3.- ¿Te Resfriaste?

21 07 2009

Bueno Bloguérs, Ryder ha regresado de su tal vez merecido descanso, la verdad ni idea… pero este pequeño viaje a la Villa Rica me ha dado bastantes temas de los qué escribir, aprovechando que uno sale un poco de la rutina citadina (no, Heich???) y espero compartir la mayoría de ellos con ustedes. Veo que las entradas no han estado muy activas, salvo las siempre interesantes del Amigo Gay. Así que después de camarones, costa, selva, carretera, simplicidades, pescado, excursiones, camarones, playa, hotel, caminatas, y… camarones, Ryder les traeya el 3er capítulo del fan-fic “24 Horas”, que la verdad, se pone más dramático, y pues claro, Harry Potter está ahorita en su momento, el filme tiene 97% en Rotten, por cierto… y ha superado records en taquilla, y espero que realmente esté tan bueno como dicen, aunque claro, no deja de ser hitazo de verano, que ya se acaba en lo que respecta al cine. Así que los dejo con el drama, el drama y ah… sí, más drama.

Gryffindor table

Hermione sintió que una gota de sudor frío caía por su espalda, lo que logró que ella cerrara los ojos… y con eso, unas lágrimas se escaparon, deslizándose por sus mejillas de manera diáfana y casi instantánea. Cuando por fin reunió las fuerzas suficientes para hablar, dijo:

                -Harry, yo… te amo, como nunca he amado a nadie -al terminar la frase, abrió los ojos, y para su sorpresa, Harry ya estaba dirigiéndose a la pieza de los chicos.

                -Hermione, no sabes como quisiera creerte. -diciendo esto, se fue, dejando a la chica acongojada, odiando con todas sus fuerzas al rubio chico de Slytherin ojos grises. Sin pensar más, se subió a su dormitorio a tratar de dormir lo que quedaba de la noche.

 

-*-

 

                -¡Harry! ¡Hay wafles con manjar para desayunar! Apresúrate -dijo Ron, a la mañana siguiente, pegándole con una almohada en la cabeza a Harry.

                -No iré a desayunar -dijo Harry, buscando las gafas en su mesita de noche y sentándose en su cama.

                -¿Qué te dijo? –preguntó Ron con una cara preocupada, arqueando las cejas sin tomar en cuenta la respuesta de su amigo.

                -Nada. –respondió Harry, a secas.

                -¿Nada?

                -Sí, nada.

                -Pero… ¿por qué?

                -Yo no la dejé hablar -explicó Harry sacándose la parte de arriba del pijama y aceptando la camisa que Ron le traía desde que lo despertó.

                -Eso está mal, debes ir y pedirle una explicación. Te la mereces, ¿no?

                -Lo sé, pero será después.-dijo Harry, poniéndose de pie los pantalones, -si lo hacía en ese momento, se me podría haber olvidado que era mujer, y… tú sabes.

                -Comprendo.

                -Gracias.

 

-*-

 

                -¡Lavender! ¿Dónde dejaste mi lápiz labial? -gritaba a viva voz Parvati Patil, en el dormitorio de las chicas.

                -Lo estoy usando, aquí en el baño -respondió otra voz, la de Lavender.

                -¿No te dije que me lo devolvieras ayer? Nunca más te presto el sabor a sandía…

                Con todos estos gritos, el resto de las mujeres de la habitación se despertaron, enojadas. Hermione sentía su cuerpo pesado, y sin ganas, se fue a bañar arrastrando la ropa que se pondría, sin saludar a nadie. Al entrar al baño, se encontró con una chica pelirroja que le dirigió una mirada furiosa.

                -¡Vaya! Hasta que apareció… ¿puedo saber que estuviste haciendo estas últimas veinticuatro horas? –preguntó Ginny Weasley, con una voz irónica que desde que había empezado su noviazgo con Harry, guardaba sólo para Hermione.

                -Eso no te importa. –respondió Hermione.

                -Eso deja que lo decida yo.

                -¿Estás lista? Prefiero bañarme sin tu presencia. -dijo Hermione, tomando una toalla.

                -Sí sigues así, lograrás que Harry se arrepienta de haberme dejado por ti.

                Hermione no le respondió nada, sólo la fulminó con sus ojos miel, lo que intimidó a Ginny, chica de tan solo 16 años. Ginny cerró la puerta de golpe al salir.

                -Tengo que hablar con Draco Malfoy. -se dijo Hermione a sí misma, con disgusto.

 

                Salió ya vestida del baño para encontrar a Parvati y Lavender que corrían de un lado a otro.

                -¡Devuélvemelo!-gritaba Parvati a voz en cuello.

                -¡Jura que me lo prestarás de nuevo! -respondió lavender poniéndose detrás de un baúl.

                -Está bien lo juro, ahora ¡dámelo!

                -Paren de gritar, ¡ya! -pidió enfurecida Hermione, logrando que las chicas se detuvieran y la miraran sorprendidas.

                -Hermione… ¿cuándo llegaste? -preguntó Parvati con curiosidad.

                -Hace tiempo. -respondió algo avergonzada la chica.

                -¿Tuviste tiempo de encontrar las cosas que les pidió el profesor Snape? -preguntó Lavender, devolviendo el lápiz labial y mirándola pícaramente.

                -Eh… ¿qué hay de desayuno? -preguntó Hermione, cambiando de tema.

 

-*-

 

Ya en el Gran Comedor, nadie pronunció palabra. Se dedicaron a comer y a comer para tener sus bocas llenas. Finalmente, Ron irrumpió con unas palabras:

                -¿Qué nos toca? -poniendo cara inocente.

                -Historia de la Magia, con Hufflepuff. -respondió Hermione en tono lento.

                -Ajá… ¿y luego?

                -Transformaciones con Ravenclaw y después, otra hora de Transformaciones con… Slytherin -pronunciando esa última palabra cuidadosamente. Los tres abrieron los ojos. Harry se puso de pie y se encaminó a la puerta del Gran Comedor. Hermione se echó para atrás.

                -Lo siento… -dijo Ron.

                -No es tu culpa. –respondió Hermione, fijándose en la mesa de Slytherin. Draco la estaba mirando y al ver que Harry se había marchado repentinamente botando su plato al suelo, esbozó una sonrisa, que Hermione respondió con una cara imparcial, neutral y de enojo.

 

-*-

 

Las horas siguientes, pasaron desapercibidas para el trío, que con ansias esperó la última clase, que aparte de que era su favorita por la casa con la que la compartían, deseaban saber que pasaría, principalmente Hermione.

                -Buenas tardes, alumnos. Tomen asiento y saquen sus libros por favor -pidió la profesora McGonagall, un tanto seria.

                Hermione se sentó en las primeras filas, mientras que Ron y Harry prefirieron el fondo. Faltaban solo que entrara un trío más: Crabbe, Goyle y Malfoy.

                -¡Qué pasa con estos jovencitos! Si creen que por que ya van en séptimo, les permitiré esta clase de conductas  de retraso, están… –la profesora fue interrumpida por el sonido de la puerta, y los tres chicos de Slytherin que llegaban sonriendo.

-Perdón profesora por el atraso -comenzó a decir Draco, -se extravió mi reloj…

                Hermione ocultó su cabeza con las manos, de golpe, combatiendo contra las tremendas ganas que tenía de pararse y apuntarlo con la varita, y hacerles tantos hechizos como le fuera posible para que ni siquiera recordara quién era.

                Luego desechó la idea. La ira y la rabia, solo la habían llevado a cometer locuras, de las cuales se estaba arrepintiendo ya.

                Lo que sintió Harry en ese momento,  fue algo parecido. Ron no entendía nada, ese comentario había sido sólo fue para molestar a dos personas.

                -Bien comenzaremos con… -empezó la profesora.

                Hermione estaba tan distraída, que no se dio cuenta de que Malfoy se había sentado justo a su lado, y que detrás estaban sus dos gorilas, riendo desconcertados. Ellos sin duda tampoco entendían por qué Malfoy prefería sentarse con la sangre sucia.

                -¿Te castigaron? -preguntó Draco en un susurro.

                -Cállate. –le espetó Hermione.

                -Es en serio… quiero saber.

                -Cállate.

                -Como quieras pero… ¿te resfriaste?

                -¡Silencio, señor Malfoy! ¡Señorita Granger, contrólese! –bramó la profesora.

                Eso era lo único que faltaba. Ahora Harry no iba a querer ni siquiera hablar con ella. Malfoy pidió perdón en tono sarcástico y luego miró a Hermione, a quien le dirigió una mirada lujuriosa, parecida a la que le había echado en esas veinticuatro horas. Ella esquivó esos profundos ojos grises, contra su voluntad. Al acabar la clase, todos salieron entre murmullos. Cuando Hermione cruzaba la puerta, Harry la abordó.

                -Es hora de que hablemos. -pidió Harry, tomándola de la mano y dirigiéndola a la sala de trofeos sin dejar que la chica respondiera.

                -Harry, tengo que explicarte que…

                -Dime todo lo que sucedió en esas malditas veinticuatro horas en que estuviste totalmente ausente. –se volteó Harry hacia ella, cuando llegaron a la sala.

                -Nada. –respondió ella tajante.

                -¿Nada? ¿Me estás diciendo que no pasó nada?

                -sí.

                -¡Hermione, por favor! –estalló Harry -llegas totalmente mojada, llorando, con tu ropa rota, ¿y me dices que no pasó nada? Por favor, no me trates como un idiota, no nací ayer.

                -Bueno… sólo… peleamos mucho, de hecho, peleamos todo el maldito recorrido. Luego me caí, me lastimé una rodilla, y nos perdimos. Comenzó a llover y no, no pudimos regresar esa noche, al otro día me lanzó al lago y… eso es todo.

                -¿Eso es todo? -preguntó Harry sorprendido ante la naturalidad con la que hablaba Hermione.

                -Sí. Eso es todo.

                -¿Y las lágrimas?

                -¿Pretendes que llegue sonriendo con todas las maldades y porquerías que me hizo ese idiota?

                -Me las va a pagar. Ya lo verá. Iré hoy mismo a hablar con él.

                -¡NO! -gritó enfática Hermione, sosteniendo de los hombros a Harry que la miraba extrañado.

                -Pero… no puede quedarse así, después de todo lo que te hizo. –respondió él,  sacándole un mechón castaño que caía por sus mejillas.

                -No, no quiero que te metas en problemas Harry, tú sabes cómo es Malfoy -replicó ella, tomándolo de la cintura.

                -Como quieras.

                -Harry… –empezó ella.

                -¿Me amas? -preguntó él mirándola sinceramente.

                -Ya te lo dije anoche. Te amo como nunca he amado a nadie.

                -No me queda otra opción… supongo que debo creerte.

                -Eso parece.

                Y en ese momento, Harry  acercó sus labios rosados y cálidos a los de la chica, que empezó a temblar y a rogar para sus adentros, que Harry no recordara el reloj en su bolsillo trasero. Se rozaron tímidos, como cuando se habían dado el primer beso. Fue lento y pausado para poder atarse con sus propios brazos. Ella terminó con sus brazos cubriéndole el cuello y él atrapando las caderas de la chica.

                Los lentes terminaron en el suelo, y ellos hincados en el suelo, explorando de una forma tierna su piel, que se erizaba al sentir ese contacto que los volvía locos. Hermione acariciaba entre la camisa, el cuerpo de Harry, y él hacía lo mismo con ella. Pero justo en ese momento…

                -¿No te han enseñado a devolver las cosas Granger? No pensé que la educación de los sangre sucia fuera tan inferior. -dijo una voz irónica, arrastrando las palabras.

                -¿Qué pasa aquí? -preguntó Harry, abrochándose la camisa, y poniéndose de pie, ayudando a levantarse a Hermione.

                -Mi reloj… -pidió tajantemente Malfoy, al parecer encantado de haberlos sorprendido en el acto.

                -Toma. -Hermione buscó en su mochila y se lo ofreció extendiéndole la mano, sin mirarlo a los ojos.

                -Gracias señorita. -Draco tomó su mano tan firme que la obligó a que lo mirara.

                -No es nada -respondió Hermione, nerviosa pero a la vez furiosa.

                -Mil gracias. –finalmente, Draco le besó la mano mirándola fijamente, mientras que al recibir el reloj le dejaba un papel entre las manos, que ella se apresuró a ocultar en su pesada mochila.

                -¡Suéltala idiota!-gritó Harry por fin reaccionando.

                -No te preocupes, Potter, ya me voy. –dijo Draco, alejándose.

                -No sabes cómo odio a ese estúpido.-refutó Harry mirando por donde se había ido Draco.

                -Sí, yo… yo también, no sabes cuánto -respondió Hermione soltando un suspiro- mejor vamos a cenar… Ron, nos debe estar esperando.

                -De acuerdo.

                La  pareja caminó en silencio, agarrada de la mano hasta que llegaron al Gran Comedor. Se sentaron dándole la espalda al resto de las mesas, entre ellas Slytherin, y Ron los miraba sorprendidos mientras llenaba su boca con jugo de calabaza.

                -¿No vas a comer?-preguntó Harry a Hermione, al ver que ella no probaba bocado.

                -No tengo hambre.

                -Pero, si tú querías venir al Comedor.

                -Lo sé, pero… perdí el apetito. Mejor iré a la sala común. Necesito un poco de paz.

                -De acuerdo –murmuró Harry. Ambos se despidieron con un beso, mientras Ron miraba a Hermione con los ojos como platos. Luego ella se marchó dejando a los dos chicos acabando su cena.

 

-*-

 

Hermione llegó corriendo al dormitorio, y se sentó en su cama para leer el mensaje que le había dado Draco. Se sentía extrañamente nerviosa, cuando no debería estarlo. Finalmente abrió el pedazo de pergamino que con letra imprenta y dorada decía, o más bien preguntaba: “¿Te resfriaste?”

Hermione simplemente sonrió.

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