4.- ¿Serías Capaz?

26 07 2009

Bien Bloguérs, he aquí el cuarto episodio del dramático fan-fic que está posteando Le Blogué, sobre el famoso maguito Harry Potter. El drama simplemente crece y crece. Cabe mencionar que Harry Potter & The Half-Blood Prince ha tendio muy buenas críticas, y prácticamente acaparado las taquillas de todo el mundo. No imagino que sucederá cuando llegue la siguiente parte jaja. Los dejo como siempre con una imagen, y con el pequeño capítulo. DIsfrútenlo y no se pierdan!

Harry and Hermione

Hermione siguió sonriendo durante un largo momento, con los pensamientos perdidos, con la mente totalmente en blanco. Fue como si pararan el tiempo, para ella, solo para ella. Llegó a tirarse en la cama de espaldas, con los brazos abiertos y los ojos cerrados, sosteniendo con fuerza el papel que acababa de leer. Su respiración se volvió lenta, pero no así menos sonora, producía un sonido fuerte y pausado.

                -¿Qué te pasa querida Hermione? -preguntó una voz que hizo sobresaltar a la chica, permitiéndole soltar un grito despavorido –cálmate, soy yo niña, Ginevra Weasley.

                -¡Ah! ¡Estaba durmiendo! ¿Qué quieres? -preguntó arreglándose el pelo -no creo que quieras darme una visita cordial ¿verdad?

                -¿Durmiendo? Jajaja, sí cómo no, ¿qué tienes en la mano? ¿Lo puedo ver? –dijo Ginny  acercándose sigilosamente, de manera peligrosa hacia la cama, estirando la mano.

                -Es mío… y por lo tanto, no lo puedes ver. -respondió Hermione, mordaz, observando con detenimiento por primera vez a la chica colorina que llevaba unos jeans azules y una blusa rosa con un escote insinuador. Su cabello lo llevaba despeinado, no por eso menos bella, y con una mano sujetada a sus caderas.

                -Vamos, quiero verlo ¿es de tu amante? -dijo Ginny esbozando una sonrisa.

                -¡Estás totalmente desquiciada! ¡No tengo ningún amante!

                -¿Segura? -preguntó la pelirroja, arqueando las cejas aún con la mano estirada.

                -¡Por supuesto! El hecho de que me haya quedado con Malfoy veinticuatro horas, no significa que me haya acostado con él… ¡NO!, NO, olvida que dije eso, fue algo estúpido -dijo enseguida Hermione, recapacitando y sujetándose la cabeza a la vez que se mordía los labios.

                -¡WOW! Nadie ha mencionado eso, lo dijiste solita. ¡Revelaciones con Hermione Granger! ¿Te acostaste con Malfoy?

                -¡Cómo se te ocurre estúpida niña! –reclamó Hermione, dándole un empujón a la chica.

                -¡Vamos, cálmate! Espera a que se entere mi Harry, nadie me conoce cuando me enojo.

                -No seguiré perdiendo el tiempo contigo niña –zanjó Hermione, dándole un último empujón y dispuesta a marcharse.

                -¿Un Malfoy le pregunta a una sangre sucia si se resfrió? ¡Vaya, eso no se ve todos los días! –dijo Ginny de repente, mientras se reía con ganas.

                -¡Devuélvemelo ya! -gritó Hermione, dándose vuelta y apuntándola con la varita. Su mano parecía segura, pero temblaba. Los nervios querían apoderarse de ella y salir corriendo, pero tuvo que quedarse contra su pavor, contra su inseguridad, contra su voluntad.

                -OK, toma, pero no te salvarás de que mi Harry se entere -dijo Ginny, ofreciéndole el pedazo pergamino.

                -Haz lo que quieras Ginevra, no te tengo miedo. –Hermione, tomó el pergamino y se lo arrancó de los dedos con brutalidad.

                -Ya no soy la niña chica de antes Hermione.-vociferó Ginny, antes de que Hermione se perdiera de vista.

                -Ya me había dado cuenta, lástima que sea así.-finalizó Hermione, alejándose a la sala común.

 

-*-

 

                -Pero, ¿le crees todo lo que te dijo? -preguntó Ron, caminando con Harry por el campo de quidditch. Habían decidido ir a darse una vuelta después de la cena, para calmarse un poco.

                -Eso creo, eso creo -respondió Harry soltando un leve suspiro, mientras observaba con embelesamiento el paisaje que se podía ver desde la cancha de quidditch.

                -¿Cómo es eso de que crees? -preguntó Ron, mirándolo incrédulo, y arqueando las cejas.

                -Sí, creo… y no me mires así. -pidió Harry alejándose de su amigo que lo observaba con detenimiento.

                -¡Deberías asegurarte de que no te miente! -gritó Ron tratando de acercarse a su amigo, entre las gradas, sin mostrar interés en su conversación con él.

                -¿Y a quién quieres que le pregunte? -respondió Harry sin ánimos.

                -A quién más… ¡a Malfoy! -dijo Ron, alcanzándolo y poniéndose enfrente de Harry, obligándolo a detenerse.

                -¡Estás loco Ron!

                -¿Por qué lo dices? –preguntó éste, cruzando los brazos, esforzándose en no perder el equilibrio.

                -¿Cómo que por qué? ¡A ese idiota no se le debe creer ni lo que reza!

                -Bueno, pero nada se pierde con intentar -opinó Ron arqueando las cejas de nuevo.

                -No me convences -dijo mirando al suelo Harry, que sentía que su corazón palpitaba con mayor fuerza y gotas de sudor se resbalaban por su espalda.

                -¿A qué le temes Harry? ¿A lo que te pueda decir ese idiota? ¿A que Hermione te haya mentido?

                -¡POR SUPUESTO QUE NO! ¡CONFIÓ CIEGAMENTE EN HERMIONE! –se apresuró a decir Harry, con voz potente, y empezando a caminar de nuevo.

                -¡Entonces ve a hablar con Malfoy! ¡NO PIERDES NADA! Así podrías confirmar que Hermione te dice la verdad.

                -¡Está bien Ron lo hare! Pero solo para que te convenzas de que Hermione es sincera conmigo –terminó Harry, tomando el camino de vuelta al castillo.

                -El que debe convencerse eres tu Harry -murmuró Ron entre dientes, siguiendo a su amigo en silencio por detrás.

 

-*-

 

Hermione corría, corría veloz sin tener un lugar preciso en donde llegar. No se había dado cuenta, pero mientras corría las lágrimas habían aparecido por su rostro y respiraba agitada. Hasta que su corazón no pudo más, paró de correr, sentándose en el suelo, y amarrándose las rodillas con los brazos. La humedad de su llanto había empapado su pelo, su ropa… sentía un profundo dolor, rabia consigo misma, por estar haciendo sufrir al chico que ella amaba, por el que había luchado tanto y que seguía amando con verdadera pasión.

                -¡¿Qué diablos te estoy haciendo Harry?!  ¡Se supone que no se debe hacer sufrir al que se ama! Ah… qué diablos te estoy haciendo… qué diablos me estoy haciendo a mí misma. ¡Por qué! ¡Malditas veinticuatro horas! -Hermione dijo todo esto en voz alta, entre llantos desesperados, que retumbaban en la sala de trofeos, a la que había llegado sin darse cuenta -¡Maldito Draco Malfoy! Tú tienes la culpa, ¡te odio! Y me odio a mí también…

                -¿Por qué me odias Granger? ¿Me puedes decir que te hecho yo que no me hayas hecho tu también a mí? –la voz de Malfoy llegó de la entrada de la habitación. Hermione alzó la mirada, incapaz de controlar la rabia que sentía por ese muchacho rubio y por todo lo que estaba causando.

                -¡COMO PUEDES DECIR ESO IDIOTA! -gritó Hermione poniéndose de pie. No sabía que hacía Malfoy en esa sala, pero no le importaba. Sabía que de seguro él la había estado siguiendo.

                -¡Te recuerdo que esto lo hicimos juntos! ¡Con tu consentimiento y con el mío! -afirmó Draco acercándose sigiloso hacia la chica que empezó a temblar en cuanto él llegó a donde estaba ella.

                -¡NOOOO! Yo solo… lo hice, yo solo quería molestarte -explicó ella, llena de rabia tirándose de los cabellos.

                -¿Ah? -preguntó Draco obligándola a levantar la vista con la mano en forma brusca -¿Qué quieres decir con que “lo hice solo para molestarte”?

                -¡No pensé que esto llegara tan lejos!

                -¡Eres asquerosa Granger! ¿Eres capaz de entregarte a cualquiera solo para molestar?

Qué mal vas a terminar, bueno, que más se puede pedir de una sangre sucia…

                -¡Puedes dejar de insultarme maldito asqueroso! Déjame de una vez en paz -esta vez  Hermione gritó tan fuerte que sus brazos se volvieron lánguidos y pesados, por lo que cayeron de improviso en los de Draco, mientras ella continuaba llorando. Draco pudo sentir en su camisa las lágrimas de aquella chica, que lo conmovieron de una forma especial, casi loca. Su corazón no le permitió soltarla, al contrario, lo obligo a acobijarla.

                Mientras oía sus sollozos, su respiración se volvió tan agitada como la de ella, respiraban al mismo ritmo y esta vez no pudo responder con ironías, solo salieron de sus labios rosados y húmedos, palabras en un tono suave, que abundaba en exageración, por lo menos para él.

                -Si quieres que no te insulte, inténtalo tú también. Haz el esfuerzo -dijo en un leve susurro que se cobijó en los oídos de la chica.

                -Es algo difícil… imposible -contestó ella de la misma forma, pero besándole la oreja, al mismo tiempo en que ambos temblaban por la electricidad que les propinó aquella caricia.

                -Si sigues con esas lágrimas, de verdad te vas a resfriar -Draco la sujetó en sus brazos tiernamente y le acarició esos cabellos que algún día atrás había querido arrancar uno por uno.

Sentía el sufrimiento de ella, lo sentía parte de él… al fin y al cabo, él también contribuyó a que esa pesadilla que lo había perturbado durante tanto tiempo, se volvieran un sueño en aquellas malditas y amadas veinticuatro horas.

                -¿Aún lo amas? -preguntó de repente, incluso sorprendiéndose y besándole la cabeza, con una delicadeza totalmente extraña en sí mismo.

                -Eh… a estas alturas… ya no sé nada… -respondió Hermione, revolviéndole el cabello.

                -Entonces, ya no lo amas –afirmó Draco.

                -Ya te dije que no sé Draco… no sé… qué pensar.

                -Tarde o temprano deberás decir la verdad -dijo Draco separándose de ella, y mirándola algo severo. De alguna forma, deseaba escuchar que ella lo dejaría, pero no sabía si sería capaz de atenerse a las consecuencias.

                -Lo sé… lo sé.

                -No tengas miedo Granger, demuestra que eres una Gryffindor.

                -¡NO TENGO MIEDO, NO TENO MIEDO! -replicó Hermione golpeándole con los puños cerrados el pecho.

                -¡Entonces di la verdad! -le pidió Draco, esta vez sujetándole con fuerza los hombros, pegando su cuerpo al suyo.

                Hermione lo miró profundamente. Se sorprendió, pues Draco la miraba conmovido, el pelo desarmado, por sus propias manos. Su capa negra se veía hermosa, y la insignia de Slytherin brillaba exageradamente. Los ojos grises de Draco, estaban más claros que de costumbre, como si hubiera querido llorar pero de igual forma se veía petulante y agresivo… Hermione dudaba si algún día esa expresión cambiaría.

                -No, no se lo diré -dijo finalmente la chica esquivando su penetrante mirada. – Lo amo Draco. Lo pienso, y de verdad… lo amo.

                -Como quieras… entonces se lo diré yo… -se apresuró a decir Malfoy, soltándola de repente, y dándole la espalda.

                -¿Serías capaz? -preguntó Hermione, en un susurro, acercándose a Draco con el alma perdida y temblando. Se sentía nerviosa y adivinaba que de un momento a otro se podría desmayar. Finalmente llegó hasta la silueta oscura que se dejaba ver en la sala de trofeos y le tocó la espalda con una mano, temiendo por la respuesta que se acercaba. Draco sin embargo, se demoró en contestar.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.

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