro que estoy bien!!

                -Toma, necesitas esto… -dijo Draco ofreciéndole una pastilla de menta -si te pillan así, adiós Hogwarts -Draco estaba entretenido viendo cómo reaccionaba Hermione con unas cuantas copas de más.

                -Gracias… oye Draco ¡hip! Tú, tú… ¿tú me amas? -dijo ella acercándose mucho a un chico sonrojado de ojos grises.

                -Sí Hermione… yo te amo… -dijo él, arreglándole el cabello.

                -Qué bien… -dijo en voz melancólica, la alegría se había ido, estaba en la etapa del sentimentalismo. Tomó el rostro de Draco entre sus dedos suaves -Qué bien… porque yo también te amo… aunque lo niegue mil veces, yo te amo…

                Draco sorprendido, besó a Hermione. Ella le respondió un poco torpe, pero en cuanto Draco le tomó la cintura, y recorrió su espalda desnuda, se concentró bastante. Estaban los dos en ese beso duradero, cuando se escucharon unos llantos que hizo que los chicos se separaran

                -¿De dónde viene eso? ¡Hip! -preguntó Hermione. El hipo aún no se iba.

                -Creo que por acá… -Draco le tomó la mano y la condujo hasta una esquina muy oscura. Los chicos se escondieron detrás de unos basureros, para escuchar.

                -Harry… no me digas eso… ¡¡Hermione ya no te ama!! -gritaba la voz de Ginny Weasley.

                -Ginny, yo no la puedo olvidar tan así… -contestó Harry en tono triste tomando a Ginny que se esforzaba en abrazarlo por el cuello.

                -¡¡No puedes decirme que no la puedes olvidar!! Harry, estuvimos juntos dos noches seguidas… ¿¡¡¡me entregué a ti por nada entonces!!!?

                -Ginny… por favor, dame tiempo…

                Hermione abrió la boca sorprendida. Draco le tomó la mano y la llevó hasta donde podía estar enfrente de los chicos. Ginny paró de llorar en cuanto vio a Hermione y a Draco.

                – ¡¡Bravo Potter!! -gritó Draco aplaudiendo, soltando la mano de la chica que casi se desmayaba -¡¡Veo que eres todo un semental!!

                Harry miro el suelo, tirándose el pelo para evitar ver la mirada asesina que le dirigía Hermione Granger. A Hermione se le fue el hipo.

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.





9.- Todo Por Amor

17 08 2009

Qué onda Bloguérs! Bueno, ahora sí que la carga se le hizo a Ryder, pues entre la faculty, el inglés, la tarea, el proyecto, los libros, la chica, gli amici, el cine, la musique, y la historia, circo, maroma y teatro, apenas me ha dado tiempo de postear aquí, pero como siempre, a darle. (Y les aviso, que éste chapter sí que está medio largo).

Quiero mencionar sinceramente, la gran acogida que tuvo el dramático y escandaloso fan-fic de Harry Potter que ando publicando por aquí (aclaración, no es mío, es de una cava de Chile), y que ha llamado la atención de varios de ustedes, aunque lo que más sorprende es el modo en como llegan a él (“Harry Potter agarrándole las chichis a Hermione” WTF!!!). Y como lo prometido es deuda, este noveno capítulo, sí que está calenturiento y les aseguro que más de la mitad de ustedes dirán: “Oh FUCK!” aunque si bien no está tan descriptivo… dejo todo a su imaginación. Y arranca el nueve! No se pierdan!

Hermione for Yule Ball

Draco seguía avanzando con velocidad. Ella se quedó paralizada, sin poder ver nada. La lámpara se había quebrado completamente, y apenas se podía ver un poco el mapa del merodeador. Su mente daba botes. ¿Tendría que entregarse a Draco? ¿Con amor? Eso era algo imposible, ella estaba pasmada, sorprendida ante lo que acababa de leer. Draco lo había hecho sólo para adivinar si ella seguía amando a Harry y los resultados dijeron que “No”, que ya no lo amaba. ¡Cómo podía ser esa tremenda calamidad cierta! Hermione pensaba en Harry, en cómo reaccionaría ante su desamor tan repentino, ante su infidelidad tan asquerosamente sucia, repugnante. Sentía que el corazón se le iba a detener de un momento a otro, y se tuvo que sostener de las estanterías polvosas para no caer al piso. Un mareo mucho más fuerte que el anterior la había entorpecido.

 

-*-

 

Draco avanzaba por el castillo a pasos rápidos, pues presentía que Hermione intentaría ir a la Sección Prohibida de la biblioteca. Con lo que había dicho Snape, era seguro que ella había sospechado de sus intenciones, de esas intenciones que se habían hecho realidad al atravesar la navaja,  a través del labio de la jovencita.

                Sin preocuparse de que alguien lo viera, en medio de la noche, a medio vestir, siguió corriendo con fuerza. La puerta de la biblioteca estaba abierta. Hermione ya había llegado, podía percibir incluso su olor.

 

-*-

 

Hermione miró de nuevo el mapa, asustada, con una mano sosteniéndose el pecho. Draco ya estaba a su lado.

                -Sabía que estarías aquí -dijo la voz de Draco algo temerosa. La luz lo alumbraba bastante, se veía con un bóxer, y sin playera, en bata de dormir, con el pelo desordenado, como si se hubiera despertado de improviso.

                Hermione no le respondió palabra alguna, guardó silencio. Sólo el sonido de su respiración atacaba la tranquilidad del lugar. Draco se agachó y pudo constatar de que Hermione había leído el mismo libro que él había usado para el hechizo. Pudo ver como sus páginas estaban empapadas de un color rojo sangre.

                -¿Te sientes bien? -Draco se acercó. Alumbró con la luz el rostro de la chica. Sus ojos estaban desorbitados y estaba muy pálida.

                -Voy a morir… -pronunció Hermione en tono de afirmación.

                -No, no morirás… eso nunca lo permitiría -dijo Draco tratando de tocar las mejillas heladas de la chica. Hermione no lo miró, parecía que no se había dado cuenta de la caricia. Draco retiró la mano perplejo.

                -¿Y qué harás para impedirlo? Tú no puedes hacer nada…

                -Te equivocas.

                -Draco -dijo la chica poniéndose de pie, y Draco la imitó -una cosa es que seas mi verdadera pasión… pero tú no me amas… tú… no eres mi verdadero amor.

                -¿Cómo sabes eso? -dijo Draco enojado, sosteniéndole con fuerza el brazo; percatándose de la ropa tan ligera que llevaba la chica.

                -¡No se necesita ser un genio para saberlo! -le gritó enfurecida.

                -¡Te sigues equivocando! -vociferó Draco, agarrándole con fuerza para que no se zafara de estar pegada al cuerpo del chico.

                -¡¡¡Estás loco!!! ¡Mi verdadera pasión no me ama y por eso moriré! ¡¡Esa es mi realidad!!

                -¡Cállate!

                -No lo haré, no soy cualquier cosa para que me grites de esa forma, pues te informo que yo no soy como una de tus amigas a las… ¡¡ah!!

                Draco le había arrancado la venda de los labios, manchándose él también el pecho pálido por un vivo color rojo.

                -Te demostraré, te lo demostraré -le dijo acercando sus labios hacia los de ella.

                Solo los rozó, al igual que en aquella vez… en unos segundos solamente, pero suficientes como para que Hermione se sintiera amada de nuevo. Cerró los ojos, una fuerza la dominaba cada vez que estaba con aquel chico. Finalmente Draco se separó de ella, abrió los ojos y sonrío gustoso ante el resultado. Hermione, temblando, se tocó el labio… éste había dejado de sangrar.

                -Entonces… tú me… -dijo Hermione guiándose por lo que acababa de leer en el libro que estaba junto a sus pies.

                -Shhh… -le calló Draco, poniendo un dedo en sus labios carnosos.

Hermione estaba enteramente sorprendida. Cantidad de preguntas le nublaban la cabeza, impidiéndole ser cuerda, justo ahora que lo necesitaba.

                Draco no sabía qué decir. Hermione ya se había dado cuenta, sin ser necesaria una afirmación o una declaración con todas sus letras por parte de él… no sabía si saltar de la alegría o de gritar de la furia. Se sentía estupefacto… con algo que le oprimía el corazón. Sus manos, sin saber él cómo, estaban en la cintura desnuda de la chica, y a la vez, las manos de esta, se afirmaban de un desmayo en su pecho también desnudo.

                -Si me amas… hazlo -dijo Hermione en un susurro, con los ojos penosos.

                -Todo por amor Granger… todo por amor… -le dijo Draco a Hermione, con una voz conmovida, mientras le apretaba con mayor fuerza su cintura.

                La besó… nuevamente, haciéndola volar por las alturas, sin dejarle tener miedo. Hermione le correspondió totalmente, acariciando todo su caliente cuerpo… Draco cumplía su parte, tocando, palpando, desabrochando cualquier impedimento de ropa, para así poder sentir la suave piel de ella… de ella, solo de ella.

                Fueron cayendo lentamente en el suelo, entre los sonidos de los latidos acelerados de sus corazones y de sus respiraciones. Los gemidos sonaban estruendosos en la Sección Prohibida de la biblioteca, que desde ahora sería aún más prohibida. Draco pasó sus labios por todo el delicioso cuerpo de Hermione, sin detenerse, mientras la chica hacia lo mismo con él.

                Ambos se sintieron únicos, sólidos y solemnemente amados. Hermione comenzó a llorar, al igual que Draco… cada caricia, cada palabra libidinosa susurrada al oído con suavidad, les provocaba una lágrima, una lágrima de sangre, de sangre que rápidamente se secaba, al estar en contacto con su piel enardecida de pasión, esa piel caliente, caliente por estar siendo entregada con voluntad, con deseo, con amor. Esa sangre se evaporaba como por arte de magia, se desvanecía ante los ojos de los chicos algo asustados.

                Una vez Draco dentro de Hermione, ella soltó un grito, un gemido de dolor fuerte pero placentero a su vez y con ello una nube de color rojo comenzó a flotar por encima de sus cuerpos desnudos que se movían sincronizados y latentes. Hermione no tuvo más que entregarse completamente, sin pensar en Harry ni en nadie más que Draco, que en Draco Malfoy. Draco la complació, al igual que en aquella noche de la cabaña… en esas veinticuatro horas de locura y pasión, de peleas y de gritos, de insultos.

                Había una gran diferencia con aquella noche… esta vez no se encontraban en una cama, ni tampoco lo estaban haciendo por despecho o por diversión. Ambos sabían que desde esa noche, no podrían separarse jamás… no podrían negarse ese amor desenfrenado que los había obligado a hacer lo que estaban haciendo, destruyéndolo todo a su paso.

                Draco le estaba salvando la vida. Si él no hubiera llegado esa noche, ella al amanecer estaría muerta, muerta sin remedio alguno.              Pero ellos no pensaban en eso… solo se divertían reían y lloraban por la hermosa sensación de que el ser amado este besándote, tocándote… desagarrando todo lo sucio que se le cruzaba en su camino. Draco siguió adentro de Hermione hasta el clímax, en el que la chica dio un grito de extremo placer, mientras el chico hacía lo propio. Hermione, simplemente no podía pensar en nada más. Se había entregado a Draco completamente. Así desapareció Harry Potter de su mente y de su corazón.

 

-*-

 

                Hermione volteó, desembarazándose de los brazos de Draco, para así poder ver el mapa. Se sobresaltó asustada, pues los nombres de Filch y de la señora Norris se acercaban hacia la biblioteca, y parecían hacerlo con rapidez. Aún extasiada y algo distraída, dijo:

                -Draco… tenemos que irnos -lo miró sonriendo mientras se paraba y cubría su cuerpo desnudo con su pijama.

                -Entiendo –el chico se puso de pie y comenzó a vestirse, muy veloz, aunque en realidad, era poco lo que tenía que ponerse.

                -Acércate, hay que cubrirse con esto –dijo, ofreciéndole a él la capa invisible.

                -Parece que no se te escapa nada -comentó Draco gustoso, cubriéndola con su brazo, mientras sujetaba la luz con la otra.

                -Sí… bien, vámonos ya.

                Comenzaron a caminar, apurados. Hermione consultó el mapa y sus perseguidores estaban ya en la entrada de la biblioteca.

                -¿Ves algo? -preguntó Filch a la gata que se acercaba peligrosa hacia los chicos. La gata le contestó con un maullido. Hermione, como ya tenía experiencia, guió a Draco para así escabullirse muy fácilmente de Filch y de la señora Norris.

                -¡Qué extraño, creí escuchar ruidos! -fue lo último que lograron escuchar por parte del velador, con tono molesto. Los chicos siguieron avanzando, a paso pausado.

                -¿A dónde vamos? -preguntó Draco.

                -Creo que es mejor que te deje en tu sala común, así yo regreso más tranquila… y devuelvo todo esto a su lugar original -respondió la chica observando de nuevo el mapa, cerciorándose de que nadie más se le cruzara en el camino.

                -Suena lógico… es por acá -indicó Draco.

                La noche estaba fría, pero ninguno de los dos, (que carecían de ropa abrigada) se preocupó demasiado por el asunto. Siguieron avanzando, en silencio, en un momento como aquél, en el que acababan de darse cuenta de sus reales sentimientos, en que estaban seguros de su amor, las palabras no harían más que estorbar.

                -Ya llegamos -informó Draco cuando se encontraban frente a unas puertas que Hermione reconocía por la descripción de Harry y Ron en segundo año.

                -Bien… adiós -Hermione lo descubrió de la capa y se dispuso a marcharse -Draco, ¿por qué lo hiciste?-preguntó volteando.

                -Todo por amor Granger, todo por amor… -contestó Draco, sonriendo con su típica sonrisa de triunfador.

                -Todo por amor Malfoy, todo por amor… -afirmó Hermione sonriendo pensativa.

                -¡Hermione! -llamó Draco antes de que ella se fuera.

                -¿Sí? –preguntó.

                -¿A dónde iremos a parar con todo esto?

                -Buena pregunta… cincuenta puntos para Slytherin -dijo volteando e imitando graciosamente al profesor de Pociones cuando encontraba alguna excusa para favorecer a su casa. Diciendo esto se marchó hacia su sala común, para dormir… lo necesitaba… de verdad que lo necesitaba.

 

-*-

 

Draco se acostó cansado, con la respiración aún agitada y lleno de sudor. Abrió el cajón de su mesita de noche y sacó unos pedazos de pergamino. En ellos, estaba la copia exacta del hechizo, hecha con sus propias manos que le había practicado a Hermione. Metió los pergaminos en un sobre. Lo selló cuidadosamente, para que nadie lo pudiera abrir, después de un gran esfuerzo; tomó una pluma, tinta y escribió en la parte delantera del sobre el nombre del destinatario:

 

“HARRY POTTER”

 

Draco se levantó primero que todo el mundo en su sala común. Tenía prisa. Necesitaba llegar al gran comedor lo antes posible. Se metió a la ducha y se bañó acelerado. No se preocupó demasiado de peinarse o arreglar bien su corbata. Solo por costumbre (por las órdenes de su padre, más bien) se echó un poco de perfume.

                Cuando ya tuvo todo listo, abrió el cajón de su mesita de noche, donde descansaba apacible el sobre que contenía la información del hechizo. Lo metió en el bolsillo de su túnica, sin dudar ni un instante en no cumplir con lo que tenía planeado. Salió de su sala común y avanzó a grandes zancadas rumbo al Gran Comedor, pero no a su mesa, sino a la de Gryffindor.

 

-*-

 

Harry se despertó temprano y se vistió con una rapidez que era extraña en él, pues no tenía nada importante que hacer, sin embargo, algo le hizo apresurarse de una manera loca. Ron despertó confundido.

                -¿Qué haces Harry? -preguntó rascándose los ojos somnoliento.

                -Tengo que llegar al Gran Comedor -dijo Harry, poniéndose el último calcetín que le faltaba.

                -¿Tienes hambre? -dijo Ron, vistiéndose también apresurado.

                -Eh… sí, eso es, hambre… ¿me acompañas? –preguntó Harry, buscando su túnica, mientras fruncía el entrecejo tratando de convencerse de lo que acababa de decir.

                -¡Claro! El desayuno no puede esperar… -dijo Ron riendo, pero algo desconfiado ante el apuro tan inusual de Harry. Él no acostumbraba a despertar tan temprano, ni menos para tomar desayuno. Finalmente llegaron al Gran Comedor, donde se sentaron a esperar su desayuno. Harry se mordía las uñas y su rostro brillaba de sudor.

 

-*-

 

Draco divisó a la distancia a Potter y a Weasley. Apretó los puños y se dirigió a paso seguro hacia los chicos. Adoptó la mirada más severa que encontró, tomó el sobre, lo extendió hacia

Harry, y sonrió malicioso.

                -¿Qué quieres tú Malfoy? -preguntó Ron poniéndose de pie. Harry lo detuvo sosteniéndole el brazo con fuerza.

                -¿Es para mí? –preguntó Harry, parándose y observando el sobre con recelo.

                -Sí, Potter, es todo tuyo –respondió Malfoy, sonriendo y extendiendo aún más la mano para que quedara claro que era lo que le ofrecía.

                -¡De una vez te digo que no estoy para tus sucias bromas! -gritó Harry tomando el sobre con rabia y energía.

                -¿Recuerdas lo qué te dije una vez que me preguntaste sobre las infidelidades de tu noviecita?

                -Sí, me dijiste que todo a su tiempo -dijo Harry tratando de entender que estaba queriendo decir.

                -Bien, creo que ya se cumplió el tiempo que debía cumplirse… léelo y después te cuento con detalles -dijo Malfoy sonriendo de nuevo y volteando para marcharse del frente de Potter y Weasley.

 

-*-

 

Hermione bajó desesperada a tomar su desayuno, corriendo veloz por todo el castillo. Se sorprendió en la entrada al Gran Comedor, pues parecía que Draco venía como si recién hubiera estado en la mesa de Gryffindor.

                Draco al verla, se sobresaltó. Trató de disimularlo, y lo logró sin levantar sospecha por parte de Hermione.

                -¡Ábrelo ya! -apuró Ron desesperado, a Harry.

                Harry lo miró asustado, con las manos temblorosas rompió el sello de cera que cerraba el sobre.          

                Al pasar ella por su lado, rozándole el hombro, Draco se acercó más para que pudiera escuchar unos susurros.

                -Todo por amor Granger… no lo olvides…

                Hermione no tuvo tiempo de contestar, pues el chico rubio se alejó casi corriendo de su lado. Aún sin comprender el significado de las palabras de Draco, llegó a su mesa y se sentó junto a Harry y enfrente de Ron.

                -¿Qué es eso? -preguntó Hermione calmada mirando los pergaminos que Harry sostenía en sus manos, mientras tomaba un tenedor para comer su fruta, ya servida.

                -“Hechizo de Pasión Hasta la Muerte”-leyó Harry en voz alta.

                Hermione botó el tenedor al suelo ante la súbita impresión.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.





8.- Pasión Hasta La Muerte

11 08 2009

Qué onda Bloguérs!!! Bueno, bueno regresamos con octavo capítulo ya del fan-fic promocionado en Le Blogué, con toda la onda Potteriana al 100%, y cabe decir que me sorprende las búsquedas registradas en nuestros archivos, pues se ponen a veces medio candentes sus keywords que todos ustedes usan para encontrar la pequeña historia. Espero lo disfruten tanto como el anterior (si es que lo leyeron claro). Debo admitir que me he atrasado un poco posteando debido al big lecture work que ya se me encargó en la facultad lectores, pero seguiré dando duro, no lo duden, hahaha. Una muy buena ventaja, es que ahora, por razones raras del destino, karma, o como quieran llamarle, veré más películas que nunca, una por tarde, si lo ponemos así, haha así que espérense buenos sarcasmos sobre buenos, malos y feos filmes. (Hablando de sarcasmos, igual que como puso el Amigo Gay, lean el review de Toño de Twilight, sólo si no tienen nada que hacer y quieren LEER DE VERDAD). Por cierto, el capítulo 9, estará muy, muy bueno, si es que saben a lo que me refiero… así que los dejo con las aventuras lujuriosas de la saga de HP, una imagen, como siempre, y riéndome con el “Mysterious Ticking Noise” de nuevo, hahaha, no se pierdan!

Draco Malfoy

-¿De qué estás hablando? -preguntó Hermione desconcertada.

                -Esto… ¡esto es imposible! -gritó Draco golpeando la mesa con fuerza.

                -Draco, ¿qué estás diciendo? ¡Puedes escucharme!

                Draco no le prestó atención. Se echó para atrás, sujetándose la cabeza, que sudaba enormemente. Estaba asustado. Permaneció mudo durante un largo momento, pensando en qué decir.

                -Hermione -dijo Draco recogiendo sus libros, hablándole con una voz seria y tenue-aléjate de Potter… no vuelvas a tocarlo… a él ni a ningún hombre… excepto a…

                -¿A ti? -preguntó Hermione incrédula y totalmente molesta.

                -Sí… excepto a mí.

                Draco cruzó la puerta de la biblioteca, con pasos lentos. Hermione no sabía en qué pensar, todas las preguntas que deseaba hacer no habían sido contestadas, ni siquiera tomadas en cuenta.

                -Maldita sea -masculló Hermione enfurecida.

                No entendía por qué la advertencia de Draco, tan extraña. Y tampoco creía que esa mirada atemorizada, impactada, era de Draco Malfoy. Todo era demasiado extraño como para encontrarle alguna explicación lógica.

                Se quedó bastante tiempo en su mesa. Por lo menos, pudo concentrarse en sus deberes y no pensar en Draco. Luego de un momento, tuvo que cambiarse la venda, estaba empapada de sangre, en un color rojo radiante. No paraba de sangrar, ni un solo un instante, parecía una maldición. Hermione miró su reloj. Ya era hora de almorzar.

 

-*-

 

Draco se sentía nervioso. Apretaba con mayor fuerza la autorización para entrar a la sección prohibida de la biblioteca, que muy fácilmente había conseguido con Snape. Temía por las consecuencias que esto podría tener. Si Hermione tocaba a Potter o al estúpido del Weasley o ¡a Potter…! Sería desastroso… y ¿digno de lamentar? ¡Diablos Draco Malfoy! ¡Qué estás pensando!

                Quiso olvidar ese abrumador acontecimiento… ¿pero cómo hacerlo? ¡¡Si al frente de su mesa veía a una chica de pelos castaños, con una mirada miel perdida y con una venda en sus labios esos que fueron rozados por los suyos, besados por los suyos… y heridos con su propia mano!! ¿Acaso no debería sentirse feliz? ¿Acaso no había descubierto la verdad? Pero a un muy alto precio.

                Finalmente llegó a las mazmorras, seguido de Crabbe y Goyle y por supuesto de Pansy Parkinson, que no lo dejaba solo ni un momento. Al entrar, se encontró de frente con una mirada verde asesina y una miel de frustración. Se sentó de mala gana.

                Hermione observaba como Draco estaba visiblemente descompuesto. Se veía más pálido de lo normal y sus ojos se veían oscuros. Tuvo que dejar de mirar, pues el profesor Snape había llegado avanzando a zancadas, moviendo su capa negra ostentosamente.

                -¡Silencio todos! ¡Y siéntense rápido! -ordenó gruñendo molesto Snape.

                Hermione hizo pareja con Harry para la pócima, y él trataba de portarse más amable, aunque su mirada seguía buscando algún indicio de que ella le había mentido. Hermione rogaba que no encontrara nada.

                La clase estaba muy avanzada cuando Snape dijo a Draco mirándolo algo acusador:

                -¿Ya devolviste el libro de la Sección Prohibida Malfoy?

                Draco lo miró petrificado, paralizado. Dejó de revolver la pócima para poder responder.

 

                -Eh… sí profesor, ya lo hice… esta mañana -contestó Draco volviéndose totalmente blanco.

                -Qué bien… pero, me pregunto para qué querría alguien como tu algún hechizo de “amor”, ¿extraño no? -dijo volviéndose hacia Hermione, fijando sus ojos negros directamente en la venda que cubría su labio inferior.

                << ¿Un hechizo? ¿De amor?>>se preguntaba Hermione. Eso era demasiado raro para ser cierto… pero en ese caso, ¡necesitaba a como diera lugar ese libro! ¡¡Necesitaba el libro que había tenido Draco también!!

                Snape se puso de pie y comenzó a pasearse por todo el salón, criticando cada detalle de las pócimas que ardían en los calderos. Lamentablemente llegó al lado de Hermione. Se acercó un momento y revisó con detenimiento. Hermione temblaba. Se acercó tanto que el olor del cabello de Snape había inundado el olfato de la chica, mientras ella respiraba agitadísima.       Acercó con cautela su boca al oído de Hermione y susurró:

                -Tenga cuidado con esa herida, señorita Granger, puede resultar peligroso.

                Hermione cerró los ojos para así poder respirar más relajada. Su cuerpo estaba empapado de sudor frío, que la hacía estremecerse aún más. Cuando Snape se retiró de su oído, soltó un breve suspiro que le removió los cabellos… en ese momento, no sintió ruidos, ni miradas, sólo la voz del profesor que le retumbaba en los oídos.

                Hermione tenía la hora libre y la ocuparía para pensar en cómo entrar a la Sección Prohibida de la biblioteca. Se despidió de Harry con un movimiento de manos y un beso a la distancia. Harry no entendía nada.

                -¿Ahora qué le pasa? -preguntó Ron mientras subían las escaleras para la sala de Adivinación-

                -No lo sé… ¡¡no entiendo nada!! -gritó enfurecido Harry.

                -¿Crees que tiene algo que ver con lo que le pasó en la boca?

                -¿Por qué lo dices? -preguntó sin aún entender Harry.

                -¿o le viste la cara que puso cuando Snape le preguntó a Draco si había devuelto el libro de la Sección Prohibida?

                -No te entiendo –dijo Harry desesperado.

                -Yo creo que Draco Malfoy fue el que le hizo esa herida –vociferó Ron con energía.

                -¡Estás loco Ron!

                -Bueno, como veo que no quieres darte cuenta… ¿por qué no entramos de una vez a la clase? -Ron se veía enojado ante la incredulidad de Harry, su mejor amigo.

                -Por ahora es lo mejor…. -contestó Harry un poco turbado.

 

-*-

 

Hermione no se sentía con ánimo ni siquiera de estudiar, así que decidió dar un paseo por el bosque. Se sentía muy débil, agotada, como si no hubiera dormido en varios días. Se miró al espejo pequeño que llevaba, tenía su rostro pálido, los ojos hinchados y rojos. Su cabeza le dolía con fuerza. Se sentó en el suelo, frente al lago para relajarse un poco. La brisa fresca del anochecer, le removía su cabello… también removía los recuerdos del pasado.

                En ese mismo lugar… en ese mismo lugar comenzó su linda historia con Harry… y también parte de la que ahora estaba escribiendo con Draco Malfoy.

                -Harry, yo te amo… te amo, ¡quiero estar contigo!

                -Pero Hermione… yo estoy con Ginny… hace unos meses… esto es…

                -¡Harry! ¡¡Ella no te ama como yo!! ¡No te conoce como yo a ti!

                -¡¡PERO NOSOTROS SOMOS AMIGOS!! No podemos pasar ese límite…

                -Bien Harry, solo dime que no te provoco nada, ni el más mínimo sentimiento… y yo sabré alejarme.

                -Pero Hermione… no se trata de eso…

                -¡¡¡¡Sólo dímelo!!!! Y te juro que nunca te voy a volver a hablar de amor ¡¡Y nunca verás que derramaré una lágrima más por ti!!

                -Hermione yo… Ginny no se merece esto.

                -Yo tampoco.

                Esas palabras sonaban como un eco en la cabeza de la chica, le retumbaban recordándole lo que había pasado. Después de esa conversación en los pies del lago, después de esas lágrimas derramadas, después de ese beso, ese primer beso, ¡¡ella lo había echado todo a perder!! ¡Su sacrificio había sido en vano!

                Miró a la casa de Hagrid. Hacía mucho que no iba a saludarlo, como en ese entonces, en que iban todos juntos a tomar una taza de té y conversar. ¡¡Qué tiempos más extrañados eran aquellos!!

                Sus lágrimas volvieron a asomarse. El dolor era demasiado fuerte como para querer ocultarlas. Se trató de secar las lágrimas con un pañuelo, pero al hacerlo este quedó totalmente manchado de Sangre. Estaba rojo, y era sin duda también parte de lo que le había hecho Draco… ¡¡¡ahora las lágrimas también!!! ¿Qué clase de hechizo era este? ¿Qué diablos le estaba pasando?

                La noche ya había llegado… y con ella el frío. Al incorporarse de nuevo, estuvo a punto de caer al suelo como un saco de papas. Se sentía mareada, con el suelo que se movía. Caminó a paso lento y turbulento hacia el castillo. Ya todos estaban dirigiéndose al gran comedor para la cena. Ella no tenía hambre, así que se fue a su habitación para pensar en cómo conseguir ese libro. La habitación que compartía con Parvati y lavender estaba vacía. Eso era bueno, muy bueno. Se puso de inmediato el pijama, que consistía en un pequeño pantoloncito y un petito, todo de color damasco, regalo de su madre para su cumpleaños. Se sentó en la cama, no sin antes cambiar de nuevo la venda de sus labios.

                -Si deseo ir a la biblioteca -comenzó a pensar en voz alta –tendría que ser de noche, pero estará Filch y la señora Norris para castigarme. Si es necesario, sacaré también el Mapa del Merodeador. Pero no debo ser vista… y eso se logra con ¡¡UNA CAPA INVISIBLE!! ¿Pero cómo la saco del baúl de Harry? Tendría que ir cuando la noche estuviera muy entrada, cuando él estuviera dormido pero, ¡estoy violando las reglas! Bueno, esto, me temo, que es de vida o muerte.

                Hermione tenía todo preparado, pero los nervios de igual forma la inundaban. Al rato llegaron sus compañeras de cuarto.

                -¿No cenaste Hermione? ¡Estaba exquisito! -le dijo Lavender acariciándose el estómago.

                -No, no fui… no tengo hambre… -respondió la chica de mala gana.

                -¡¡Estás pálida Hermione!! Debiste comer algo -comentó Parvati buscando su pijama.

                -Es cierto… no tienes buen aspecto -dijo Lavender mirándola con asco.

                -Y eso que no sabes lo que dijo Trelawney a tu novio… -comentó Parvati.

                -¡Shhh! -la calló Lavender.

                -¿Qué dijo? -preguntó Hermione, ahora interesada.

                -Nada, nada… ¡¡tú sabes cómo es de despistada esta chiquilla!! -dijo Lavender nerviosa, intentando disculpar a Parvati.

                -¿Segura Parvati? -preguntó Hermione a la chica que temblaba de los nervios.

                -¡¡¡Sí sí, sí… segurísima!!!

                -Parvati ¿qué te parece si vamos a leer “Corazón de Bruja” a la sala común? -preguntó Lavender tratando de cambiar de tema y despistar a la chica.

                -¡¡Buena idea!! -contestó la otra tomándola de la mano y llevándosela apurada a la sala común.

                -Qué extraño… -masculló Hermione enrabiada. Y decidió esperar ahí en el cuarto.

                Cuando llegaron Parvati y Lavender a la habitación de regreso, escuchó que decían que todos ya se habían ido a dormir. Ese era el momento. Se aseguró de que se durmieran, y se levantó para empezar con su “búsqueda”. Se levantó sigilosa, sin preocuparse de tomar bata alguna. Salió de la habitación con pasos lentos sin antes tomar su varita. Se encontró de frente con la puerta de los chicos. La abrió lentamente y vio como la mayoría dormía. Excepto Harry y Ron. Hermione se escondió detrás de unos baúles de Neville, que dormía junto a Ron.

                -¡Que pereza! ¿Iremos a Hogsmeade Harry? -preguntó soltando un sonoro bostezo después de hablar.

                -Supongo que sí… -respondió la voz de Harry desganada.

                -Necesitas distraerte Harry.

                -Es que no puedo dejar de pensar en lo que dijo Trelawney -Hermione respiraba agitada desde su escondite.

                -Yo tampoco, vamos, decir que Hermione “moriría por una infidelidad al verdadero amor”… es muy idiota… ¿no crees?

                Hermione estuvo a punto de gritar.

                -Bueno… pero supongo que se equivoca, como siempre.

                -¡Escucha Harry! ¡Mientras tú seas ese verdadero amor, no hay problema!

                -Sí… jajaja… -se escuchó de Harry una risa estruendosa.

                -Oye Harry… parece que hay algo en el baúl de Neville…

                -¿Qué es?

                -No lo sé, me acercaré más.

                Ron se acercó hacia donde se encontraba la chica. En un momento pasó por un poco de luz que irradiaba la luna y se pudo ver que andaba con solo un bóxer de pijama, marcando su vientre, que aún no había conseguido ni a punta de abdominales.

                Hermione se ocultó más, tomó una túnica de Neville, mientras este emitía un sonido de ronquidos.

                -¿Ya viste qué es? -preguntó la voz de Harry.

                -Déjame ver…

                Ron estiró la mano, la tenía enfrente de una chica que temblaba y se esmeraba en disimular su agitada respiración. Se acercó aún más la mano pero la voz de Harry le detuvo.

                -¡¡Mejor duérmete ya!!

                -Tienes razón, debo habérmelo imaginado…

                Hermione soltó un suspiro de alivio. Se sacó la túnica de Neville y pudo ver como Ron se acostaba muy cerca de ella, sin cubrirse el cuerpo con las sábanas. No tuvo que esperar demasiado, Ron se durmió casi enseguida. Se paró lentamente, y se acercó a la cama de Harry. Este dormía con un bóxer solamente, al igual que Ron, y la sábana le cubría solo los pies.

                Se veía claramente el buen físico de Harry. Un estómago bien marcado, unas piernas bien formadas y un… un… Harry era un gran chico. Dormía plácidamente. Le sacó la capa invisible, y el Mapa del Merodeador. Echó un último vistazo a la habitación antes de irse, y pudo ver como Ron se rascaba el estómago, con el pelo muy desordenado y como Harry se acomodaba el bóxer, parecía que le apretaba. Se puso la capa y salió de la torre de Gryffindor.

                Miraba el mapa y Filch y la señora Norris estaban muy lejos de su destino. Luego de bajar muchas escaleras, llegó a la biblioteca. Entró y pudo encontrar la Sección Prohibida gracias a la luz que traía en las manos.            

                -Alohomora -dijo para abrir el candado.

                Abrió, se sacó la capa invisible y comenzó a buscar en los empolvados libros algún título de “Hechizos de Amor”. No encontraba nada. Finalmente encontró algo que a lo mejor podía servirle. Abrió el libro y encontró lo que buscaba.

 

                “HECHIZO DE PASIÓN HASTA LA MUERTE”

 

                Este hechizo se usaba en la antigüedad, por los hombres más celosos. Esto sirve para saber si él hombre es la verdadera pasión de la mujer.

                Este hechizo está prohibido por el Ministerio de Magia, ya que resulta muy peligroso para la mujer; esto debido a que si ella besa, toca, o llega aún más lejos con su “NO VERDADERA PASIÓN”, puede provocarle la muerte.

 

                La forma en que había que hacerlo coincidía exactamente con lo que le había hecho Draco hacia un día. También coincidían los síntomas que Hermione tenía: las lágrimas de sangre y la del labio. Se sintió sorprendida, ella podría haber muerto y él no parecía haberle tomado demasiada importancia. Siguió leyendo, por si había algo más:

 

                …la mujer solo se podía “salvar” de la muerte, si su verdadera pasión, se le entregaba con entera libertad, con entero amor, con entera voluntad y deseo…

 

                Hermione se asustó aún más. El libro se cayó de sus manos, directo al suelo. Miró el Mapa del Merodeador. Alguien se acercaba apresurado a la biblioteca: “Draco Malfoy”. Hermione botó la luz también.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.





6.- Hiéreme

31 07 2009

Siguiendo con la histoire publicada aqui en Le Blogué, llega ya nuestro sexto capítulo del fan-fic 24 Horas. La manía de Harry Potter sigue latente en las salas de cine, y simplemente podrá seguir latente un mes más cuando mucho. Os dejo disfrutando este capítulo y alejen sus manos de las braguetas.

Granger

Hermione le respondió con una fulminante mirada, que expresaba un profundo deseo de matarlo en ese instante… sentía rencor, odio, asco por ese chico, que estaba enfrente de ella, con sus manos en su cintura y con una cara triunfante.

                Draco muy lejos de sentir asco, estaba complacido, sabía que esa chica no demoraría en estar en sus brazos nuevamente, aunque a veces se recriminaba por sentir ese “algo” por alguien como Hermione. Deseaba que ella volviera a volar tomada por su mano, deseaba que fuera él quien le enseñara el verdadero significado de “amor”, aunque su padre decía que eso era cosa de débiles.

                -¡Eres un asqueroso! ¡Un maldito e insensible asqueroso!-gritó la chica corriendo para ponerse más cerca de él mientras sacaba la varita que llevaba en el bolsillo amplio de la túnica -¡Petrificus Totalus!

                -¡Impedimenta! -respondió Draco, que fue más rápido que ella, evitando con facilidad el hechizo -¿Quieres pelear, Granger? -preguntó Draco sarcástico.

                -¡¿Qué crees tú?! ¡Deseo acabar contigo! -gritó Hermione, poniéndose en posición de duelo.

                -Como quieras… ¡¡Expelliarmus!! -gritó Draco y muy rápidamente la varita de Hermione se encontraba en sus manos -debes moderar tu ímpetu, Granger.

                La chica no le dijo nada, en cambio se abalanzó sobre él con las manos hechas puños y con lágrimas de odio que salían de sus hinchados ojos. Se sentía estremecida, loca, por Draco Malfoy, el chico que la hizo volar muy lejos, muy alto, pero por el que ahora ella estaba pagando las consecuencias. Perder a Harry, a Harry Potter…

                Las varitas de ambos llegaron muy lejos, fuera del alcance de ambos. Hermione golpeaba el duro vientre de Draco, pero este no se afligía, para nada, al contrario, cada vez que Hermione lo golpeaba, soltaba una estruendosa carcajada.

                -Así no podrás conmigo Granger –dijo él evitando un golpe que se dirigía a su rostro.

                -¡No sabes cómo te odio Draco Malfoy! ¡Te odio!

                Draco, con un ágil movimiento, la cambió de posición, siendo él quien estaba sobre ella. La chica gritó despavorida. Sentir el cuerpo de Draco pegado al suyo, (aunque fuera con ropa), no era para menos. Su pelvis le apretaba y a la vez emitía un éxtasis delicioso… pero peligroso de probar.

                Draco la miraba con unos ojos grises extrañamente desquiciados, libidinosos y llenos de pasión, que hacía que de alguna forma, lograba, que se vieran más oscuros, sin perder el tono gris cautivador.

                La despojó rápidamente de sus ropas, sacando la capa, el chaleco y la blusa, quedando enfrente de él, el desnudo pecho de Hermione, acompañado solo con una pequeña prenda interior. Hermione sintió que una gota de sudor caía por su escote desnudo, y como su corazón adquiría un veloz palpitar, su mente estaba nublada, paralizada ante el miedo y la ira. Observó con detenimiento los movimientos bruscos de Draco. Él también se despojó de su capa y camisa, mostrando un cuerpo sudado y totalmente conocido para ella. Se acercó lentamente, sus fríos labios hacia los tibios de la chica, rozándolos en un suave contacto. Posó su nariz sobre la de Hermione y a paso seguido cerró los ojos.

                -¿Qué intentas hacer? -preguntó Hermione en un tenue susurro, casi inaudible.

                -Un beso, sólo un beso, ese fue mi objetivo desde un principio. -respondió Draco, y la besó.

                Fue un beso lleno de luz y cautivación. Rápidamente se sintieron sumergidos en un mar furioso, en plena tormenta. Hermione respiraba agitada, al igual que draco. Sentir la pelvis del chico apretándola, la hacía volar en un éxtasis, de manera  deliciosa, maliciosa y duradera.

                Draco sumergió una de sus manos en el pelo de la chica, mientras que con la otra se deslizaba por el suave y delicado muslo de Hermione, levantándole la faldita. Ella jugaba con su cinturón, sin atreverse a desabrochar nada, el temor le había invadido las manos, pero no así sus labios. Su mente la había abandonado al igual que en aquellas veinticuatro horas donde probablemente no habría hecho otra cosa más que estorbar.

                Draco Malfoy, ese chico petulante y agresivo, con cara de asco la mayoría de las veces, ahora disfrutaba aquella sensación, con una leve sonrisa en su rostro. Sus mejillas ya no eran pálidas, sino ruborizadas ante el cambio de temperatura que había sufrido. La tomó firmemente por las caderas, adhiriéndola a su cuerpo sudado aún más.

                Hermione lanzó un bufido y él también. Sus almas jugueteaban, sonreían junto a ellos, tal vez era amor, o tal vez no.

                Draco se separó de ese beso pecaminoso, lleno de infortunios y malos presagios. Había estado a punto de sobrepasar su objetivo. Ella continuó con los ojos cerrados, dejando que lagrimas fueran nuevamente derramadas.

                -¿Qué quieres hacer conmigo? ¡Qué diablos quieres de mí! -preguntó Hermione con una voz entrecortada con suspiros de por medio.

                -Lo mismo que quieres tú de mí: jugar Granger, jugar -respondió Draco, de la misma forma.

                De improviso, Hermione sintió como algo filudo, frío, se situaba sobre su mejilla. Lentamente miró hacia un lado y se encontró con una navaja brillante, plateada y con una serpiente entrelazada en el mango. Lanzó un grito de espasmo.

                -¿¡Vas a matarme, vas a matarme!?

                -¡Silencio! –pidió Draco, logrando que Hermione se callara de inmediato.

                Deslizó suavemente la navaja por la mejilla de Hermione hasta llegar a sus labios, donde apretó con un poco más de fuerza.

                -¿Vas a matarme? -preguntó ella de nuevo, buscando la pérdida mirada gris de Draco.

                -No… eso no -respondió él, en tono monótono.

                Hermione se estremeció. De pronto Draco le propició un pequeño corte en el labio inferior. Sin entender, en cuanto la fría hoja atravesó sus labios, Hermione sintió como una extraña sensación que le producía cierta electricidad, una exquisita emoción que la envolvió por completo, sintió como si volara, volara sin destino y sin prisa alguna, regalándole libertad y locura. Abrió los ojos y Draco le miraba pensativo, serio y con una mueca serena. Hermione percibió como la sangre se salía de la herida. No comprendía nada… nada. Quiso secarse la sangre pasando su lengua, pero Draco la interrumpió.

                -¡¡No!! Eso lo hago yo -acercó nuevamente sus labios y con un pequeño roce, sacó la sangre -sabrosa… para ser sucia.

                Hermione, desconcertada, se tocó la herida, para controlar la sangre que seguramente seguiría, pero no se encontró nada, solo la suavidad habitual. Se quedó con el dedo en su labio, mirando como Draco se paraba de encima de ella y comenzaba a acomodar su camisa. Ella se puso de pie, acomodando su blusa,  dispuesta a comenzar con el castigo de Snape con movimientos torpes y lentos.

                -¿Aún me odias? -preguntó Draco poniendo una mano sobre el hombro de Hermione.

                Ella no respondió. No se sentía completamente segura ni para decir: “No sé”. Algo le apretó la garganta, impidiéndole hablar.

                -Te pido que te decidas pronto, no le seguiré mintiendo a tu noviecito -dijo murmuró él, dándole la espalda nuevamente y quitando la mano de su hombro.

                -¿Te ha preguntado algo? -formuló ella, con una voz trémula.

                -¿Qué crees tú? Cómo se nota que ese idiota ya te perdió la confianza… –contestó Draco.

                -Gracias por tu comentario tan alentador –respondió ella en tono irónico.

                -Bien. Creo que no hay nada más que decir, adiós -dijo Malfoy, dándose vuelta, rumbo a la puerta.

                -¡Espera! -gritó Hermione. Deseaba detenerlo, dejarlo junto a ella un instante más.

                -¿Qué?-preguntó él, en tono amargado.

                -Hay que terminar con el castigo -dijo Hermione lanzando un bufido mudo recriminándose a sí misma: <<¿Qué ibas a decir idiota?>>

                -Eh… lo olvidaba -respondió Draco, agarrando una esponja y comenzando a lavar en silencio caldero por caldero.

                Ninguno de los dos pronunció palabra alguna durante el castigo, aunque sus miradas se chocaron en algunos momentos. No había nada que decir. Les fue difícil apagar ese fuego, esa llama que había estado a punto de consumirlos nuevamente.

                Hermione se sentía turbada y repugnante. Lo había hecho de nuevo, infiel una vez más. ¡¡¡Pero quién la comprendería!!! Nadie entendería que cada vez que veía esos ojos grises, acompañados de un pelo rubio platinado, se sentía feliz, se sentía libre, deseada con pasión, dejando de lado la cordura y los principios… la moral.

                Su boca estaba seca. Había un jarro de agua en el escritorio de Snape. Hermione vació un poco de su contenido en uno de los vasos y bebió con desesperación, pero la sed no se iba. Bebió más, más, hasta que el jarro se quedó vacío. Draco sonrió gustoso, y la miró.

                -Ya se te pasará Granger –murmuró –eso espero –agregó, ya sin sonreír.

                -¿A qué te refieres? -preguntó Hermione, enjuagándose las manos en un caldero con agua. Ya habían terminado el castigo.

                -El efecto tendrá que durarte poco, poco.

                -¿Y si no es así qué?

                -No quieras saberlo todo tan pronto, Granger. Todo a su tiempo, todo a su tiempo  -Draco recogió sus cosas y abrió la puerta del aula para darle paso a Hermione, quien no entendía ninguno de sus misteriosos comentarios.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.