2.- 24 Horas

14 07 2009

BRITAIN HARRY POTTER

-No te preocupes, nadie notará nuestra ausencia. -dijo Draco destapándose de las sabanas blancas.

-¿Por qué piensas eso? –preguntó Hermione, mientras buscaba su ropa con desesperación y apuro debajo de la cama.

                -Por que hoy es sábado, ya todos deben estar en Hogsmeade, incluso tu novio debe andar comprando esas bombas fétidas… parece que no crece, en séptimo y haciendo esas estupideces.

                -No sé en que estaba pensando anoche, no sabes cómo me arrepiento. -refutó la chica poniéndose su pantalón ultrajado negro y buscando su camisa por entre las sabanas de la cama, con desesperación.
                -Qué lástima… anoche no decías lo mismo. Pero eso te pasa por no saber besar.
                Ahí estaba de nuevo: el dedo en la llaga. Hermione parecía lanzar fuego por sus ojos pero se contuvo ante la idea de volver a intentar algo para molestar. Con la experiencia de la noche anterior no volvería hacer algo así jamás.
                -Te voy a pedir un favor –le dijo ella -no me vuelvas a hablar a menos que sea algo estrictamente necesario, ¿de acuerdo? No estoy de ánimo para tus petulancias, ni ahora ni nunca más, ¿oíste?
                -Cómo quieras. Se debe sentir mal ser… infiel ¿me equivoco?
                Draco Malfoy no recibió nada como respuesta. Con una sola mirada de la chica comprendió que esta vez había llegado demasiado lejos. Como su orgullo no le permitía disculparse, en forma de arrepentimiento, comenzó a vestirse en silencio.

                Eran ya como las 4:00 de la tarde cuando habían salido de la casona, y dejado todo ordenado. Después de caminar un poco bajo un presionante sol caluroso, Malfoy susurró:
                -¿Tienes hambre?
                -Sí… mucha, ¿alguna idea? –preguntó ella con una leve sonrisa.
                -Conozco un lugar, donde hay unos frutos comestibles.
                -Has pasado mucho tiempo en este bosque, lo conoces todo… -se apresuró a decir Hermione  temerosa.
                -Sí, creo conocerlo todo, todo -dijo él soltando un suspiro, y poniéndose algo triste.

                Caminaron un poco. Draco estaba hundido en sus recuerdos y Hermione en Harry. No concebía la idea de que hubiera engañado a su novio y menos con Malfoy. Ella había luchado contra sus inseguridades y obtenido su amor después de varios problemas con Cho (hacia un año) y con Ginny Weasley. Era algo tan crudamente real que ya no estaba completamente segura de si seguía amando a Harry Potter.
                – Bien Granger, ¿cuántas quieres? -preguntó Draco en un tono que prescindía de amabilidad.
                -¿Te refieres a las manzanas? -preguntó ella, con mirada misteriosa.
                -¿A qué más? -respondió él con una sexy sonrisa.
                -Bueno… quiero  cinco.
                -¿Cinco? Qué golosa. No me sorprendería si ya tienes en tu lista el pecado de la gula.
                Después de reír un momento, volvió la seriedad al lugar acompañada de malas caras y entrecejos fruncidos. No se fijaron en el tiempo que pasó. Dejaron de comer manzanas rojas y jugosas cuando comenzó a anochecer.
                -Debemos irnos. -opinó Hermione poniéndose de pie con dificultad por su pierna aún adolorida.
                -¿Por qué? -preguntó Draco, tomando de los hombros a la chica para que no cayera y mirándola severamente y profundamente, introduciendo esa pasión desbocada que sentía hasta lo más hondo del alma de la chica.
                -¿Y por qué no? -preguntó ella tragando saliva.
                -Es mejor que te montes en mi espalda. No quiero que nos retrasemos por una de tus caídas estúpidas -dijo él hincándose, esperando a que la chica se subiera.
                -Me parece buena idea. –respondió ella –pero, ¿podrías agacharte un poco más?
                -Si serás especial… bueno.
                Siguieron caminando, más bien, siguió caminando por un sendero lleno de piedras y muchas ramas, por lo que nuevamente el tiempo no estaba a su favor.
                -Ya son las 10:40, no sé que voy a inventar. –temió Hermione, pensando en Harry.
                -Ah, por suerte yo no tengo que rendirle cuentas a nadie.
                -Si sigues así, te volverás un viejo amargado.
                -O el soltero más codiciado del mundo y sin problemas de impotencia –respondió Draco, con toda la arrogancia posible.
                -Eres realmente un asqueroso ególatra -dijo Hermione, jalándole con fuerza el cabello.
                – ¡¡¡Auch!! ¡Cuidado estúpida! Aunque, puede que tengas razón, pero eso me hace ser aún más encantador.
                -¡¡¡Eso es lo crees tú!!!
                -Pregúntale a las chicas de Hogwarts.
                -Con tu reputación nadie te tomará en cuenta, jamás.
                -¿Y quién dijo que yo si las tomo en serio? -preguntó él, volteando el rostro.
                -Tú no tienes remedio.
                -Tú tampoco.
                -¿Por qué lo dices?
                -Ya lo comprenderás.
                -¡¡¡¡¡¡Dímelo!!!!! –exigió ella.
                -¡¡¡¡No!!!!
                -¡¡¡¡Sí!!!!
                -¿¡Por qué abres tu bocota sangre sucia!?
                -¡Porque por eso la tengo!
                -¡Prefiero que la uses para otra cosa!
                -¡No te atrevas! -gritó atemorizada Hermione.

                Sin darse cuenta, habían llegado a los pies del lago y Draco había volteado inclinándose, dispuesto a lanzarla.
                -¡No lo hagas!
                -Sólo tienes que decir: “Por favor hermoso Draco Malfoy de la poderosa casa de Slytherin” y no te mojas.
                -¡Ni lo sueñes!
                -Bien, tú te lo buscaste –y dicho y hecho, Malfoy la lanzó al lago, haciendo un tremendo ruido que ahogó el grito de Hermione.
                -¿Cómo está el agua? –preguntó Draco, atacado de risa. -Vamos nada, se te va acabar el aire, ¿dónde estás Granger? -comenzó a decir algo preocupado, al notar que Hermione no se veía. – ¿Sangre sucia? No me digas que no sabes nadar. ¿Sabes, no es cierto? Ah… ¡ya voy a ayudarte! -Draco se sacó la camisa y se lanzó donde se veían unas manos agitándose con desesperación y solo la cabeza de la asfixiada chica de Gryffindor.
                El agua estaba muy oscura, lo que dificultaba la vista para encontrarla. Finalmente la vio flotando como un papel, con los ojos cerrados y su pelo enmarañado castaño que le daban un toque especial, como el de una sirena. Dejando de observarla, la tomó en sus brazos y la subió hasta la superficie. La llevó hasta suelo firme donde le propició los primeros auxilios. En realidad eso iba hacer cuando de repente Hermione comenzó a lanzar agua por la boca tratando de abrir los ojos.
                -¿Estás bien? -preguntó él, decepcionado -¿Cómo estás?
                -Estoy… bien… -respondió ella mientras intentaba respirar.
                -¿Segura? ¿Te llevo a enfermería?
                -Sí segura…  ¡¡¡¡¡¡Por qué lo hiciste!!!! –reclamó, sentándose y volviendo en sí.
                -Era una broma, sólo una broma, jajaja, -se mofó sentándose a su lado.
                -¡Pues por tu estúpida broma casi muero! ¡No puedo nadar con una pierna rota! Además tengo frío.
                -Toma mi camisa, está seca.
                Draco se sacó la camisa blanca ajustada y se la puso a la chica en los hombros -Esto te ayudará a no resfriarte.
                -Gracias, señor Malfoy -dijo mirando de reojo  el cuerpo del chico.
                -No fue nada.
                -Ni se te ocurra volver hacer algo así. –amenazó ella, empujando a Draco de espaldas y montándose encima de él, cubriéndolo con su pelo y mirándolo con unos ojos iluminados y extremadamente claros.
                -Uh, qué miedo, no me asustas sabelotodo.
                -Pues deberías asustarte -dijo ella, acercando sus labios húmedos por el agua y morados por el frío a los rozados y tibios del chico de pelo platinado y ojos grises.
                -No te sigas acercando, o sino…
                -¿O sino qué?
                -…o si no, no respondo.
                -¿A qué te refieres?
                – A esto.
                Empujó a la chica hacia su cuerpo, apretándola contra su cintura. La obligó a acercarse y la besó, tiernamente, lentamente, haciéndola olvidar el frío y envolviéndola en una llama lujuriosa que no daba paso a las dudas o a las lamentaciones. Esta vez, no llegaron tan lejos. De un inesperado salto, Hermione se separó de él, lo miró enojada y se quedó recostada a su lado mirando las estrellas mientras acomodaba su camisa.

                Draco, con el ánimo aún arriba, atinó a lo mismo, solo que escuchando las lágrimas provenientes de la chica. Hermione le lanzó la camisa al pecho desnudo, y con un poco de conflictos se puso de pie encaminándose al castillo. Draco la siguió detrás, cuidándola a distancia, de que no cayera.
                Cuando llegaron al vestíbulo, debían tomar caminos diferentes hacia sus respectivas salas comunes, y Hermione ya había subido algunos escalones dirigidos a su casa, cuando volteó para tratar de decir algo, pero Draco, adivinando, intervino:
                -No hay problema. No lo diré a nadie. -finalmente, él se marchó, con la cabeza en alto, como un gran Slytherin.
                No recibió respuesta de la chica, que cojeando, subió con la mente en blanco hasta encontrarse con la Dama Gorda, que vigilaba el retrato para entrar a la torre de Gryffindor.
                -¿Contraseña? -preguntó la mujer, soltando un bostezo.
                -Raíces de tentácula.
                -Entra chiquilla, y busca una toalla.
                Entró desanimada en la sala común, y al alzar la vista se derrumbó, encontrándose para su mala suerte a un chico de pelo negro azabache, ojos verde esmeralda, con anteojos caminando en círculo alrededor de un sillón. Ron miró a Hermione antes que el propio Harry.
                -Los dejo solos -dijo Ron, alejándose a dormir, con una cara apenada y lanzándole una mirada nerviosa a la chica -Que duerman bien. -con esto último, se fue, subiendo a la torre del dormitorio de los chicos.

                Hermione miró a Harry.

                -Harry… –empezó.
                -Quiero que empieces por explicarme que hace un reloj de hombre en el bolsillo trasero de tu pantalón -objetó enojado, sacándose los lentes, y sentándose en el sillón con los brazos cruzados y arrugando el entrecejo.
                -Amor, yo… -iba a continuar cuando el sonido del reloj irrumpió en la sala, anunciando que ya eran las 12:00 a.m. exactamente, haciéndola estremecer.

FUENTE: http://www.fanfiction.net/s/1056487/1/24_HORAS

AUTOR(A): MAPACHE

POSTED BY: Charles Ryder, on Le Blogué.

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