6.- Hiéreme

31 07 2009

Siguiendo con la histoire publicada aqui en Le Blogué, llega ya nuestro sexto capítulo del fan-fic 24 Horas. La manía de Harry Potter sigue latente en las salas de cine, y simplemente podrá seguir latente un mes más cuando mucho. Os dejo disfrutando este capítulo y alejen sus manos de las braguetas.

Granger

Hermione le respondió con una fulminante mirada, que expresaba un profundo deseo de matarlo en ese instante… sentía rencor, odio, asco por ese chico, que estaba enfrente de ella, con sus manos en su cintura y con una cara triunfante.

                Draco muy lejos de sentir asco, estaba complacido, sabía que esa chica no demoraría en estar en sus brazos nuevamente, aunque a veces se recriminaba por sentir ese “algo” por alguien como Hermione. Deseaba que ella volviera a volar tomada por su mano, deseaba que fuera él quien le enseñara el verdadero significado de “amor”, aunque su padre decía que eso era cosa de débiles.

                -¡Eres un asqueroso! ¡Un maldito e insensible asqueroso!-gritó la chica corriendo para ponerse más cerca de él mientras sacaba la varita que llevaba en el bolsillo amplio de la túnica -¡Petrificus Totalus!

                -¡Impedimenta! -respondió Draco, que fue más rápido que ella, evitando con facilidad el hechizo -¿Quieres pelear, Granger? -preguntó Draco sarcástico.

                -¡¿Qué crees tú?! ¡Deseo acabar contigo! -gritó Hermione, poniéndose en posición de duelo.

                -Como quieras… ¡¡Expelliarmus!! -gritó Draco y muy rápidamente la varita de Hermione se encontraba en sus manos -debes moderar tu ímpetu, Granger.

                La chica no le dijo nada, en cambio se abalanzó sobre él con las manos hechas puños y con lágrimas de odio que salían de sus hinchados ojos. Se sentía estremecida, loca, por Draco Malfoy, el chico que la hizo volar muy lejos, muy alto, pero por el que ahora ella estaba pagando las consecuencias. Perder a Harry, a Harry Potter…

                Las varitas de ambos llegaron muy lejos, fuera del alcance de ambos. Hermione golpeaba el duro vientre de Draco, pero este no se afligía, para nada, al contrario, cada vez que Hermione lo golpeaba, soltaba una estruendosa carcajada.

                -Así no podrás conmigo Granger –dijo él evitando un golpe que se dirigía a su rostro.

                -¡No sabes cómo te odio Draco Malfoy! ¡Te odio!

                Draco, con un ágil movimiento, la cambió de posición, siendo él quien estaba sobre ella. La chica gritó despavorida. Sentir el cuerpo de Draco pegado al suyo, (aunque fuera con ropa), no era para menos. Su pelvis le apretaba y a la vez emitía un éxtasis delicioso… pero peligroso de probar.

                Draco la miraba con unos ojos grises extrañamente desquiciados, libidinosos y llenos de pasión, que hacía que de alguna forma, lograba, que se vieran más oscuros, sin perder el tono gris cautivador.

                La despojó rápidamente de sus ropas, sacando la capa, el chaleco y la blusa, quedando enfrente de él, el desnudo pecho de Hermione, acompañado solo con una pequeña prenda interior. Hermione sintió que una gota de sudor caía por su escote desnudo, y como su corazón adquiría un veloz palpitar, su mente estaba nublada, paralizada ante el miedo y la ira. Observó con detenimiento los movimientos bruscos de Draco. Él también se despojó de su capa y camisa, mostrando un cuerpo sudado y totalmente conocido para ella. Se acercó lentamente, sus fríos labios hacia los tibios de la chica, rozándolos en un suave contacto. Posó su nariz sobre la de Hermione y a paso seguido cerró los ojos.

                -¿Qué intentas hacer? -preguntó Hermione en un tenue susurro, casi inaudible.

                -Un beso, sólo un beso, ese fue mi objetivo desde un principio. -respondió Draco, y la besó.

                Fue un beso lleno de luz y cautivación. Rápidamente se sintieron sumergidos en un mar furioso, en plena tormenta. Hermione respiraba agitada, al igual que draco. Sentir la pelvis del chico apretándola, la hacía volar en un éxtasis, de manera  deliciosa, maliciosa y duradera.

                Draco sumergió una de sus manos en el pelo de la chica, mientras que con la otra se deslizaba por el suave y delicado muslo de Hermione, levantándole la faldita. Ella jugaba con su cinturón, sin atreverse a desabrochar nada, el temor le había invadido las manos, pero no así sus labios. Su mente la había abandonado al igual que en aquellas veinticuatro horas donde probablemente no habría hecho otra cosa más que estorbar.

                Draco Malfoy, ese chico petulante y agresivo, con cara de asco la mayoría de las veces, ahora disfrutaba aquella sensación, con una leve sonrisa en su rostro. Sus mejillas ya no eran pálidas, sino ruborizadas ante el cambio de temperatura que había sufrido. La tomó firmemente por las caderas, adhiriéndola a su cuerpo sudado aún más.

                Hermione lanzó un bufido y él también. Sus almas jugueteaban, sonreían junto a ellos, tal vez era amor, o tal vez no.

                Draco se separó de ese beso pecaminoso, lleno de infortunios y malos presagios. Había estado a punto de sobrepasar su objetivo. Ella continuó con los ojos cerrados, dejando que lagrimas fueran nuevamente derramadas.

                -¿Qué quieres hacer conmigo? ¡Qué diablos quieres de mí! -preguntó Hermione con una voz entrecortada con suspiros de por medio.

                -Lo mismo que quieres tú de mí: jugar Granger, jugar -respondió Draco, de la misma forma.

                De improviso, Hermione sintió como algo filudo, frío, se situaba sobre su mejilla. Lentamente miró hacia un lado y se encontró con una navaja brillante, plateada y con una serpiente entrelazada en el mango. Lanzó un grito de espasmo.

                -¿¡Vas a matarme, vas a matarme!?

                -¡Silencio! –pidió Draco, logrando que Hermione se callara de inmediato.

                Deslizó suavemente la navaja por la mejilla de Hermione hasta llegar a sus labios, donde apretó con un poco más de fuerza.

                -¿Vas a matarme? -preguntó ella de nuevo, buscando la pérdida mirada gris de Draco.

                -No… eso no -respondió él, en tono monótono.

                Hermione se estremeció. De pronto Draco le propició un pequeño corte en el labio inferior. Sin entender, en cuanto la fría hoja atravesó sus labios, Hermione sintió como una extraña sensación que le producía cierta electricidad, una exquisita emoción que la envolvió por completo, sintió como si volara, volara sin destino y sin prisa alguna, regalándole libertad y locura. Abrió los ojos y Draco le miraba pensativo, serio y con una mueca serena. Hermione percibió como la sangre se salía de la herida. No comprendía nada… nada. Quiso secarse la sangre pasando su lengua, pero Draco la interrumpió.

                -¡¡No!! Eso lo hago yo -acercó nuevamente sus labios y con un pequeño roce, sacó la sangre -sabrosa… para ser sucia.

                Hermione, desconcertada, se tocó la herida, para controlar la sangre que seguramente seguiría, pero no se encontró nada, solo la suavidad habitual. Se quedó con el dedo en su labio, mirando como Draco se paraba de encima de ella y comenzaba a acomodar su camisa. Ella se puso de pie, acomodando su blusa,  dispuesta a comenzar con el castigo de Snape con movimientos torpes y lentos.

                -¿Aún me odias? -preguntó Draco poniendo una mano sobre el hombro de Hermione.

                Ella no respondió. No se sentía completamente segura ni para decir: “No sé”. Algo le apretó la garganta, impidiéndole hablar.

                -Te pido que te decidas pronto, no le seguiré mintiendo a tu noviecito -dijo murmuró él, dándole la espalda nuevamente y quitando la mano de su hombro.

                -¿Te ha preguntado algo? -formuló ella, con una voz trémula.

                -¿Qué crees tú? Cómo se nota que ese idiota ya te perdió la confianza… –contestó Draco.

                -Gracias por tu comentario tan alentador –respondió ella en tono irónico.

                -Bien. Creo que no hay nada más que decir, adiós -dijo Malfoy, dándose vuelta, rumbo a la puerta.

                -¡Espera! -gritó Hermione. Deseaba detenerlo, dejarlo junto a ella un instante más.

                -¿Qué?-preguntó él, en tono amargado.

                -Hay que terminar con el castigo -dijo Hermione lanzando un bufido mudo recriminándose a sí misma: <<¿Qué ibas a decir idiota?>>

                -Eh… lo olvidaba -respondió Draco, agarrando una esponja y comenzando a lavar en silencio caldero por caldero.

                Ninguno de los dos pronunció palabra alguna durante el castigo, aunque sus miradas se chocaron en algunos momentos. No había nada que decir. Les fue difícil apagar ese fuego, esa llama que había estado a punto de consumirlos nuevamente.

                Hermione se sentía turbada y repugnante. Lo había hecho de nuevo, infiel una vez más. ¡¡¡Pero quién la comprendería!!! Nadie entendería que cada vez que veía esos ojos grises, acompañados de un pelo rubio platinado, se sentía feliz, se sentía libre, deseada con pasión, dejando de lado la cordura y los principios… la moral.

                Su boca estaba seca. Había un jarro de agua en el escritorio de Snape. Hermione vació un poco de su contenido en uno de los vasos y bebió con desesperación, pero la sed no se iba. Bebió más, más, hasta que el jarro se quedó vacío. Draco sonrió gustoso, y la miró.

                -Ya se te pasará Granger –murmuró –eso espero –agregó, ya sin sonreír.

                -¿A qué te refieres? -preguntó Hermione, enjuagándose las manos en un caldero con agua. Ya habían terminado el castigo.

                -El efecto tendrá que durarte poco, poco.

                -¿Y si no es así qué?

                -No quieras saberlo todo tan pronto, Granger. Todo a su tiempo, todo a su tiempo  -Draco recogió sus cosas y abrió la puerta del aula para darle paso a Hermione, quien no entendía ninguno de sus misteriosos comentarios.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.

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