Nueva York en Escena

12 09 2009

Si lo que esperan es que haga una reseña sobre esta película, pueden levantarse de sus asientos, apagar el equipo (me refiero a la computadora, no al ‘equipo’), prender la televisión y sintonizar el futbol para consecuentemente destapar una chela bien fría.

No estoy preparado para ver una película de este calibre, entre intelectual, surreal y dramático. Si, asi como usté lo leé. Mucho menos estoy preparado para hacer una reseña. Ni siquiera se aún cual fue mi impresión real sobre esta película. No se si la amé, la detesté, la vomité, o simplemente la admiré. Si no se esta preparado, la película puede resultar tan digerible como un platillo preparado por este animal. Entiendo ahora porque algunos llaman a Charlie Kaufman un genio. El tipo lo es.

Synecdoche New York, no es una película de fácil apreciación. Resulta muy ligera. Las dos horas y cuatro minutos de duración parecieran ser seis o siete horas. Uno de mis acompañantes dijo que días. Y no lo culpo. Sin embargo, no terminas cansado o agobiado, ese tiempo jamás resulta eterno para espectador. Esa apreciación resulta mas bien de la perfección con que Kaufman transmite lo que estas viendo en pantalla. No es nada lenta, aunque pareciera serlo por momentos. En realidad es tan rápida que, al final, no sabrás que es lo que pasó en la sala.

Es de esperarse que para lo pobre que ha sido la propaganda que ha recibido esta película (y con pobre, me refiero a lo escasa que ha sido), que se vuelva de culto dentro de algunos años, muy al estilo Resevoir Dogs, The Shawshank Redemption o The Crying Game. Y como no esperarlo, si cuenta con los sellos de calidad de Charlie Kaufman en el guión y la dirección (aunque es la primer película que dirige como tal) y de Jon Brion en la música. La dirección de arte es una puta belleza. Philip Seymour Hoffman es un verdadero hijo de puta, un monstruo ante la cámara. No pudieron elegir a nadie que interpretara mejor a Caden Cotard. Hoffman nos pasa de ser espectadores a ser el mismo Cotard, realmente transmite la depresión, la impotencia, la desesperación, la genialidad de su personaje a la aundiencia. Si, el tipo cuenta con un carisma impresionante.

La historia es compleja. Kaufman refleja en Cotard, lo que en realidad pasa en su propia cabeza. Cotard es el mismo Kaufman. Es como si Kaufman hubiera montado un estudio dentro su cabeza y hubiera grabado lo que pasaba ahí, dejando que los impulsos nerviosos y organos hicieran de las suyas. Es un mundo dentro de otro mundo. No se si así funcione la cabeza de un genio, pero supongo que así deben de ser todos ellos: perfeccionistas, impulsivos, observadores del detalle, obsesivo-compulsivos. En una búsqueda interminable por presentar lo mas cotidiano de la forma mas innovadora posible. Ideas tan innovadoras y originales, que permanecen creciendo y renovandose infinitamente, a tal grado que sea porbable que jamás veamos esas obras maestras, super producciones, ideas que revolucionan. Así debe ser el mundo de los genios, o por lo menos así es el mundo del genio Charlie Kaufman.

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