8.- Pasión Hasta La Muerte

11 08 2009

Qué onda Bloguérs!!! Bueno, bueno regresamos con octavo capítulo ya del fan-fic promocionado en Le Blogué, con toda la onda Potteriana al 100%, y cabe decir que me sorprende las búsquedas registradas en nuestros archivos, pues se ponen a veces medio candentes sus keywords que todos ustedes usan para encontrar la pequeña historia. Espero lo disfruten tanto como el anterior (si es que lo leyeron claro). Debo admitir que me he atrasado un poco posteando debido al big lecture work que ya se me encargó en la facultad lectores, pero seguiré dando duro, no lo duden, hahaha. Una muy buena ventaja, es que ahora, por razones raras del destino, karma, o como quieran llamarle, veré más películas que nunca, una por tarde, si lo ponemos así, haha así que espérense buenos sarcasmos sobre buenos, malos y feos filmes. (Hablando de sarcasmos, igual que como puso el Amigo Gay, lean el review de Toño de Twilight, sólo si no tienen nada que hacer y quieren LEER DE VERDAD). Por cierto, el capítulo 9, estará muy, muy bueno, si es que saben a lo que me refiero… así que los dejo con las aventuras lujuriosas de la saga de HP, una imagen, como siempre, y riéndome con el “Mysterious Ticking Noise” de nuevo, hahaha, no se pierdan!

Draco Malfoy

-¿De qué estás hablando? -preguntó Hermione desconcertada.

                -Esto… ¡esto es imposible! -gritó Draco golpeando la mesa con fuerza.

                -Draco, ¿qué estás diciendo? ¡Puedes escucharme!

                Draco no le prestó atención. Se echó para atrás, sujetándose la cabeza, que sudaba enormemente. Estaba asustado. Permaneció mudo durante un largo momento, pensando en qué decir.

                -Hermione -dijo Draco recogiendo sus libros, hablándole con una voz seria y tenue-aléjate de Potter… no vuelvas a tocarlo… a él ni a ningún hombre… excepto a…

                -¿A ti? -preguntó Hermione incrédula y totalmente molesta.

                -Sí… excepto a mí.

                Draco cruzó la puerta de la biblioteca, con pasos lentos. Hermione no sabía en qué pensar, todas las preguntas que deseaba hacer no habían sido contestadas, ni siquiera tomadas en cuenta.

                -Maldita sea -masculló Hermione enfurecida.

                No entendía por qué la advertencia de Draco, tan extraña. Y tampoco creía que esa mirada atemorizada, impactada, era de Draco Malfoy. Todo era demasiado extraño como para encontrarle alguna explicación lógica.

                Se quedó bastante tiempo en su mesa. Por lo menos, pudo concentrarse en sus deberes y no pensar en Draco. Luego de un momento, tuvo que cambiarse la venda, estaba empapada de sangre, en un color rojo radiante. No paraba de sangrar, ni un solo un instante, parecía una maldición. Hermione miró su reloj. Ya era hora de almorzar.

 

-*-

 

Draco se sentía nervioso. Apretaba con mayor fuerza la autorización para entrar a la sección prohibida de la biblioteca, que muy fácilmente había conseguido con Snape. Temía por las consecuencias que esto podría tener. Si Hermione tocaba a Potter o al estúpido del Weasley o ¡a Potter…! Sería desastroso… y ¿digno de lamentar? ¡Diablos Draco Malfoy! ¡Qué estás pensando!

                Quiso olvidar ese abrumador acontecimiento… ¿pero cómo hacerlo? ¡¡Si al frente de su mesa veía a una chica de pelos castaños, con una mirada miel perdida y con una venda en sus labios esos que fueron rozados por los suyos, besados por los suyos… y heridos con su propia mano!! ¿Acaso no debería sentirse feliz? ¿Acaso no había descubierto la verdad? Pero a un muy alto precio.

                Finalmente llegó a las mazmorras, seguido de Crabbe y Goyle y por supuesto de Pansy Parkinson, que no lo dejaba solo ni un momento. Al entrar, se encontró de frente con una mirada verde asesina y una miel de frustración. Se sentó de mala gana.

                Hermione observaba como Draco estaba visiblemente descompuesto. Se veía más pálido de lo normal y sus ojos se veían oscuros. Tuvo que dejar de mirar, pues el profesor Snape había llegado avanzando a zancadas, moviendo su capa negra ostentosamente.

                -¡Silencio todos! ¡Y siéntense rápido! -ordenó gruñendo molesto Snape.

                Hermione hizo pareja con Harry para la pócima, y él trataba de portarse más amable, aunque su mirada seguía buscando algún indicio de que ella le había mentido. Hermione rogaba que no encontrara nada.

                La clase estaba muy avanzada cuando Snape dijo a Draco mirándolo algo acusador:

                -¿Ya devolviste el libro de la Sección Prohibida Malfoy?

                Draco lo miró petrificado, paralizado. Dejó de revolver la pócima para poder responder.

 

                -Eh… sí profesor, ya lo hice… esta mañana -contestó Draco volviéndose totalmente blanco.

                -Qué bien… pero, me pregunto para qué querría alguien como tu algún hechizo de “amor”, ¿extraño no? -dijo volviéndose hacia Hermione, fijando sus ojos negros directamente en la venda que cubría su labio inferior.

                << ¿Un hechizo? ¿De amor?>>se preguntaba Hermione. Eso era demasiado raro para ser cierto… pero en ese caso, ¡necesitaba a como diera lugar ese libro! ¡¡Necesitaba el libro que había tenido Draco también!!

                Snape se puso de pie y comenzó a pasearse por todo el salón, criticando cada detalle de las pócimas que ardían en los calderos. Lamentablemente llegó al lado de Hermione. Se acercó un momento y revisó con detenimiento. Hermione temblaba. Se acercó tanto que el olor del cabello de Snape había inundado el olfato de la chica, mientras ella respiraba agitadísima.       Acercó con cautela su boca al oído de Hermione y susurró:

                -Tenga cuidado con esa herida, señorita Granger, puede resultar peligroso.

                Hermione cerró los ojos para así poder respirar más relajada. Su cuerpo estaba empapado de sudor frío, que la hacía estremecerse aún más. Cuando Snape se retiró de su oído, soltó un breve suspiro que le removió los cabellos… en ese momento, no sintió ruidos, ni miradas, sólo la voz del profesor que le retumbaba en los oídos.

                Hermione tenía la hora libre y la ocuparía para pensar en cómo entrar a la Sección Prohibida de la biblioteca. Se despidió de Harry con un movimiento de manos y un beso a la distancia. Harry no entendía nada.

                -¿Ahora qué le pasa? -preguntó Ron mientras subían las escaleras para la sala de Adivinación-

                -No lo sé… ¡¡no entiendo nada!! -gritó enfurecido Harry.

                -¿Crees que tiene algo que ver con lo que le pasó en la boca?

                -¿Por qué lo dices? -preguntó sin aún entender Harry.

                -¿o le viste la cara que puso cuando Snape le preguntó a Draco si había devuelto el libro de la Sección Prohibida?

                -No te entiendo –dijo Harry desesperado.

                -Yo creo que Draco Malfoy fue el que le hizo esa herida –vociferó Ron con energía.

                -¡Estás loco Ron!

                -Bueno, como veo que no quieres darte cuenta… ¿por qué no entramos de una vez a la clase? -Ron se veía enojado ante la incredulidad de Harry, su mejor amigo.

                -Por ahora es lo mejor…. -contestó Harry un poco turbado.

 

-*-

 

Hermione no se sentía con ánimo ni siquiera de estudiar, así que decidió dar un paseo por el bosque. Se sentía muy débil, agotada, como si no hubiera dormido en varios días. Se miró al espejo pequeño que llevaba, tenía su rostro pálido, los ojos hinchados y rojos. Su cabeza le dolía con fuerza. Se sentó en el suelo, frente al lago para relajarse un poco. La brisa fresca del anochecer, le removía su cabello… también removía los recuerdos del pasado.

                En ese mismo lugar… en ese mismo lugar comenzó su linda historia con Harry… y también parte de la que ahora estaba escribiendo con Draco Malfoy.

                -Harry, yo te amo… te amo, ¡quiero estar contigo!

                -Pero Hermione… yo estoy con Ginny… hace unos meses… esto es…

                -¡Harry! ¡¡Ella no te ama como yo!! ¡No te conoce como yo a ti!

                -¡¡PERO NOSOTROS SOMOS AMIGOS!! No podemos pasar ese límite…

                -Bien Harry, solo dime que no te provoco nada, ni el más mínimo sentimiento… y yo sabré alejarme.

                -Pero Hermione… no se trata de eso…

                -¡¡¡¡Sólo dímelo!!!! Y te juro que nunca te voy a volver a hablar de amor ¡¡Y nunca verás que derramaré una lágrima más por ti!!

                -Hermione yo… Ginny no se merece esto.

                -Yo tampoco.

                Esas palabras sonaban como un eco en la cabeza de la chica, le retumbaban recordándole lo que había pasado. Después de esa conversación en los pies del lago, después de esas lágrimas derramadas, después de ese beso, ese primer beso, ¡¡ella lo había echado todo a perder!! ¡Su sacrificio había sido en vano!

                Miró a la casa de Hagrid. Hacía mucho que no iba a saludarlo, como en ese entonces, en que iban todos juntos a tomar una taza de té y conversar. ¡¡Qué tiempos más extrañados eran aquellos!!

                Sus lágrimas volvieron a asomarse. El dolor era demasiado fuerte como para querer ocultarlas. Se trató de secar las lágrimas con un pañuelo, pero al hacerlo este quedó totalmente manchado de Sangre. Estaba rojo, y era sin duda también parte de lo que le había hecho Draco… ¡¡¡ahora las lágrimas también!!! ¿Qué clase de hechizo era este? ¿Qué diablos le estaba pasando?

                La noche ya había llegado… y con ella el frío. Al incorporarse de nuevo, estuvo a punto de caer al suelo como un saco de papas. Se sentía mareada, con el suelo que se movía. Caminó a paso lento y turbulento hacia el castillo. Ya todos estaban dirigiéndose al gran comedor para la cena. Ella no tenía hambre, así que se fue a su habitación para pensar en cómo conseguir ese libro. La habitación que compartía con Parvati y lavender estaba vacía. Eso era bueno, muy bueno. Se puso de inmediato el pijama, que consistía en un pequeño pantoloncito y un petito, todo de color damasco, regalo de su madre para su cumpleaños. Se sentó en la cama, no sin antes cambiar de nuevo la venda de sus labios.

                -Si deseo ir a la biblioteca -comenzó a pensar en voz alta –tendría que ser de noche, pero estará Filch y la señora Norris para castigarme. Si es necesario, sacaré también el Mapa del Merodeador. Pero no debo ser vista… y eso se logra con ¡¡UNA CAPA INVISIBLE!! ¿Pero cómo la saco del baúl de Harry? Tendría que ir cuando la noche estuviera muy entrada, cuando él estuviera dormido pero, ¡estoy violando las reglas! Bueno, esto, me temo, que es de vida o muerte.

                Hermione tenía todo preparado, pero los nervios de igual forma la inundaban. Al rato llegaron sus compañeras de cuarto.

                -¿No cenaste Hermione? ¡Estaba exquisito! -le dijo Lavender acariciándose el estómago.

                -No, no fui… no tengo hambre… -respondió la chica de mala gana.

                -¡¡Estás pálida Hermione!! Debiste comer algo -comentó Parvati buscando su pijama.

                -Es cierto… no tienes buen aspecto -dijo Lavender mirándola con asco.

                -Y eso que no sabes lo que dijo Trelawney a tu novio… -comentó Parvati.

                -¡Shhh! -la calló Lavender.

                -¿Qué dijo? -preguntó Hermione, ahora interesada.

                -Nada, nada… ¡¡tú sabes cómo es de despistada esta chiquilla!! -dijo Lavender nerviosa, intentando disculpar a Parvati.

                -¿Segura Parvati? -preguntó Hermione a la chica que temblaba de los nervios.

                -¡¡¡Sí sí, sí… segurísima!!!

                -Parvati ¿qué te parece si vamos a leer “Corazón de Bruja” a la sala común? -preguntó Lavender tratando de cambiar de tema y despistar a la chica.

                -¡¡Buena idea!! -contestó la otra tomándola de la mano y llevándosela apurada a la sala común.

                -Qué extraño… -masculló Hermione enrabiada. Y decidió esperar ahí en el cuarto.

                Cuando llegaron Parvati y Lavender a la habitación de regreso, escuchó que decían que todos ya se habían ido a dormir. Ese era el momento. Se aseguró de que se durmieran, y se levantó para empezar con su “búsqueda”. Se levantó sigilosa, sin preocuparse de tomar bata alguna. Salió de la habitación con pasos lentos sin antes tomar su varita. Se encontró de frente con la puerta de los chicos. La abrió lentamente y vio como la mayoría dormía. Excepto Harry y Ron. Hermione se escondió detrás de unos baúles de Neville, que dormía junto a Ron.

                -¡Que pereza! ¿Iremos a Hogsmeade Harry? -preguntó soltando un sonoro bostezo después de hablar.

                -Supongo que sí… -respondió la voz de Harry desganada.

                -Necesitas distraerte Harry.

                -Es que no puedo dejar de pensar en lo que dijo Trelawney -Hermione respiraba agitada desde su escondite.

                -Yo tampoco, vamos, decir que Hermione “moriría por una infidelidad al verdadero amor”… es muy idiota… ¿no crees?

                Hermione estuvo a punto de gritar.

                -Bueno… pero supongo que se equivoca, como siempre.

                -¡Escucha Harry! ¡Mientras tú seas ese verdadero amor, no hay problema!

                -Sí… jajaja… -se escuchó de Harry una risa estruendosa.

                -Oye Harry… parece que hay algo en el baúl de Neville…

                -¿Qué es?

                -No lo sé, me acercaré más.

                Ron se acercó hacia donde se encontraba la chica. En un momento pasó por un poco de luz que irradiaba la luna y se pudo ver que andaba con solo un bóxer de pijama, marcando su vientre, que aún no había conseguido ni a punta de abdominales.

                Hermione se ocultó más, tomó una túnica de Neville, mientras este emitía un sonido de ronquidos.

                -¿Ya viste qué es? -preguntó la voz de Harry.

                -Déjame ver…

                Ron estiró la mano, la tenía enfrente de una chica que temblaba y se esmeraba en disimular su agitada respiración. Se acercó aún más la mano pero la voz de Harry le detuvo.

                -¡¡Mejor duérmete ya!!

                -Tienes razón, debo habérmelo imaginado…

                Hermione soltó un suspiro de alivio. Se sacó la túnica de Neville y pudo ver como Ron se acostaba muy cerca de ella, sin cubrirse el cuerpo con las sábanas. No tuvo que esperar demasiado, Ron se durmió casi enseguida. Se paró lentamente, y se acercó a la cama de Harry. Este dormía con un bóxer solamente, al igual que Ron, y la sábana le cubría solo los pies.

                Se veía claramente el buen físico de Harry. Un estómago bien marcado, unas piernas bien formadas y un… un… Harry era un gran chico. Dormía plácidamente. Le sacó la capa invisible, y el Mapa del Merodeador. Echó un último vistazo a la habitación antes de irse, y pudo ver como Ron se rascaba el estómago, con el pelo muy desordenado y como Harry se acomodaba el bóxer, parecía que le apretaba. Se puso la capa y salió de la torre de Gryffindor.

                Miraba el mapa y Filch y la señora Norris estaban muy lejos de su destino. Luego de bajar muchas escaleras, llegó a la biblioteca. Entró y pudo encontrar la Sección Prohibida gracias a la luz que traía en las manos.            

                -Alohomora -dijo para abrir el candado.

                Abrió, se sacó la capa invisible y comenzó a buscar en los empolvados libros algún título de “Hechizos de Amor”. No encontraba nada. Finalmente encontró algo que a lo mejor podía servirle. Abrió el libro y encontró lo que buscaba.

 

                “HECHIZO DE PASIÓN HASTA LA MUERTE”

 

                Este hechizo se usaba en la antigüedad, por los hombres más celosos. Esto sirve para saber si él hombre es la verdadera pasión de la mujer.

                Este hechizo está prohibido por el Ministerio de Magia, ya que resulta muy peligroso para la mujer; esto debido a que si ella besa, toca, o llega aún más lejos con su “NO VERDADERA PASIÓN”, puede provocarle la muerte.

 

                La forma en que había que hacerlo coincidía exactamente con lo que le había hecho Draco hacia un día. También coincidían los síntomas que Hermione tenía: las lágrimas de sangre y la del labio. Se sintió sorprendida, ella podría haber muerto y él no parecía haberle tomado demasiada importancia. Siguió leyendo, por si había algo más:

 

                …la mujer solo se podía “salvar” de la muerte, si su verdadera pasión, se le entregaba con entera libertad, con entero amor, con entera voluntad y deseo…

 

                Hermione se asustó aún más. El libro se cayó de sus manos, directo al suelo. Miró el Mapa del Merodeador. Alguien se acercaba apresurado a la biblioteca: “Draco Malfoy”. Hermione botó la luz también.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.

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